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martes, 6 de diciembre de 2011

TRICAMS O PATAS DE CABRA

Tricams anodizados con cinta de dyneema
Las patas de cabra, ¡qué invento! A muchos no les gustan las patas de cabra, les parecen 'cachivaches inútiles'; pero a otros (entre los que me incluyo), les parecen dispositivos tan fiables como un friend, más polivalentes y ligeros. A primera vista, y comparándolos con los friends de la era espacial que están apareciendo últimamente, pueden parecer artilugios arcaicos, difíciles de manipular, que sólo van a añadir peso. Al contrario, es un tipo de protección muy versátil, y más ligero que un friend de tamaño equivalente.
Las patas de cabra son piezas metálicas unidas a un anillo cosido de cinta, como los excéntricos y algunos fisureros de tallas grandes, pero a diferencia de los empotradores pasivos, pueden trabajar como un fisurero o como un friend dependiendo de cómo se coloque. Esto se debe a su diseño, que se basa en dos raíles curvos paralelos en una cara del empotrador, y un pico en la cara opuesta, como un pivote, con la cinta cosida alrededor de un eje transversal en la base de la pieza. Al cargar la cinta en la dirección de la caída, ésta rota sobre su eje, la pieza pivota sobre el pico, y se produce el efecto leva con los raíles. Si cogemos una pata de cabra en las manos, entenderemos el funcionamiento.
Tricam trabajando en fisura abierta hacia abajo
Tricam trabajando en fisura horizontal















Las patas de cabra tienen dos posiciones de trabajo, como empotrador pasivo o como leva; en la primera, la pieza se alinea con la cinta, como un fisurero de cable, y se empotra sin más. En la segunda, la cinta pasa entre los dos raíles, apoyando éstos en un lado de la fisura y el pico en el lado opuesto. El pico puede apoyarse en pequeños agujeros o rugosidades dentro de la fisura, para darle un poco más de estabilidad. Para terminar, como con otros tipos de protección, hay que darle un tirón al tricam en la dirección estimada de la caída, para asentarlo en la fisura, y ponerle una cinta larga para transmitir menos vibraciones al seguro y evitar moverlo.
Tricam en fisura vertical
Los tricams se pueden colocar en fisuras paralelas como los friends, en fisuras que se estrechan hacia abajo (en cuello de botella) como los fisureros, e incluso en fisuras que se abren ligeramente hacia abajo. Pero su ventaja principal es que trabajan mejor que los friends en fisuras horizontales: en caso de caída, es una cinta en vez de un cable lo que va a apoyar en el borde de la fisura. En esta situación, los raíles deben colocarse en la pared inferior de la fisura, para aumentar la estabilidad del emplazamiento. Se podría poner al revés, con el pico hacia abajo, para que la cinta quede más alejada del borde. Si la fisura tiene los bordes afilados, es mejor colocarlo así, pero hay que tener cuidado porque la pieza será más inestable. También son muy útiles en agujeros, donde no entra ningún otro seguro. En rocas blandas (tipo arenisca), el pico se clava literalmente en la roca, aumentando la estabilidad del emplazamiento; pero atención, habrá que poner la pieza lo más adentro posible en la fisura.
Tricam del 0'5, demasiado pequeño para esta fisura. Es bastante estable si lo cargamos hacia abajo, pero un tirón lateral lo sacará de su emplazamiento. Habrá que asentarlo bien con un tirón fuerte, y ponerle una cinta larga para evitar que los movimientos de la cuerda lo saquen de su sitio.
Misma fisura, tricam más grande trabajando como fisurero pasivo. Hay más superficie de contacto, así que es más estable, aunque un tirón hacia afuera aún podría arrancarlo. Mejor colocarlo más al fondo de la fisura.
Sólida reuión con un tricam del 4 (izq) y un friend del 2 (der)
Una pata de cabra es más ligera, más estable, más versátil y más barata que un friend de tamaño equivalente, pero es algo más complicada de colocar. Por eso, conviene practicar su colocación en bloques a nivel del suelo. También debido a esta relativa dificultad de colocación, podemos reservarlas para las reuniones, y dejar los friends (más rápidos y fáciles de colocar) para proteger los largos. Además, al ser más ligeras podemos ahorrar algo de peso con ellas si hacemos vías que requieran mucho material, o tenemos que repetir alguna talla de friend.
Las patas de cabra están disponibles en 11 tamaños, desde el 0'5 hasta el 8. Las tallas más pequeñas (del 0'5 al 2) están anodizadas y llevan cinta de dyneema (las mías llevan todas cinta de poliamida y no están anodizadas), y son más estables que las grandes. Y como dije más arriba, son mucho más baratas que los friends. Personalmente, creo que es más recomendable para los principiantes empezar con lo básico antes de probar los friends. Yo empecé con un juego de fisureros, 3 excéntricos, 2 friends (uno de ellos de vástago rígido) y una pata de cabra, y su funcionamiento me fascinó tanto, que tuve que completar el juego con 6 tallas más, antes incluso de tener un juego completo de friends.
Colocando una pata de cabra
Según mi propia experiencia, en caliza suelen trabajar mejor que los friends, en todo tipo de fisuras verticales, diagonales u horizontales, como empotrador o con efecto leva, así que uso un juego de tricams (0'5, 1, 1'5, 2'5, 4, 5 y 6) y completo la protección con un buen juego de fisureros y 3 ó 4 friends. En granito no he notado mucha diferencia, y como llevo 8 ó 10 friends, las prefiero para las reuniones, dejando los friends para los pasos duros. Aun así, llevo 3 ó 4 patas de cabra para complementar, y el mismo juego de fisureros. También depende del tipo de vía, para fisuras anchas siempre llevo los 3 tricams más grandes, y para fisuras finas o escalada artificial los dejo en casa, porque el tricam más pequeño tiene un perfil demasiado ancho para fisuras ciegas o poco profundas. Los he usado mucho, sobre todo en granito, y últimamente también en cuarcita y caliza. Independientemente del tipo de roca, es un dispositivo que me da mucha confianza, en algunas ocasiones más que un friend; su versatilidad y ligereza hacen que siempre las lleve en el arnés... Para alpinismo no suelo llevarlas, aunque el otro día descubrí que funcionan bastante mejor que un friend en roca mojada (o al menos eso me pareció...). Ya lo probaré este invierno...
Tricam del 0'5 en fisura poco profunda.
Quizá fuera mejor colocar un fisurero...
Como con otros seguros, es aconsejable aprender su uso en el suelo, y practicar mucho en bloques y en fisuras verticales en artificial: si nos vamos a colgar del seguro que estamos colocando, pondremos más cuidado para que aguante...


Para saber más:
-Material para roca y hielo. C. Soles. Ed. Desnivel
-Anclajes de escalada. J. Long. Ed. Desnivel

miércoles, 1 de junio de 2011

EMPOTRADORES MECÁNICOS

Friend
La aparición de los primeros dispositivos de expansión de levas a finales de los años 70 supuso una revolución en la escalada, porque así se podían proteger fisuras paralelas de forma segura y fiable. Hasta entonces, se usaban tacos de madera, clavos en v y bongs, nudos empotrados (éstos se siguen usando en algunos lugares), tuercas o diferentes piezas metálicas, si es que entraba algo. Normalmente, nos referimos a ellos como friends, ya que los primeros (diseñados por Ray Jardine y fabricados por Wild Country) se llamaban así. Es como el pan bimbo o los kleenex, que son marcas comerciales pero se usan como nombres genéricos para el pan de molde y los pañuelos de papel (o los empotradores de levas en nuestro caso). Con el tiempo, fueron apareciendo nuevos modelos de otras marcas, introduciendo ligeras modificaciones en el diseño original (vástagos flexibles, ejes dobles, tiradores ergonómicos...), lo que hizo que evolucionasen hasta los modelos actuales. El eje, que puede ser uno o dos, transmite la fuerza de la caída desde el vástago a las levas. Los friends de doble eje (Camalot de Black Diamond y Dragon de DMM) tienen un rango de expansión más amplio que los de eje simple, pero pesan algo más. El doble eje también hace que, teóricamente, se puedan utilizar como empotradores pasivos; las levas no tienen esas pestañas en la parte superior porque el eje funciona como tope. Pero aun así, esa colocación sigue sin gustarme, sea el eje simple o doble. Por otra parte, el doble eje permite que la pieza se pueda colocar en fisuras abiertas hacia adentro mejor que los de un sólo eje; una alternativa al doble eje son los friends asimétricos: las dos levas de la derecha son medio número más grandes que las de la izquierda. Así, la pieza trabaja mejor que los convencionales en este tipo de fisuras abiertas, y se pueden usar en fisuras paralelas. Estos friends son bastante específicos, y a no ser que escalemos siempre en zonas de granito con fisuras abiertas o ciegas (tipo La Pedriza), con un juego normal de friends nos las apañaremos.
El vástago puede ser rígido o de cable, y se une al centro del eje por su parte superior. Los vástagos rígidos van muy bien en fisuras anchas verticales, pero en fisuras estrechas el vástago rígido suele ser más ancho que la fisura, y no entra. Los friends de vástago rígido no se pueden (o no se deben) colocar en fisuras horizontales o diagonales donde una caída impacte perpendicularmente al vástago, porque se puede romper o doblar el vástago, o al menos la pieza se saldrá de su emplazamiento. Los friends de vástago flexible son más polivalentes, ya que los podremos colocar en fisuras horizontales o diagonales, sin los inconvenientes de los vástagos rígidos, y trabajan igual de bien en fisuras verticales, pero se manipulan peor debido a la flexibilidad del cable. Existen friends de doble vástago flexible, con cable en forma de U que se une a los extremos del eje, en vez de en el centro. Este tipo de vástago hace la pieza más estable en general, trabajan mejor que los otros en fisuras horizontales, pero no en fisuras verticales porque el doble cable lo hace demasiado rígido. 
La mejor forma de comprender lo siguiente es tener un friend en las manos y manipularlo: El diseño básico de cualquier empotrador de levas es el mismo, aunque hay ligeras diferencias entre marcas. Los friends consisten en una serie de levas (que pueden ser tres o cuatro), que se expanden mediante unos muelles, y giran sobre un eje horizontal (pueden ser dos ejes), y este eje se une en su parte central con un vástago vertical, que puede ser rígido o de cable. Las levas llevan unos finos cables de acero para unirlas al tirador que las contrae. Aunque su diseño y fabricación son bastante complejos, su uso es muy simple: se apoya el pulgar en el extremo inferior del vástago, y se tracciona del tirador con índice y corazón, como al usar una jeringuilla. Al accionar el tirador se contraen las levas, lo que permite introducir el friend en la fisura. Al soltar el tirador, los muelles expanden las levas contra las paredes de la fisura, y la pieza queda lista en su emplazamiento. O al menos debería ser así; ahora lo veremos con más detalle.
Los muelles están dentro de las levas
Las levas son las piezas que contactan con la roca, y tienen una forma ligeramente semicircular. Este diseño, que técnicamente se llama espiral logarítmica, consigue que el ángulo entre el eje y el punto de contacto con la roca de cada una de las levas sea siempre constante (unos 14°, según marcas), independientemente de su grado de expansión. Los muelles que expanden las levas están situados entre ellas, lo que hace que en tamaños pequeños la pieza sea demasiado ancha para las fisuras; los Aliens de CCH llevan los muelles en una ranura dentro de cada leva, así la cabeza es más estrecha que la del tamaño equivalente de cualquier otra marca. Actualmente, la mayoría de las levas llevan un tope en la parte superior para evitar que se volteen (sin estas pestañas, las levas podrían girar hacia arriba, como un paraguas volteado por el viento). Estos topes, en teoría también permiten usar el friend como un fisurero pasivo, con las levas totalmente expandidas. Personalmente, es una posibilidad de colocación de los friends que no me gusta nada en absoluto: la pieza no está realmente encajada en la roca, y se saldrá del emplazamiento a la mínima. Si un friend tiene que trabajar totalmente expandido, es que es demasiado pequeño para esa fisura, y lo mejor será poner uno de tamaño más grande o un empotrador, que trabajarán mejor.
Tamaños equivalentes, el gris es más estrecho porque lleva los muelles integrados en las levas. Esto permite colocarlo en fisuras ciegas y poco profundas
Normalmente, los friends llevan un anillo de cinta cosida para poder chaparlos, y cada marca suele tener un código de color que coincide con el código de color de sus fisureros. Algunos modelos, sobre todo los más pequeños, tienen la cinta en doble para chapar más corto o más largo. Si la ponemos en simple, en teoría no necesitaremos chaparle una exprés, pero una cinta larga nunca viene mal para reducir las vibraciones de la cuerda, y que el friend no ‘camine’ hacia el interior de la fisura.

Friend asimétrico
Las levas azules giran sobre el eje izquierdo, las grises sobre el derecho











Casi todos los friends de tamaños pequeños y medianos tienen pesos similares. Con las piezas más grandes será cuando empecemos a notar las diferencias de peso entre las marcas. En cualquier caso y en tamaños equivalentes, los de doble eje, los de vástago rígido y los de cable en U pesan más. De todas formas, el peso no es algo determinante a la hora de elegir los friends, y deberíamos fijarnos en aspectos como el funcionamiento del mecanismo, la dureza con que se accionan las levas, o la flexibilidad del cable.
Generalmente, se utilizan más los friends en granito, arenisca o cuarcita por sus fisuras rectilíneas, paralelas y uniformes. En caliza o conglomerado las fisuras son irregulares, y los friends se usan menos; nos protegeremos mejor con fisureros y patas de cabra. De todas formas, un juego básico de friends debería tener entre cinco y ocho piezas, e incluir los números 1, 1’5, 2, 2’5 y 3.
Para saber más:

-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel.
-Anclajes de escalada. John Long. Ed. Desnivel.
De izquierda a derecha, friend de vástago rígido, vástago flexible, cable en U y microfriend flexible

BARATAS IMITACIONES CHINAS

Ver para creer... Los chinos no saben qué hacer para ganar dinero. Por lo visto, no hace mucho que se han descubierto en el mercado falsificaciones de varios productos del fabricante francés Petzl: el mosquetón HMS Attache (Referencia M35SL), los bloqueadores Croll (Referencia B16) y Ascension azul (Derecho, referencia B17R), y la polea Rescue (P50). A pesar de que su aspecto visual es exactamente igual al de los productos originales, estas falsificaciones no cumplen las exigencias de  las normas CE y UIAA, ni las exigencias internas de Petzl en cuanto a su calidad y seguridad,  y tienen una resistencia muy inferior a la de los productos Petzl, con lo que resultan muy peligrosas, pues no se puede identificar a simple vista si se trata del producto original o de una imitación. Las imitaciones tienen grandes deficiencias en cuanto a su resistencia y calidad (por ejemplo, la resistencia mínima en el eje longitudinal del mosquetón Attache es de 20 kN, mientras que la imitación sólo llega a 13 kN), y se ha copiado hasta el más mínimo detalle de cada producto: el diseño, color y marcado del producto, el número de serie, la ficha técnica, el embalaje con caja de cartón marrón y todo el marcaje externo del embalaje.
No es la primera vez que se encuentran estas historias, a lo largo de los años se han descubierto copias de otros productos Petzl: algunos modelos de frontales Tikka y Myo, o equipo de protección para trabajos verticales; pero sí es la primera vez que las imitaciones tienen un aspecto idéntico al de los productos originales.
En caso de utilización de estas imitaciones, el peligro de rotura bajo cargas bajas es importante (¡y real!). Sólo el análisis realizado por un experto, analizando las tolerancias de las herramientas que fabrican estas imitaciones, puede diferenciarlas de los productos originales.
¿Qué podemos hacer para que los chinos no nos engañen como a un chino? Acudir a un distribuidor Petzl oficial, consultándolo en:
Petzl está haciendo esfuerzos para detener la producción e introducción en el mercado de estas imitaciones baratas (aunque seguramente, no tengan precisamente un precio barato...), y declina toda responsabilidad en caso de daños sufridos por el uso de estas falsificaciones.
Seguramente, esta situación sea extensible a otros productos de otras marcas, así que ya sabéis, mucho cuidado al comprar el material en sitios que no sean de confianza, porque podemos llevarnos un buen susto o incluso no contarlo por ahorrarnos cuatro duros...

lunes, 24 de enero de 2011

EMPOTRADORES PASIVOS

Protofisurero
Durante toda la historia del alpinismo, la protección más habitual en roca han sido los clavos; también se utilizaban otros ‘apaños’: piedras, tacos de madera, nudos empotrados, tuercas y otro tipo de inventos con piezas metálicas. A principios de los 70 del siglo XX, se empezaron a fabricar los primeros empotradores pasivos (fisureros y excéntricos), y algunos años más tarde aparecieron los primeros friends rígidos. Desde entonces, han sustituido casi totalmente a los clavos para la protección normal en terreno de aventura por varias razones: los fisureros y friends son más fáciles y rápidos de colocar, sólo con una mano, y no deterioran la roca como los clavos (Al pitonar y despitonar, el clavo va agrandando la fisura; si la vía se repite mucho, en poco tiempo las fisuras estarán reventadas). Así, se ha desarrollado la escalada ‘limpia’ (sin usar maza, clavos ni chapas), el tipo de escalada más respetuosa con la roca.
Hay varios tipos de empotradores pasivos: fisureros, microfisureros, excéntricos y tricams o patas de cabra. Los fisureros son los más simples y los de uso más sencillo. Consisten en una pieza metálica en forma de cuña (normalmente de aluminio o acero, pero también pueden ser de bronce, cobre o latón), que se encaja o empotra (de ahí su nombre) en las fisuras de la roca (de ahí su otro nombre). Esta pieza está unida a un cable de acero o anillo de cinta o cordino que sirve para mosquetonearlo a la cuerda. El cable transmite más movimientos de la cuerda al empotrador (habrá que poner una cinta exprés larga), pero al ser rígido podemos colocarlo algo más lejos; con cordino o cinta, no hace falta poner una exprés tan larga, pero al ser flexible no alcanzaremos tanto.
Empotradores de cable, cinta y cordino
La cuña puede ser de caras rectas (tipo bicoin) o curvas (tipo stopper). Los de tipo bicoin apenas se fabrican ya, excepto para microfisureros, porque las caras curvas proporcionan más estabilidad y más superficie de contacto entre la roca y el empotrador. Además, pueden ser cóncavos o convexos, o tener tallados, agujeros o rebajes para adaptarse a fisuras irregulares. Actualmente, lo normal es que a las cabezas de aluminio se les aplique el anodizado, un tratamiento anticorrosión que también nos da el código de color para diferenciar los tamaños, aunque se va perdiendo con el uso y el roce contra la roca. Existen fisureros asimétricos (offset), que se estrechan hacia abajo (como todos los fisureros) y hacia un lateral. Esto hace que funcionen mejor que los fisureros convencionales en fisuras abiertas hacia afuera y en agujeros de clavos.
Empotradores asimétricos u offset
El uso de los empotradores es muy intuitivo, se trata de encajar la pieza por sus caras más anchas en una fisura que se estreche (no sirven en fisuras paralelas), intentando que la forma y el tamaño de la fisura y del empotrador coincidan, y que el fisurero sea ligeramente más grande que la fisura (para que realmente se empotre) y lo colocaremos de tal forma que el tirón que reciba en una caída lo asiente más en la fisura. Para esto, el cable debe apuntar en la dirección del posible tirón. Además, si la fisura se estrecha hacia abajo formando un cuello de botella (en forma de V), el emplazamiento será óptimo. Si en lugar de colocar las caras más anchas en contacto con la roca, lo ponemos de lado, la pieza perderá estabilidad (En breve hablaré de la colocación de empotradores).
Un juego de 10 piezas ofrece un rango de tamaños entre 8 y 35 mm. Para fisuras paralelas o más anchas de 3 cm, hay que usar otros tipos de anclajes. Para fisuras más estrechas, o metemos un clavo, o si no queremos romper la fisura tendremos que poner un microfisurero. Éstos dan un rango de tamaños entre 2 y 8 ó 9 mm, son piezas realmente MUY pequeñas. Los encontraremos fabricados en aluminio o acero (adecuados para rocas duras), o en bronce o latón para adaptarse a la forma de la roca, y son más adecuados para rocas blandas. Al ser piezas tan pequeñas, no tienen una resistencia muy elevada, y cuando fallan, suele romperse el cable o la roca alrededor del emplazamiento. Deben usarse sólo como último recurso cuando no podamos meter algo más fiable, o para progresar en artificial; si los usamos en escalada libre, deberíamos añadirles una cinta disipadora de impacto (tiene unas costuras que se rompen en caso de caída, disipando parte de la energía, para que los seguros precarios no sean arrancados de la pared).
Fisurero #2 y micros de latón y acero
Aunque todos los fisureros funcionan bien en cualquier tipo de roca, deberíamos tener en cuenta dónde escalamos habitualmente: las fisuras del granito o la arenisca suelen ser rectilíneas, con las caras lisas y bastante regulares. Aquí nos irá bien un juego de fisureros curvos sin tallados ni agujeros (como los Rocks de Wild Country o los Stoppers de Black Diamond). Las fisuras de la caliza suelen ser más irregulares, con bordes que se retuercen. Aquí, los fisureros que funcionan mejor son los curvos con algún tipo de tallado, acanaladura o rebaje (como los Wallnuts de DMM), para aprovechar mejor las irregularidades de la roca. Éstos son más polivalentes, ya que funcionan igual que los curvos sin rebajes en fisuras rectilíneas, pero son algo más caros.
Los excéntricos cubren un rango de fisuras más grande que los fisureros, entre 3 y 9 ó 10 cm, y por su forma tienen 3 posibilidades de colocación, además de un efecto de rotación contra la roca en caso de caída. De todas formas, tampoco sirven para proteger fisuras paralelas. Al ser más grandes que los fisureros, suelen llevar anillos de cinta o cordino en lugar de cable de acero, y como los fisureros, están fabricados en aluminio, en algunos modelos anodizado, o en acero. Actualmente se utilizan muy poco, con los dispositivos mecánicos de levas (friends) existentes, pero son más ligeros, así que pueden ser interesantes si necesitamos llevar mucho material a la pared.
Por último, los tricams o patas de cabra son piezas de aluminio con dos raíles curvos paralelos en un lado, por donde pasa una cinta cosida, y un pico en el lado opuesto que se apoya en la roca, pueden funcionar como empotradores pasivos en una posición, y utilizar el efecto de leva de los raíles paralelos en la otra posición. Para mucha gente, no son más que cacharros inútiles o artilugios arcaicos, pero tienen sus usos específicos (y sus usuarios habituales. Yo mismo empecé con ellos, y aún los utilizo). Funcionan igual de bien que un fisurero en un cuello de botella, y tan bien como un friend en una fisura paralela o incluso abierta hacia abajo, y sobre todo son insuperables en agujeros de caliza y en fisuras horizontales, donde habría que poner dos fisureros en oposición, o un friend de cable con mucha precaución. Además, no caminan hacia el interior de la fisura como los friends. Cada una de las piezas da un rango igual que el de un friend de tamaño equivalente, pero mucho más ligero, barato y sencillo. El inconveniente es que si hay que cambiar las cintas, tendremos que enviárselos al fabricante.
Tricams o patas de cabra
Imprescindible si usamos empotradores pasivos, es el sacafisureros. Hay gente que lleva varillas de alambre o destornilladores, pero con un sacafisureros no nos desesperaremos al sacar una pieza ‘recalcitrante’. Algunos llevan una llave de métrica 8 ó 10 para apretar chapas sospechosas, otros llevan un pequeño mosquetón de alambre en el cuerpo del sacafisureros, otros tienen dos pequeñas patillas paralelas para sacar friends que no alcancemos con los dedos, y hay un modelo de Trango USA que lleva una pequeña navaja incorporada en el cuerpo, para cortar cintas y cordinos viejos.

Sacafisureros
Para saber más:
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel
-Anclajes de escalada. John Long. Ed. Desnivel

lunes, 11 de octubre de 2010

CASCOS

En un deporte como el alpinismo, lo normal es que caigan cosas de arriba. Y esas cosas no son precisamente blandas: piedras, trozos de hielo, material del compañero que va por delante, o de otras cordadas... También es normal caerse, y no sobre césped mullido, ni al agua, y es posible que en nuestra caída nos golpeemos en la cabeza contra la roca. ¿Parecen pocas razones, o de poco peso para usar el casco? Pues debe ser, porque hay muchísima gente que sigue poniendo excusas para no usarlo: que si me da mucho calor, que si es incómodo, que si pesa mucho, que si me despeina... Es increíble que aún se anteponga la comodidad o la estética a la seguridad... 
Todos con casco en todos los terrenos
Actualmente hay tres tipos de cascos, los de tipo robusto con carcasa dura y sistema de suspensión, los hiperligeros, y otro tipo a medio camino de ambos.
-Los cascos robustos tienen una carcasa externa de policarbonato o de fibra de vidrio que cubre todo el perímetro de la cabeza, y un sistema de suspensión por medio de cintas que deja un espacio entre la cabeza y la carcasa del casco, y sirve para distribuir y disipar la energía del impacto. Además, este espacio se puede aprovechar para llevar una manta isotérmica o un pequeño botiquín muy básico; no se trata de llevar el casco lleno de cosas, como si fuera una maraca... Los cascos de fibra de vidrio son los más resistentes, duraderos y pesados (y los más caros), mientras que los de policarbonato tienen una durabilidad menor: se deterioran antes con el uso y los rayos UV. Sin duda, este tipo es el que ofrece más protección frente a golpes desde arriba, y aunque la protección contra impactos frontales, laterales y traseros se podría mejorar, en general resisten múltiples golpes mejor que los hiperligeros.
-Los hiperligeros son muy parecidos a cascos de bici, fabricados en espuma de propileno expandida sin carcasa ni suspensión. Son con diferencia bastante más ligeros que los de carcasa, y están mucho más ventilados, aunque esto último es algo engañoso: esta ventilación funcionará si es un día ventoso, o a partir de una velocidad de desplazamiento de unos 10 km/h. El problema es que escalando, difícilmente vamos a alcanzar esa velocidad (corriendo, en BTT o en una caída, sí). Son más delicados y tienen menor durabilidad que los robustos, abultan más y son más caros que otros tipos de casco. Al no tener sistema de suspensión, en caso de impacto, se deforman o se rompen para disipar la energía. La ventaja de estos cascos es la mayor protección frente a golpes frontales, laterales y traseros.
-Por último, los de tipo intermedio tienen una carcasa exterior algo más fina que la de los robustos, que sólo sirve para proteger la espuma de propileno, y no distribuye ni disipa el impacto, aunque aguantan más que los hiperligeros. Están a medio camino de los otros tipos: resisten más impactos que los hiperligeros, pero no tienen sistema de suspensión que disipe la energía del golpe; son más ligeros que los robustos, y más robustos que los hiperligeros; no son tan delicados como los hiperligeros, pero no podremos sentarnos sobre ellos (sobre un casco robusto podemos sentarnos sin problema).
Al ser elementos de seguridad, tienen que pasar una serie de tests del CEN (Comíté Europeo de Normalización) para que se puedan vender en Europa. Comparados con los tests para cascos de otras actividades (esquí, piragüismo), los de escalada son más estrictos en algunos aspectos y menos en otros: el test para golpes desde arriba, o el de penetración, son mucho más exigentes que para otras actividades, pero los tests para golpes frontales, laterales y traseros son más exigentes en otras actividades.
Se realizan los siguientes tests (Norma EN-12492/UIAA-106):
-Absorción de energía en impacto vertical. Se deja caer una masa no afilada de 5 kg desde 2 m.
-Absorción de energía en impacto frontal, lateral y dorsal. Se deja caer un disco metálico de 5 kg desde 0,5 m en cada una de las posiciones. En cada una de las cuatro posiciones, la fuerza de impacto que se transmite a la cabeza, no debe ser superior a 10 kN (Norma EN-12492), u 8 kN (Norma UIAA-106).
-Penetración. Se deja caer un cono de 1,5 kg desde 1 m, y la punta del cono no debe tocar la cabeza.
También se hacen tests para comprobar el deslizamiento frontal y dorsal del casco sobre la cabeza, y otro para la resistencia del barboquejo.
Como casi todo el material, dependerá del uso que vayamos a darle para elegir un tipo u otro de casco. Como norma general, cuanto más comprometida sea la actividad, más robusto debería ser el casco. Es decir, que para escalar sólo en vías equipadas (de uno o varios largos), sería suficiente con un casco hiperligero; los escaladores polivalentes que hagan deportiva y pared se apañarán con uno de tipo intermedio, mientras que los alpinistas deberían usar cascos robustos. Pero como nos da todo igual, hay muchos alpinistas que usan cascos hiperligeros para todas las actividades. Bueno, al menos así lo usan en todos los terrenos...
A la hora de elegirlo, hay que probárselo bien, y regular las cintas correctamente para que se ajuste a nuestra cabeza sin que se nos baje hasta los ojos, y sin que se mueva de un lado a otro. Por lo general, no hay tallas en los cascos, aunque existen varios modelos de Petzl y Black Diamond que ofrecen varias tallas, y podremos encontrar algunos modelos en tallas para niños; tienen un sistema para regular el tamaño del perímetro del casco, bien con cintas de velcro, con pasadores de plástico o ruedecillas. Si hacemos alpinismo, no está de más que podamos ponernos un gorro fino debajo del casco, así que habrá que tenerlo en cuenta. A este respecto, contaré una anécdota: Durante unas pruebas de acceso para los cursos de Técnicos Deportivos en Montaña, en un día frío y nublado, yo llevaba puesto un gorro. Para una de las pruebas, antes de ponerme el casco, uno de los mayores expertos en material del país me dijo que me quitara el gorro. En el momento no le di más importancia, pero después pensando en ello me resultó extraño que esta persona fuera aconsejando en sus artículos llevar un gorro bajo el casco, y que en aquella situación me hubiera dicho que me lo quitara. Independientemente de esto, yo me pongo un gorro si lo creo necesario, y ajusto de nuevo el casco.
Todos los cascos tienen (o deberían tener) un sistema de sujeción para la linterna frontal. Habrá que ver si es lo suficientemente seguro, para no ir perdiendo frontales por las montañas.
Algunos cascos tienen viseras desmontables para escalada en hielo, y en otros modelos se pueden tapar los agujeros de ventilación con unas piezas de plástico, lo que nos ayudará a permanecer más secos y algo más calientes.
Los cascos, igual que las cuerdas, tienen una vida útil. El efecto acumulado de los pequeños golpes contra la roca, arañazos y la exposición a los rayos UV, harán que, normalmente, tengamos que jubilar el casco antes de haberle dado el uso que tiene, que es proteger la cabeza de golpes fuertes. Si recibimos un buen golpe en la cabeza llevando el casco (del estilo de 'sin él me habría matado'), seguramente haya que jubilarlo; sin casco, seguramente el golpe nos mate.
Por norma general, hay que retirar un casco con 5 años de uso, aunque un buen casco de fibra de vidrio puede durar el doble. Igual que con las cuerdas, cuando empecemos a dudar del buen estado del casco, y a preguntarnos si no se romperá a la mínima, será el momento de cambiarlo.
Un último apunte sobre la versatilidad y polivalencia. Desde hace algunos años, se vienen fabricando algunos modelos que cumplen los tests para un gran abanico de actividades: escalada en roca y alpinismo, BTT, esquí, patinaje, piragüismo, incluso hípica (!!). Bueno, la idea no está mal, un casco que nos protegerá en todas esas actividades, pero veo un inconveniente. Yo no soy ningún experto en esas actividades (de hecho, ni lo soy en escalada), pero no creo que los requerimientos sean los mismos. Es decir, podríamos usar un casco de BTT para esquiar, porque una caída en esquí es muy parecida a una en BTT, pero no tiene nada que ver con una caída en escalada. Luego un casco de BTT no nos protegerá mucho si vamos a escalar. Personalmente, si hago varias actividades donde necesite usar casco, usaré un casco específico de cada actividad. Me gastaré más pasta, y tendré mucho material, pero será el material específico de esa actividad, y por lo tanto, el más adecuado.

Para saber más:
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel.
-Seguridad y riesgo, vol I. Pit Schubert. Ed. Desnivel.
-Página web oficial de la UIAA: www.theuiaa.org
-Historias de montaña: Campaña para salvar tu mollera

sábado, 28 de agosto de 2010

MOSQUETONES

Desde principios del siglo XX se usa los mosquetones en montaña con ellos se dio un gran paso: el escalador ya no tenía que desatarse y pasar la cuerda por los pitones. Hasta la II Guerra Mundial, los mosquetones se fabricaban en acero, pero debido a la escasez empezaron a fabricarse en aluminio. Así se consiguió material igual de resistente, pero tres veces más ligero. Actualmente, todos los mosquetones están hechos con aleaciones de aluminio.
Partiendo de varillas de aluminio, se doblan para darle forma al cuerpo del mosquetón. Después, se aplican unos tratamientos térmicos para aumentar la resistencia del aluminio, y se revuelven las piezas en grandes recipientes con piedras que pulen el metal. Por último, se aplica el anodizado, que es un complejo proceso anticorrosión.
La forma del cuerpo del mosquetón determina el uso más adecuado. Según la forma, hay cuatro tipos: ovales, en D, ergonómicos o 'set', y HMS o de pera.
Los ovales han sido el tipo de mosquetón 'estándar' para escalada. Son muy útiles para escalada artificial (son más fáciles de abrir bajo carga), para rapelar mediante el sistema de mosquetones y como portamaterial. Por contra, son más débiles que los de otros tipos, y relativamente más pesados.
Los mosquetones en D simétrica son los más resistentes, porque la carga se soporta en el dorso del mosquetón (el lado opuesto al gatillo). Suelen ser bastante grandes (mejor manejabilidad con guantes).
Los ergonómicos son bastante más ligeros, porque reducen el radio de las curvas en el lado del gatillo sin afectar a su resistencia. Así, se consigue una apertura mayor del mosquetón.
Los HMS (del alemán Halb-Mastwurf Sicherung, aseguramiento con medio ballestrinque), son mosquetones en forma de pera con seguro, y suelen ser bastante grandes, para asegurar y rapelar con nudo dinámico (el medio ballestrinque), o con dispositivo de aseguramiento, y para anclarnos a la reunión con ballestrinque (en este caso, atención al cabo activo, que debe quedar del lado del dorso para evitar sustos). También son muy útiles como punto central de reuniones complejas (mejor los HMS simétricos).
Independientemente de la forma del mosquetón, hay dos tipos de cierre, una varilla que se encaja en una ranura (o diente), y un ojo de cerradura (cierre keylock o guitar). La única diferencia notable es que un diente convencional se enganchará a todo lo que pueda engancharse (portamaterial, cierres de alambre de otros mosquetones, cables de fisureros, cintas, ropa...), mientras que un cierre tipo ojo de cerradura, al ser liso no se enganchará. Como inconveniente, se dice que los cierres tipo keylock son más propensos a soltarse de los portamateriales. Bueno, en 7 años usándolos nunca he tenido ese problema.
Carga triaxial en el mosquetón
Para los gatillos de los mosquetones también hay dos tipos, de varilla (recta o curva), y de alambre. En los primeros, la varilla recta es más polivalente (para chapar el seguro o la cuerda, para llevar material...), mientras que la varilla curva facilita el paso de la cuerda por el mosquetón, y sólo debe usarse como mosquetón inferior en una cinta exprés. Cuanto más curvo sea el gatillo, mejor pasará la cuerda, pero también será más fácil que se salga la cuerda accidentalmente. La tensión del resorte del muelle también influye a la hora de enganchar/desenganchar el mosquetón. Hay que tener en cuenta que, con poca tensión, el mosquetón se abrirá más fácilmente al golpearse contra la roca. Durante una caída, las vibraciones se transmiten al mosquetón, y pueden hacer que el gatillo se abra y se cierre (podemos comprobar esto golpeando un mosquetón contra la mano; oiremos un golpe, que indicará que se ha abierto y cerrado). Si coincide el momento del tirón de la caída con la apertura del mosquetón, éste se romperá seguramente, porque estará trabajando con el cierre abierto. Un cierre de alambre (de acero inoxidable) minimizará esta apertura accidental, porque tiene menos masa, y las vibraciones apenas se transmiten. Además, son más ligeros que otro con cierre convencional sin disminución en la resistencia, y en nieve o hielo no se congelan: si un mosquetón con cierre normal se llena de nieve, podremos olvidarnos de él hasta llegar al refugio o al coche, pues se habrá congelado; si tiene cierre de alambre podremos usarlo durante toda la actividad porque no se congelará. El inconveniente del cierre de alambre está en las cargas transversales: el cierre se doblará permanentemente, y dejará prácticamente inutilizable el mosquetón. Además, al tener un radio más pequeño que un gatillo convencional, con estas cargas transversales se puede dañar la cuerda.
Realmente, el gatillo abierto es un problema, y el único modo de garantizar que trabaja cerrado es usar mosquetones de seguro. Actualmente, encontramos una versión con seguro de casi todos los modelos de mosquetones, con independencia de la forma, tamaño y tipo de cierre (ya se fabrican cierres de alambre con seguro). Lo más habitual es añadir un cilindro roscado interiormente en el gatillo, que bloquea el gatillo al cuerpo y evita su apertura. Las roscas deben apretarse bien, pues las vibraciones de la cuerda y el roce con la roca pueden aflojarlas y abrir el mosquetón. Otra opción son los mosquetones automáticos, que reducen la posibilidad de apertura accidental, aunque hay que estar atento por lo mismo. En éstos, un cilindro con muelle bloquea el gatillo, y hay que girarlo un cuarto de vuelta para abrir el mosquetón. Pueden tener mecanismos de seguridad adicionales, que implican hacer 2 ó 3 movimientos antes de hacer el giro.

El CEN exige para mosquetones de uso general una carga mínima de 22 kN en el eje longitudinal con gatillo cerrado (16 kN para los ovales, 'conectores de carga baja'). Esto se basa en el límite de fuerza de choque de las cuerdas (12 kN); debido al efecto de polea, el seguro que aguanta la caída recibe un 66% más de carga que el escalador. En el test, se aplica una carga, aumentándola controladamente hasta que algo parte. En la práctica, si un mosquetón trabaja cerrado y sin hacer palanca, no se romperá. Hay que evitar las cargas triaxiales a toda costa, porque son cargas para las que los mosquetones no están diseñados, y las palancas con salientes de roca o los espárragos de los parabolts.
EL CEN también exige una resistencia de al menos 7 kN con gatillo abierto. Actualmente podemos encontrar mosquetones que aguantan 10 kN en abierto, y existe un modelo que aguanta 12 kN (Ergo, de Kong-Bonaiti). Para mosquetones ovales y HMS, la resistencia mínima en abierto es de 5 kN. Un mosquetón automático no necesita pasar este test; al ser automático se anula la posibilidad de que trabaje con el gatillo abierto. Por último, se realiza un último test de la resistencia transversal, con un mínimo de 7 kN. Pero este test no es muy realista; en la práctica ninguna carga se mantendrá en el centro del eje menor, y mucho menos con cierres curvos. Para realizar este test, se hacen dos muescas en el cuerpo y en el gatillo para que la carga se mantenga.
¿Cómo elegirlos? Como siempre, depende del uso que vayamos a darle, pero independientemente de esto, el dato más importante sin duda, es su resistencia en abierto. Elige los mosquetones con mayor resistencia en abierto posible (9 ó 10 kN), aunque sólo escales en deportiva. Debemos fijarnos en su perímetro interno, donde va a apoyar la cuerda, y que sea lo más ancho posible, y sin asperezas o rebabas que puedan deteriorar la cuerda. Otro detalle importante es el tipo de cierre, mejor que sea keylock o similar, para no engancharnos por todas partes y con todo el material. ¿Qué hay del peso? Si sólo vamos a escalar en deportiva, podemos elegir mosquetones hiperligeros, y ahorrarnos casi medio kilo de peso. Pero si los vamos a usar en deportiva y en pared, mejor que sean más robustos (el peso ahorrado no compensará lo mal que lo vamos a pasar yendo de primeros en una vía clásica con los seguros alejados, pensando si ese mosquetón hiperligero no se partirá en una caída, con todo el peso en material, agua, mochila y zapatillas para el descenso). El gatillo debería abrirse sin problemas, y tener una amplia apertura. Si se trata de un mosquetón con seguro, hay que probar que la rosca funcione correctamente, pues no mejora con el uso (a ser posible, el cilindro debe tener rugosidades para agarrarlo mejor).
A diferencia de las cuerdas, el material metálico no pierde sus propiedades con el tiempo, y no requieren unos cuidados especiales. Únicamente si escalamos cerca del mar debemos aclararlos bien con agua dulce, y lubricarlos una vez secos. Existen productos específicos para lubricar los mosquetones y los friends; evitaremos especialmente usar 3-en-1 o similar, pues el petróleo que contiene atrae suciedad y puede provocar más problemas que los que tratamos de evitar.
Un mosquetón debería jubilarse cuando los radios internos (donde apoya la cuerda) estén muy deteriorados por las chapas y los clavos, o por la abrasión de las cuerdas. También debemos retirarlo si el gatillo se ha deformado o está más duro de lo normal. Una rosca que se bloquea también es motivo de jubilación (yo tuve que bajarme de una vía porque la rosca del mosquetón de mi freno no se abría), al igual que todo el material que soporte una caída muy dura (factor 2 o casi). Un mosquetón que haya sufrido un vuelo también deberíamos jubilarlo; quizá no tenga daños, o quizá sí, y la próxima vez que lo usemos puede ser la última para nosotros...
Como norma, y con un uso normal, deberíamos retirar los mosquetones después de unos 10 años, y de 3 a 5 años si son los mosquetones del freno o del autoseguro.

Para saber más:
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel
-Seguridad y riesgo. Vols. 1, 2 y 3. Pit Schubert. Ed. Desnivel
-Página web de la UIAA: http://www.theuiaa.org

viernes, 13 de agosto de 2010

CUERDAS DINÁMICAS (Y III)

Hacemos muchas cosas que dañan las cuerdas: escalamos y rapelamos con ellas, las pisamos, las pinchamos con crampones y piolets, usamos bloqueadores sobre ellas, las arrastramos por la roca...
-Cuidados de la cuerda: Hace algunos años, el Departamento de Seguridad del DAV (Deutsche Alpinverein, el Club Alpino Alemán) realizó un estudio sobre el envejecimiento de las cuerdas, cuyos resultados indican que después de 5000 m de uso (en escalada y rápel) la resistencia de la cuerda disminuye al 50%, y después de 10000 m se había reducido a 1/3 del valor original. Por este motivo, debemos intentar hacer el menor uso posible del rápel, y si vamos a hacer uso intenso de bloqueadores, nos convendría tener una cuerda semiestática auxiliar a tal efecto.
La escalada en polea (top rope) también deteriora las cuerdas. Según Edelrid (fabricante alemán de cuerdas), el deterioro de las cuerdas es hasta 10 veces mayor que escalando normalmente, por eso no deben usarse para escalar en polea. A la inversa, una cuerda vieja que ya no se use para escalar aún puede utilizarse para escalar en polea. Igualmente, una cuerda utilizada en deportiva, que haya soportado multitud de caídas de factor bajo, no debería usarse para hacer vías de largos, porque su resistencia también está disminuida. Los rayos ultravioletas deterioran las cuerdas y todo el material compuesto por fibras sintéticas (arneses, cintas, cascos...). También hay que evitar pisarlas, sobre todo con crampones (a propósito de esto, en Seguridad y riesgo Vol.2 se habla de un interesante experimento relacionado con el tema).
Hay que intentar mantener las cuerdas sin rizos (una cuerda se riza al girarla sobre su eje longitudinal, como si se enroscase sobre sí misma), porque una cuerda rizada se convierte en un incordio muy difícil de manejar. Una cuerda es neutra (es decir, no tiene rizos) al final del proceso de fabricación; somos nosotros los que las rizamos con el uso que les damos: Al desenrollar una cuerda a estrenar, hay que hacerlo tirando de uno de los cabos y deshaciendo el ovillo lazada por lazada (mejor entre dos personas), en vez de tirar de cualquier manera (lo que generará entre 30 y 40 rizos).
También al plegar las cuerdas hay que poner atención. Si la doblamos formando un anillo en bandolera, estaremos haciendo un rizo cada vez que terminemos una vuelta. La forma más adecuada es la técnica de la mariposa, en simple desde uno de los cabos (en doble se riza la cuerda). Además, así estará ya preparada para empezar a escalar la próxima vez.
La manera de rapelar también influye. Si rapelamos con un ocho, se hace un rizo cada 3 m, y con nudo dinámico es peor, 2 rizos cada 3 m. Lo ideal es rapelar con tubo o cesta, colocando una pierna entre los dos cabos, así minimizamos la formación de rizos y llevamos cada uno de los cabos bien separado del otro. La costumbre de anudar los cabos entre sí al final de un rápel también hace que las cuerdas se ricen, de manera que aquí es mejor anudar cada cabo independientemente del otro, así los cabos están libres para girar sobre sí mismos, y seguimos teniendo la seguridad de que no vamos a salirnos de la cuerda si perdemos el control.
Cuando hagamos deportiva, no está de más llevar una funda para la cuerda; esto es como una alfombrilla donde se despliega la cuerda protegida de la arena, el polvo y la suciedad que hay en los pies de vía.
Hay que tener especial cuidado para que nuestras cuerdas no entren en contacto con sustancias químicas agresivas: lejías, ácidos, bases. Lo más peligroso es el líquido de las baterías de coche (ácido sulfúrico), porque sus vapores deshacen las fibras del alma de las cuerdas sin deterioro visible en la camisa. También hay que tener cuidado con el agua de mar y con líquidos que cristalicen (refrescos), ya que aunque no dañan las fibras de poliamida, aumentan la abrasión de las cuerdas. En este caso, aclararlas con abundante agua dulce para que queden limpias (en Seguridad y riesgo Vol 1 se habla del daño por ácido de batería, y en Seguridad y riesgo Vol 2 se habla de todas las sustancias que pueden dañar una cuerda).
-Marcar y lavar las cuerdas: Todas deberían llevar marcado el centro, e incluso cada cuarto, para montar los rápeles y que el asegurador sepa cuánta cuerda tiene para darle a su compañero. Hay varios trucos como usar esparadrapo o coser hilos de nailon de un color que contraste con la camisa, pero lo mejor es hacerlo con rotuladores especiales que no dañan la poliamida. Hay fabricantes de cuerdas que también fabrican este tipo de rotuladores.
Después de mucho uso, o si la cuerda se ensucia, conviene lavarla. Lo mejor es hacerlo a mano en la bañera, con agua fría y sin jabón. Se puede añadir un detergente específico para cuerdas si está muy sucia, y aclararla a conciencia. La dejaremos secar lejos del sol directo, sobre un trapo o toalla.
-Guardar las cuerdas: Debemos guardarlas en un lugar fresco, seco, alejado de la luz directa del sol, sin nudos y sin colgarlas, a ser posible en una bolsa para cuerdas. Probablemente, el armario donde guardamos las cuerdas la mayor parte de nosotros sea un lugar más que suficiente. Mucho cuidado si solemos guardar las cuerdas y el material de escalada en el maletero del coche. En pleno verano, el maletero de un coche al sol puede alcanzar temperaturas bastante elevadas, y todo ese calor no es lo más adecuado para el material, además de lo ya comentado acerca de los vapores del ácido sulfúrico de las baterías.
-Jubilar una cuerda: Todo el material de seguridad tiene una vida limitada, pero es difícil dar un dato exacto;

Cuerda doble de 8,6 mm usada durante 3 años (izq), cuerda gemela de 8 mm a estrenar (dcha)
es algo que depende del uso y de cómo lo cuidemos. En casos extremos, puede ser un sólo uso, si sufrimos una caída de factor alto, o la cuerda se daña durante la escalada (por caída de piedras o caídas sobre bordes cortantes). Con un uso intenso (guías, escalar a diario), podría durarnos 3 ó 4 meses; para un uso habitual (escalar todos los fines de semana), la vida útil puede ser de unos 2 ó 3 años, y para un uso esporádico (una salida al mes, o menos) en torno a 5 años. Pero estos periodos sólo son estimaciones, debe ser cada escalador el que decida cuándo jubilar su cuerda, conociendo el uso que se le ha dado y las caídas que haya podido soportar. Si en algún momento dudamos de que nuestra cuerda vaya a ser capaz de parar una caída, será el momento de plantearse jubilarla. Evidentemente, depende del nivel económico de cada uno; los escaladores con una economía holgada (ah, pero ¿existen?) no tendrán tantos reparos a la hora de aflojar la pasta para renovar el material como otros escaladores menos afortunados, o los más jóvenes.

Para saber más:
-Seguridad y riesgo. Vol. 1 y 2. Pit Schubert. Ed. Desnivel.
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel.

jueves, 12 de agosto de 2010

CUERDAS DINÁMICAS (II)

Actualmente, en Europa no se puede comprar una cuerda (o cualquier elemento de seguridad) si no lleva un certificado del CEN (Comité Europeo de Normalización), y para eso debe pasar unos tests bastante exigentes. Los resultados de esos tests deben aparecer en la etiqueta de las cuerdas, y son muy útiles para comparar diferentes modelos de cuerdas.
-Test de caída: Para cuerdas simples, se deja caer un cuerpo metálico de 80 kg sobre un tramo de cuerda de 2,8 m (Factor de Caída 1,75, un buen tirón), con aseguramiento estático (la cuerda se enrosca en una barra metálica de 30 cm de diámetro y se ata a ella), y pasando por un borde de 10 mm de diámetro (la medida de un mosquetón, aproximadamente). La cuerda debe aguantar al menos 5 caídas estándar consecutivas (con 5 minutos entre cada caída), y la fuerza de choque máxima que se transmite al escalador debe ser inferior a 12 kN (unos 1200 kg). Para cuerdas gemelas se usan los mismos requerimientos, pero deben ser 12 caídas como mínimo, con los dos cabos. Para cuerdas dobles, son 5 caídas con 55 kg, y una fuerza de choque máxima de 8 kN, sólo con un cabo. Pero estos valores sólo se exigen para la primera caída, lo normal es que las caídas consecutivas aumenten la fuerza de choque entre un 28% y un 59 %. También es cierto que sobre el terreno, la mala suerte de tener dos caídas consecutivas tan duras es una probabilidad remota. De todas formas, si tenemos una caída dura, haremos bien en desatarnos y dejar que la cuerda repose unos minutos antes de seguir escalando.
-Elongación: Para este test, el CEN exige un estiramiento máximo del 8% bajo una carga de 80 kg para cuerdas simples y gemelas, y un 10% para cuerdas dobles.
-Deslizamiento de la camisa: En este test, se tracciona de un tramo de cuerda de 1,93 m mientras se presiona. El deslizamiento máximo entre alma y camisa no debe ser superior a 40 mm. Sobre el terreno, habría que hacer una enorme cantidad de rápeles o un uso extremadamente abusivo de bloqueadores para que se dé el deslizamiento.
¿En qué hay que fijarse para elegir una cuerda? En primer lugar, el uso que le vayamos a dar determinará el tipo de cuerda; para escalada deportiva y vías poco comprometidas, la mejor elección es una cuerda simple. Para escalada clásica en roca y alpinismo, elegiremos cuerdas dobles (a ser posible con tratamiento impermeabilizante para uso exclusivo en alpinismo), y para cascadas, cuerdas gemelas.
Una vez que sabemos qué tipo de cuerda nos conviene, debemos fijarnos en los datos que aparecen en la etiqueta:
-Fuerza de choque: La fuerza de choque no es, como mucha gente cree, la carga de rotura de la cuerda, sino la fuerza máxima que la cuerda no es capaz de disipar mediante el estiramiento; es decir, la magnitud del tirón que se lleva el escalador en una caída de factor alto. De ahí que tenga que ser lo más baja posible, así la caída del primero es más suave y se sobrecargan menos los anclajes.
-Diámetro y peso: El diámetro en mm de una cuerda simple se mide lastrando la cuerda con 10 kg; se toman seis medidas y se saca la media. Para cuerdas dobles, se usan 6 kg, y para gemelas 5 kg. Pero no es lo más adecuado para comparar dos cuerdas. El peso por metro (en gramos) nos dice la cantidad de poliamida que tiene la cuerda. Así, una cuerda ligera tendrá una durabilidad menor y más elasticidad que otra más pesada, porque tiene menos cantidad de material por metro.
-Número de caídas: Esto nos da una idea de la durabilidad de la cuerda. Pero hay que tener en cuenta que en la práctica, una cuerda que aguante al menos una caída estándar no se romperá, excepto si apoya en una arista afilada. Esto se debe a que la caída estándar (la caída utilizada en los tests del CEN) es tan dura que es prácticamente imposible que se dé en la realidad (Masa de acero rígida, aseguramiento estático...). Así que esta característica no es determinante para elegir entre dos modelos de cuerda, y tendremos que fijarnos en más datos.
-Construcción antiarista: Cualquier cuerda que apoye en un canto afilado (basta uno de 90º con un radio de 0,5 mm, como el borde de una mesa) se romperá en la primera caída. Si el canto no es tan afilado, algunas cuerdas de 11 mm podrían aguantar la caída, aunque quedarían bastante deterioradas. Existe un test no oficial para cuerdas con construcción antiarista: una caída de factor 1,75 sobre una arista metálica de 90º con un radio de 0,75 mm (80 kg para cuerdas simples y gemelas, 55 kg para dobles). Hay varios modelos de cuerdas que aguantan este tipo de caídas sobre aristas afiladas. La ventaja, evidentemente, es una resistencia al corte y a la abrasión mayor que otra cuerda sin construcción antiarista, y una durabilidad superior, aunque son más rígidas y menos maniobrables, y bastante  más caras. Aun así, son muy recomendables para escalada alpina, y en determinadas zonas (Ordesa, Galayos, Picos...) donde encontremos aristas cortantes y/o desprendimientos de piedras. De todas formas, aunque más resistentes que otras cuerdas, no son la panacea, y hay que andar con cuidado.
-Impermeabilidad: El que más y el que menos sabe que una cuerda absorbe agua, y las consecuencias que acarrea toda esa poliamida empapada son un descenso del 30% en su resistencia, más peso, más elasticidad y menos resistencia a la abrasión. Además, una cuerda mojada puede congelarse (en alpinismo o cascadas) y quedar rígida, prácticamente imposible de manipular. Para evitar esto, los fabricantes aplican tratamientos impermeabilizantes, ya sea antes del trenzado (se impregnan los hilos de poliamida individualmente antes de fabricar la cuerda), después del trenzado (se sumerge la cuerda terminada en una solución impermeabilizante), o bien antes y después. Una cuerda con este tratamiento será un 15 ó 20% más cara que el mismo modelo sin tratamiento, y aumenta la durabilidad porque reduce la fricción con la roca y los mosquetones, pero la impregnación se pierde con el uso. Sí es interesante si la vamos a usar exclusivamente para alpinismo o cascadas, pero para una utilización polivalente en roca y alpinismo, probablemente no merezca la pena pagar la diferencia, y nos interese más tener en cuenta otras características.
-Longitud: Tradicionalmente, la longitud de las cuerdas era de 35-40 m. Actualmente, con 60 m funcionaremos bien en cualquier terreno, aunque últimamente se están equipando vías deportivas de 32-33 m, incluso 35 m; en este caso, necesitaremos una cuerda de 70 m. Como en deportiva los 2 ó 3 primeros metros de cada cabo se deterioran antes, con 70 m podremos cortar esos metros de los cabos y seguir teniendo una longitud aprovechable. De todas formas, las cuerdas encogen y engordan con el uso. Es recomendable medir la cuerda de vez en cuando, porque encogen entre el 2 y el 7% con el uso.
-Color: Puede parecer algo superfluo, y aunque nuestra vida no depende del color de la cuerda, sí conviene considerar algunos puntos. Si buscamos dobles o gemelas, cada madeja debe ser de un color bien diferenciable, sin posibilidad de confusión (además de ser madejas del mismo modelo). Para escalar en nieve o hielo, deben ser de colores chillones (rojo, naranja) para diferenciarlas bien del entorno. Con las camisas de colores oscuros es más fácil comprobar si las fibras del alma sobresalen, y las de colores claros pueden ocultar daños en el alma. Además, una camisa de color claro se ensucia antes que otra más oscura.

Para saber más:
-Seguridad y riesgo. Vol 1, 2 y 3. Pit Schubert. Ed Desnivel.
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed Denivel
-Página web de la UIAA (En inglés): theuiaa.org

miércoles, 11 de agosto de 2010

CUERDAS DINÁMICAS (I)

Desde el principio del alpinismo las cuerdas han sido un elemento imprescindible en el equipo del escalador. Las primeras cuerdas se fabricaban con cáñamo, pita o manila, y tenían una limitada resistencia a la abrasión y sobre todo a las aristas afiladas. Además, al ser fibras naturales, si se mojaban, la parte interna de la cuerda permanecía mojada aun cuando el exterior ya estuviera seco, con lo que la cuerda iba pudriéndose desde el interior. Todo esto hacía que una pequeña caída de 2 ó 3 m resultara suficiente para romper una cuerda.
Después de la II Guerra Mundial aparecieron las primeras cuerdas de poliamida (perlón, nylon), mucho más elásticas que las de fibras naturales para absorber el impacto de las caídas, ligeras y muy resistentes. Por contra, eran rígidas y difíciles de manejar, y se congelaban fácilmente. En 1951 aparecieron las primeras cuerdas fabricadas mediante el sistema alma+funda (kernmantle), que es el que sigue utilizándose actualmente. Desde entonces, ha habido muchas mejoras en cuanto a resistencia, manejo y durabilidad.
Actualmente, se usan dos tipos de poliamida: poliamida 6 para cuerdas dinámicas, porque es más flexible y elástica; y poliamida 6,6 (nylon) para cuerdas estáticas, porque es más resistente y tiene una temperatura de fusión más alta que otras poliamidas.
El alma de la cuerda determina la capacidad de absorción de impacto de la cuerda, y se fabrica en espiral mediante torsión de las fibras (las fibras se retuercen entre sí), lo que da como resultado un cordón de poliamida que actuará como un muelle en una caída; cuantas más espirales tenga el alma, más se estirará antes de romperse, pero después de una carga muy elevada el "muelle" ya no recupera su forma original.

Alma de una cuerda simple de 10,2 mm
La camisa determina la manejabilidad y durabilidad. Una vez fabricada el alma, se va enrollando la camisa a su alrededor. La cantidad y el grosor de los hilos y las hebras de poliamida que tiene la camisa influye en la durabilidad de la cuerda. La tensión del trenzado también influye en el resultado final, con una camisa suelta tendremos una cuerda muy flexible y manejable, pero poco resistente a la abrasión, mientras que con una camisa trenzada fuertemente, la durabilidad es excelente, pero es rígida y poco manejable.
Con el uso, las cuerdas van soltando pelusa, que no es otra cosa que los hilos más cortos de la camisa, que se van desprendiendo.Esto no debería preocuparnos, porque esta pelusa protege las fibras interiores (más largas) de la abrasión, y no implica una duración menor de la cuerda.
Según el CEN (Comité Europeo de Normalización) y la UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo), existen tres tipos de cuerdas dinámicas: simple (marcada con un 1 dentro de un círculo), doble (marcada con 1/2 dentro de un círculo), y gemelas (dos círculos entrelazados dentro de otro círculo).
Escalando con cuerda simple de 10,5 mm
Las cuerdas simples se fabrican con un diámetro entre 10 y 11 mm, aunque desde hace unos años se han empezado a fabricar cuerdas de hasta 9 mm. Tienen una buena durabilidad, y son las más fáciles de manejar. Son las más habituales para deportiva y vías largas poco comprometidas, pero tienen el inconveniente de no poder hacer rápeles largos, o tener que llevar una cuerda auxiliar para ello. Además, si un desprendimiento de piedras, una arista afilada o un golpe de piolet daña una cuerda simple, es más probable que nos deje vendidos y sin protección cuando más lo necesitemos. También aumenta el rozamiento en vías tumbadas y vías complicadas con muchos cambios de dirección.
Las cuerdas dobles se fabrican con un diámetro entre 8 y 9 mm. Tienen varias ventajas sobre las simples: ofrecen más seguridad si una de las cuerdas se daña (nos quedaría otra), y más protección en travesías para ambos miembros de la cordada; al mosquetonearlas alternadamente reducen el rozamiento en vías zigzagueantes, y se reduce la fuerza del impacto que soportan tanto los seguros (crítica con seguros poco fiables o precarios), como el escalador que cae. También se reduce la longitud de la caída, y permiten rápeles más largos. El principal inconveniente es su dificultad de manejo, sobre todo al asegurar al primero. También es fácil que ambas madejas se enreden diabólicamente entre sí mientras aseguramos si no nos organizamos bien, y el peso y tamaño de las dos madejas es superior a una simple (aunque inferior a una simple+auxiliar). Es lo más habitual para alpinismo y escalada clásica en roca, aunque hay que saber manejarlas correctamente (algo que no todos los escaladores saben hacer).
Escalando con cuerdas dobles de 8,6 mm
Las cuerdas gemelas se fabrican con diámetros entre 7 y 8 mm. Son tan finas que, individualmente no inspiran demasiada confianza, pero al utilizarlas juntas (que es para lo que se diseñaron) tenemos más material que si usáramos una simple (15 ó 16 mm frente a 9 ó 10 mm). En ese sentido, su manejo no se diferencia mucho de una simple: se mosquetonean ambas cuerdas en el mismo seguro, como una simple. Proporciona más seguridad ante aristas rocosas y herramientas afiladas. Nunca debemos usar dos cuerdas simples o dobles como gemelas, porque aumenta la fuerza de choque y se sobrecargan los seguros y la cintura del que cae. Se utilizan sobre todo para cascadas.

Para saber más:
-Seguridad y riesgo. Vols. 1, 2 y 3. Pit Schubert. Ed. Desnivel
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel
-Montañismo. La libertad de las cimas. Varios autores. Ed. Desnivel