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viernes, 23 de noviembre de 2012

LA ESCALADA ARTIFICIAL

Cara oeste del Urriello, una pared larga, difícil y aislada, paraíso del artificial de dificultad



La escalada artificial es un tipo de escalada donde se utilizan los seguros como puntos de progresión y no sólo como seguro. Es decir, que el escalador se agarra a los seguros como ayuda en su avance por la pared. Originalmente, muchas vías se abrieron mediante el uso de la escalada artificial, y con el paso del tiempo, las mejoras en el material y en los métodos de entrenamiento, y, sobre todo gracias a un cambio de mentalidad, muchas de estas vías clásicas se fueron forzando en libre. Prácticamente en cualquier escuela con varias décadas de historia, podemos encontrar ejemplos de estas vías, artificiales en su apertura y liberadas con el paso de los años: muchas clásicas de los años 50, 60 y 70 en macizos como Picos de Europa, Montserrat, Pedriza, Galayos, Pedraforca, Ordesa, Riglos... A partir de los años 80 se fue desarrollando lo que más tarde fue la escalada deportiva, y en aquellos años la escalada artificial estaba mal vista; los estribos, la maza y los clavos eran evitados por casi todos: el artificial era un recurso para cuando no se podía pasar en libre. A pesar de eso, se  continuaron abriendo vías artificiales cada vez más laboriosas, técnicas y difíciles (El mirall impenetrable, 6a y A5 en la Pared de l'Aeri, Montserrat, Incontinencia d'inconsciencia, A5 en Montrebei, o Sueños de invierno, en la cara oeste del Urriello, originalmente de A5, ahora graduada como 6b y A4).
La escalada artificial nos pondrá la pila a nivel mental
La graduación de las dificultades en escalada artificial se basa en la exposición más que en la dificultad pura, de modo que se hace imprescindible tener una serenidad y un control mental muy elevados: a menudo, las protecciones son precarias o sólo aguantan un poco más que el peso del escalador (gancheos, microempotradores, puntas de clavo...), y las caídas potenciales pueden ser muy largas o peligrosas, al ir a chocar contra repisas o diedros cercanos.
Actualmente la escalada artificial es una actividad que, aunque minoritaria, tiene sus adeptos, y hay zonas españolas donde es normal escalar largos (e incluso vías enteras) artificiales: la cara oeste del Pico Urriello, muchas escuelas y paredes del Prepirineo (Vilanova de Meià, Montrebei, Roca Regina), Levante (Peñón de Ifach, Ponoig, Leiva), e incluso en pequeños riscos graníticos en la Pedriza, donde algunos fanáticos del pedal están abriendo auténticos rompecabezas de A4 y A5 (un saludo a Galo desde aquí). Así que, buscando un poco, seguramente encontraréis algunos largos artificiales en vuestras zonas habituales de escalada, donde pasar un buen rato pedaleando, o donde envejecer de miedo en algunos clavos y buriles ponzoñosos...

domingo, 18 de noviembre de 2012

EL ENTRENAMIENTO DE LA TÉCNICA

Hace tiempo, hablaba de la técnica (aquí); pero apenas decía nada de cómo entrenarla. Lo primero que debemos tener claro es la complejidad técnica de nuestra actividad: existe una gran cantidad de diferentes técnicas gestuales que debemos (o deberíamos) dominar para ser técnicamente competentes en cualquier situación de escalada.
Para muchos, el entrenamiento de la técnica se reduce a hacer durísimos movimientos al límite de sus capacidades. Evidentemente, con eso no entrenaremos la técnica.
En un primer acercamiento, podemos diferenciar técnicas de agarres de manos y apoyos de pies, en escalada libre. Esto también dependerá de la inclinación de la pared y del tipo de roca: tenemos movimientos sobre superficies que no llegan a la vertical, verticales, desplomadas e incluso techos horizontales. Cada una de estas inclinaciones exigirá una determinada técnica gestual y además, deberíamos entrenar en las inclinaciones y con el tipo de presas que vayamos a encontrarnos en nuestras escaladas. Por ejemplo, si escalo habitualmente en escuelas de caliza vertical, con presas pequeñas, agujeros y regletas, así es como debería entrenar: en muros verticales de regletas y agujeros. En cualquier caso, cuanto mayor sea nuestro repertorio de técnicas gestuales, tanto mejor será nuestro rendimiento en diferentes tipos de escaladas, superficies e inclinaciones. Así podremos escalar en otras zonas, con otros tipos de roca y otros tipos de movimientos, sin pasar excesivas penurias, y disfrutaremos más de nuestras escaladas. Esto también es aplicable a cualquier actividad de montaña (alpinismo, escalada en hielo, artificial, esquí...), y a cualquier otra disciplina deportiva.
Como ya apuntaba en otro post, el mejor momento de la sesión para entrenar la técnica es justo después del calentamiento, porque el organismo aún no está agotado, y la mente estará más despejada y preparada para soportar las exigencias del entrenamiento. Si lo dejamos para el final de la sesión, cometeremos más errores debido al cansancio acumulado: al cerebro no le resulta fácil aprender nuevas técnicas en estados de agotamiento físico, los movimientos no serán precisos, y practicando una técnica incorrecta lo único que se consigue es una técnica incorrecta, además de aumentar el riesgo de lesiones. Con todo y en determinados momentos, ya avanzada la temporada, se puede incluir trabajo de técnicas conocidas en situaciones estresantes o de agotamiento, para recrear ciertas situaciones que se puedan dar en la roca, pero nunca incluir técnicas nuevas.
Podemos entrenar la técnica a lo largo de toda la temporada, desde las técnicas ya conocidas, ampliando progresivamente nuestro repertorio gestual con nuevas destrezas de movimiento, con diferentes inclinaciones de pared y en distintos tipos de roca.
El entrenamiento de la técnica gestual está muy relacionado con el aprendizaje motor, que es el proceso mediante el que se adquieren las habilidades de movimiento en cualquier actividad física, y del que podéis leer más aquí.

Para saber más:
-Guía completa de entrenamiento en escalada. D. Hague y D. Hunter. Ed. Tutor
-Bases para el entrenamiento de la escalada. C. Albesa y P. Lloveras. Ed. Desnivel
-Entrenamiento para deportes de montaña. J. Canals, M. Hernández y J. Soulié. Ed. Desnivel

EL APRENDIZAJE MOTOR

Aunque no nos damos cuenta, el aprendizaje motor está constantemente a nuestro alrededor en escalada, en todos los niveles de rendimiento. Siempre estamos aprendiendo algo nuevo: cómo hacer ese movimiento de oposición, cómo traccionar de ese agarre, cómo empotrar las manos en fisuras, cómo colocar un fisurero, cómo progresar en estribos...
El aprendizaje motor es el proceso mediante el cual se adquieren las técnicas de movimiento en cualquier actividad física. Este proceso es inconsciente, y consta de tres fases, independientemente de la actividad de que se trate, ya estemos aprendiendo a realizar nudos, a montar en bici, aprendiendo la brazada de mariposa en natación, o cualquier otra destreza de movimiento.
Los primeros intentos en una técnica nueva son torpes y poco eficientes
Estas tres fases son las siguientes: fase cognitiva/verbal, fase motora y fase autónoma. Aunque estas fases se dan en todo aprendizaje, su duración depende de la dificultad de la tarea a aprender, y de cada persona: no todos aprendemos al mismo ritmo.
En la fase cognitiva, el escalador se hace una idea general de la nueva técnica o movimiento, cómo y cuándo utilizarlo, y cuáles son sus elementos. Al principio es imprescindible una concentración máxima en el propio movimiento. Los primeros intentos para realizar la nueva técnica son poco eficientes, torpes y con movimientos bruscos, aunque con práctica se va consiguiendo fluidez en la nueva habilidad. La duración de esta fase depende de la complejidad de la tarea, pero en esta fase el aprendizaje es rápido. La nueva técnica sólo se podrá aplicar en algunas situaciones muy concretas, y en movimientos de dificultad inferior al máximo del escalador: estamos aprendiendo una técnica nueva, y se trata de ganar fluidez y comodidad aplicándola en diferentes situaciones antes de seguir progresando.
En la fase motora, la nueva técnica se aplica con cierta fluidez, ya no es necesaria tanta concentración para realizarla, aunque aún no se puede utilizar en cualquier situación de escalada. Con práctica sistemática de la nueva técnica, la duración de esta fase puede ser de semanas o meses, dependiendo de la complejidad del movimiento. La nueva técnica se puede aplicar en situaciones más variadas, cada vez con menos atención consciente, y cada vez en dificultades más cercanas al máximo del escalador.
Por último, en la fase autónoma, la técnica se ha automatizado y puede aplicarse en cualquier situación, en el máximo de dificultad del escalador, en intentos a vista, y en momentos de estrés o agotamiento. Esta fase tiene una duración de años, ya que las destrezas que se desarrollan a este nivel se utilizarán en nuevas escaladas y en diferentes inclinaciones y tipos de roca, durante toda nuestra vida deportiva. Si aprendemos una técnica hasta este nivel, podremos volver a utilizarla incluso después de años sin escalar, aunque dependiendo de la complejidad de la tarea, se necesitará cierta práctica para volver al nivel de rendimiento que teníamos en ella: los patrones de movimiento permanecen en el cerebro durante toda la vida. Es como aquello de montar en bici, que 'nunca se olvida'.
Este proceso está muy relacionado con el entrenamiento de la técnica y la práctica del movimiento (Aquí y aquí podéis leer acerca del tema). Cuanto más se practica, más rápido se aprende, pero esta práctica debe ser de calidad: si practicamos movimientos erróneos, sólo conseguiremos errores técnicos y una técnica incorrecta. Por eso, la práctica del movimiento y el entrenamiento de la técnica deberían ser deliberadamente impecables para evitar esos errores.

Para saber más:
-Guía completa de entrenamiento en escalada. D. Hague y D. Hunter. Ed. Tutor
-Entrenamiento para escalada. E. Hörst. Ed. Desnivel

sábado, 8 de septiembre de 2012

EL MIEDO EN LA ESCALADA

Estamos escalando en montaña, una vía larga, dura, con pocas posibilidades de escape y en un sitio alto y alejado de la civilización, cuando de repente, negros nubarrones empiezan a arremolinarse sobre nosotros. ¿quién no tiene miedo en una situación así? Lo primero que pensaremos es que hay que bajarse cuanto antes; como las posibilidades de poder salir de ahí de forma segura son bajas, empezaremos a angustiarnos. Quizá cometamos más errores que de costumbre, la ansiedad no nos dejará pensar claramente: queremos salir de ahí y que no nos caiga un rayo... Si se desata la tormenta con nosotros aún en pared, vamos a pasar un rato muuuy entretenido, luchando contra nuestro miedo; si además, la vía está en nuestro límite, tenemos todas las papeletas para una situación de las que marcan, ya que tardaremos aún más tiempo en salir, estando expuestos durante más tiempo...
Según la RAE, el miedo es la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Esto es, cuando percibimos una situación de riesgo nuestro ánimo y nuestras acciones se ven afectados por esa emoción. Todos lo hemos sentido alguna vez escalando o en la montaña, y por supuesto en muchas otras situaciones: antes de un examen, viendo una peli de 'sustos', o en la carretera; todos sentimos miedo en determinadas situaciones, y el que diga lo contrario está mintiendo como un bellaco.
Es así, el miedo es un mecanismo de defensa del organismo que evita exponernos a situaciones que podrían matarnos, y como tal, forma parte de todos nosotros. Lo que es diferente para cada uno es el 'umbral' al que se dispara este mecanismo. Es decir, cuándo empezamos a tener miedo y qué es lo que nos lo causa. Para unos, alejarse 30 cm del seguro sin poder meter otro ya será una situación tensa; para otros, la tensión vendrá por escalar en roca descompuesta, por que caiga un alud, por que se rompa la cuerda o por caer y hacer una cremallera que arranque hasta la reunión. Incluso hay gente que tiene miedo de lo que pensarán otros de su actuación o de su forma de escalar... En todos estos casos, se trata de salir de nuestra zona de confort lo que nos causa miedo.
¿Es lo de más arriba lo que nos causa miedo?
Lo que hay que tener claro en ese momento, es si esa situación que nos asusta es factible, y qué posibilidades REALES hay de que se produzca. Si es posible que ocurra eso que tememos, hay que poner todos los medios (técnicos, tácticos, físicos, psicológicos y materiales) a nuestra disposición para evitar que ocurra, y si aun así esa situación escapa a nuestro control, asumir lo que nos puede pasar y liberar la mente de esa angustia. De esta manera, soltamos un lastre que nos puede hacer fracasar, pero hay que hacerlo antes de que el miedo nos bloquee y seamos incapaces de actuar.
La única solución eficaz para superar nuestros miedos es enfrentarnos a ellos, poco a poco y en entornos controlados. Si nos da miedo caernos, podemos practicar caídas controladas progresivamente más largas para saber a qué nos enfrentamos. Si nos da miedo arrancar todos los seguros del largo en una caída, lo mejor que podemos hacer es formarnos, aprender todo lo posible, y practicar la colocación de seguros flotantes siempre que se pueda. Buscando bien, encontraremos una solución para cada uno de los miedos que nos angustian a diario, y poder salir de nuestra zona de confort, ampliándola de esta manera.

Para saber más:
-Guerreros de la roca. Arno Illgner. Ed. Desnivel. Este manual es buenísimo para el tema que nos ocupa. No os lo perdáis.
-Entrenamiento para escalada. Eric Hörst. Ed. Desnivel.

domingo, 22 de enero de 2012

LA TÉCNICA

La escalada se desarrolla en una situación determinada que plantea un problema al escalador (superar una fisura o un desplome, asegurar al compañero, o montar una reunión desequipada), y éste tiene que resolverlo realizando una acción adecuada a esa situación, aplicando las técnicas necesarias.
Técnica de oposición en X
a la entrada de un diedro
Mucha gente habla de la técnica para escalar. Escalada técnica, técnica de pies, técnica de fisuras, pero ¿qué es la técnica? Según la R. A. E., técnica es (entre otras definiciones) el conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una disciplina, o la habilidad para usar esos procedimientos y recursos. Vale, pero ¿qué es la técnica? Podríamos decir que es, por un lado, el conjunto de conocimientos, procedimientos y movimientos necesarios en una actividad (la escalada en este caso); y por otro, la manera más eficiente de ejecutar una tarea motriz determinada (la forma óptima de realizar esos movimientos), la mejor manera de hacer las cosas, vaya.
Técnica de progresión en artificial solitario
En el primer caso, son todos los conocimientos, habilidades y maniobras de progresión (superar fisuras, desplomes, placas de adherencia, progresión artificial...), protección (colocar fisureros y friends, clavos de roca o tornillos de hielo, guiar la cuerda, autodetenerse en nieve...) y aseguramiento (montar una reunión, asegurar al primero o al segundo, montar un rápel...) que se utilizan durante la escalada. Y en el segundo caso, es la forma más eficaz de realizar todos esos movientos y maniobras. ¿Y qué significa esto? En todos los deportes hay un modelo técnico perfecto, biomecánica y fisiológicamente eficiente que se debe imitar en lo posible. Cuanto más parecida sea nuestra técnica a ese modelo técnico, menos energía necesitaremos para realizar los movimientos. Así, esos movimientos son más eficaces, más fluidos, menos agotadores. Para que esto sea así, es necesario entrenar las diferentes técnicas que se usan en escalada tanto o más que la parte física. Por desgracia, la mayor parte de los escaladores entrenan sobre todo el físico, y dejan la técnica para otro día. Y cuando trabajan la técnica, sólo entrenan aquéllas que se les dan bien, en lugar de trabajar los puntos débiles para ser mejores escaladores, o escaladores más polivalentes.
Técnica de la 'cigüeña' para progresión artificial
La 'trampa' es pensar que lo único que se necesita es más fuerza; es cierto que a veces, para realizar ciertas técnicas o movimientos es necesario tener cierto nivel físico, pero entrenando la técnica de forma adecuada, se obtienen más y mejores beneficios sin entrenar específicamente la fuerza. Esto no implica dejar de entrenar la parte física, sino dedicar tiempo a todos los ámbitos del entrenamiento: físico, técnico, táctico y psicológico. La cantidad de tiempo que se debe dedicar a cada uno de estos ámitos dependerá de las características, objetivos y puntos débiles de cada escalador, pero se debe intentar trabajar más en las debilidades, y menos en los puntos fuertes.
En definitiva, la técnica es una parte muy importante de nuestro deporte, así que debería ocupar una buena parte del entrenamiento. En principio, el momento más adecuado para entrenar la técnica es justo después del calentamiento, porque el organismo aún está descansado. Si se trabaja la técnica al final del entrenamiento, ya estaremos cansados y los movimientos no serán tan precisos y eficaces como debieran. En determinados momentos de la temporada, se puede dejar el entrenamiento de la técnica para el final de la sesión, precisamente para trabajar la técnica en estados de agotamiento. Pero esto es otro tema, y hablaré del entrenamiento de la técnica más adelante.
Técnica de adherencia en placa 'pedricera'
Para saber más:
-Guía completa de entrenamiento en escalada. D. Hague y D. Hunter. Ed. Tutor
-Bases para el entrenamiento de la escalada. C. Albesa y P. Lloveras. Ed. Desnivel
-Entrenamiento para deportes de montaña. J. Canals, M. Hernández y J. Soulié.

jueves, 1 de septiembre de 2011

COLOCACIÓN DE EMPOTRADORES MECÁNICOS

Friend correctamente colocado
Ya hemos hablado de friends y empotradores, y sobre cómo colocar éstos últimos; es el turno de la colocación de friends. A pesar de ser unos dispositivos bastante complejos en cuanto a diseño y fabricación, su uso es muy simple, y es relativamente fácil evaluar si están bien colocados. Pero como en todo, habrá que tener en cuenta algunos detalles para hacer las cosas como es debido.
 -Lo más importante: ningún seguro es totalmente fiable, por muy bueno que sea el emplazamiento, y no deberíamos confiar nuestra seguridad a un sólo anclaje, hay que colocar otras piezas durante la progresión.
-Un anclaje será tan resistente como la roca en la que se asienta. Cuando aguantan una caída, los friends generan una fuerza enorme hacia el exterior (incluso mayor que la que generaría un fisurero en la misma situación), así que evitaremos colocarlos detrás de lajas sueltas o bloques inestables.
-Antes de colocar una pieza de protección, hay que observar la roca y buscar emplazamientos evidentes para los seguros de que disponemos. Si es posible colocaremos un empotrador pasivo, el más grande que podamos, evitando maniobras complejas con varios anclajes (no se trata de ir montando reuniones por todo el largo). Y si no podemos colocar un fisurero, habrá que meter un friend...
Como ya apuntaba en el post de material, un friend se usa como una jeringuilla: se apoya el pulgar en el extremo, y se acciona el tirador con índice y corazón para contraer las levas y colocarlo; para sacarlo, se hace la misma operación.
Friend demasiado abierto; además, la laja suelta
de la izquierda no aguantará una caída
Buscaremos la zona más paralela y uniforme de la fisura, con la roca sólida, seca y sin hielo, barro o tierra suelta, y colocaremos el friend lo más al fondo de la fisura que podamos, con el vástago apuntando en la dirección del posible tirón, para que trabaje correctamente. El vástago no debe sobresalir de la pared en horizontal, sino que debe estar casi paralelo a la superficie de la roca. Además, evitaremos colocarlo en fisuras horizontales para que el vástago no haga palanca contra el borde inferior. Intentaremos que todas las levas estén en contacto con la roca,  y que tengan una expansión similar: los friends tienen un rango de trabajo, independientemente de su tamaño, indicado en un porcentaje de su rango total de expansión. Es decir, los friends no trabajan en todo su rango de expansión completo. El rango de trabajo de un friend depende de su eje o ejes, los de eje simple deben colocarse entre un 25% y un 75% de su rango de expansión, mientras que los de eje doble tienen un rango de entre el 50% y el 90%. Lo que debemos intentar es que apoye la parte central de las levas sobre la roca, para disponer de ese margen de contracción, y poder colocarlo y retirarlo. Si lo colocamos con las levas demasiado abiertas, puede ‘caminar’ y salirse de su emplzamiento con los movimientos de la cuerda, y si las levas están excesivamente cerradas, no se podrá sacar, y habrá que abandonarlo. De todas formas, cada marca tiene unas recomendaciones específicas para sus friends. En tallas muy pequeñas, se recomienda colocarlos lo más contraídos posible para no arrancarlos, aunque corramos el riesgo de tener que dejarlos en la roca.
Para saber más:
-Anclajes de escalada. John Long. Ed. Desnivel
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel
-Seguridad. Comissione Tecnica Nazionale d'Italia. Ed. Desnivel
Misma fisura, el empotrador curvo se adapta
mejor a su forma
Aunque no está mal,
aquí sería mejor poner un fisurero

miércoles, 1 de junio de 2011

COLOCACIÓN DE EMPOTRADORES PASIVOS

Los empotradores pasivos son (o deberían ser) la base de la protección en escalada limpia. Son piezas ligeras y sencillas, de colocación muy intuitiva y relativamente fácil, y una vez emplazados su evaluación visual es bastante evidente, incluso para escaladores poco expertos. Sin embargo, debemos seguir unas pautas generales, independientemente del tipo de protección que vayamos a instalar (fisureros, friends, patas de cabra...).
-Lo más importante: ningún seguro es totalmente fiable, por muy bueno que sea el emplazamiento, y no deberíamos confiar nuestra seguridad a un sólo anclaje, hay que colocar otras piezas durante la progresión.
-Un anclaje será tan resistente como la roca en la que se asienta. Cuando aguantan una caída, los empotradores generan una fuerza enorme hacia el exterior, así que evitaremos colocarlos detrás de lajas sueltas o bloques inestables.
-Antes de colocar una pieza de protección, hay que observar la roca y buscar emplazamientos evidentes para los seguros de que disponemos. Si nos es posible colocaremos un empotrador pasivo, el más grande que podamos, evitando maniobras complejas con varios anclajes (no se trata de ir montando reuniones por todo el largo).
Fisurero de lado
-Los empotradores tienen una posición básica, en la que trabajan de forma óptima, y otras posiciones alternativas que nos darán más posibilidades en emplazamientos raros y precarios (¡Atención!).
-Los empotradores pasivos deben terminar de asentarse con un tirón enérgico en la dirección de la posible caída. Cuidado con esto, pues si lo encajamos en exceso, el segundo se acordará de nosotros cuando tenga que retirarlos de la pared. Pero si los dejamos muy sueltos, los movimientos de la cuerda pueden hacer que se salgan de las fisuras. Para evitar esto último, pondremos una exprés larga, que transmite menos vibraciones de la cuerda, y nos ayudará a guiar la cuerda lo más recta posible.
Emplazamiento aceptable
-Fisureros. Para colocar un fisurero, buscaremos una fisura que tenga un estrechamiento hacia abajo (cuello de botella), y que sea lo más parecida en forma y tamaño a la pieza que queremos colocar. Si la fisura se estrecha hacia el exterior, el emplazamiento aguantará el tirón hacia afuera que hay cuando cae el primero de cordada. Hay que intentar que la superficie de contacto entre el fisurero y la roca sea la máxima posible; para esto, el fisurero debe ser ligeramente más grande que la fisura, y encajarse en la roca en la mitad superior de sus caras de contacto. Los fisureros tienen dos posiciones de colocación, de frente y de lado. De frente, hay más superficie de contacto entre el fisurero y la roca, y es más estable; de lado, hay menos superficie de contacto y más inestabilidad, pero suele ser la única posibilidad en fisuras ciegas o poco profundas. Los empotradores curvos son un poco más difíciles de colocar que los rectos, pero dan más estabilidad al tener tres puntos de contacto con la roca (un punto en la cara convexa y dos en la cara cóncava, uno de ellos en la parte superior  y el otro en la parte inferior); con este tipo de fisureros, tenemos que probar con la cara cóncava a derecha e izquierda, si hay contacto en esos tres puntos, y además la fisura se estrecha por debajo, el emplazamiento seguramente sea fiable. Si falla alguno de esos tres puntos de contacto, tendremos un seguro precario o inestable; si el contacto está demasiado arriba del fisurero, la pieza es pequeña y podría pasar a través del estrechamiento, y si el contacto está en la mitad inferior será muy grande para esa fisura. Como en todo, tendremos que usar el sentido común, el menos común de los sentidos...
Fisurero en cuello de botella
Hay situaciones particulares en las que tendremos que utilizar dos fisureros en oposición, donde uno sujeta al otro en su posición, y es éste último el que soportará la posible caída. Esta maniobra se utiliza cuando tenemos que hacer un cambio de dirección, y el tirón de una caída solicitaría el último seguro a una tracción hacia el exterior: un sólo fisurero no aguantaría ese tirón hacia afuera. Los empotradores en oposición se pueden colocar en fisuras verticales, horizontales o diagonales, de la siguiente forma: buscaremos un emplazamiento ‘normal’ para un empotrador, y otro emplazamiento invertido (es decir, el cable del fisurero invertido apuntará en dirección al otro empotrador), con un mosquetón a cada pieza, y un anillo de cinta con un ballestrinque a cada mosquetón. El ballestrinque permite regular la tensión de la cinta entre los empotradores para que el inferior sujete al superior en su posición. Aquí sería mucho más rápido y sencillo poner un friend, si tenemos uno de la talla adecuada, pero en fisuras muy estrechas donde no entra otra cosa, no quedará más remedio que usar esta maniobra.
Fisureros en oposición, el fisurero de abajo sujeta
al de arriba en su posición
-Excéntricos. Básicamente, la colocación de un excéntrico sigue las mismas reglas que acabamos de ver, porque el ángulo que forman sus caras opuestas es similar al de los fisureros­­­. También se puede colocar de lado, siempre buscando el máximo contacto entre la roca y el excéntrico. Si la fisura es casi paralela, funcionará por rotación de la cara convexa contra la roca (o las dos caras opuestas a la más larga, en excéntricos de caras rectas). En fisuras perfectamente paralelas no servirán, y tendremos que poner un friend o una pata de cabra.
-Patas de cabra. Los tricams o patas de cabra tienen dos posibilidades de colocación, una en la que funcionan como un fisurero en estrechamientos, y otra que aprovecha su diseño para poder proteger fisuras paralelas. Además, trabajan en agujeros y en fisuras horizontales como ningún otro seguro. En su posición de empotrador pasivo hay que tener las mismas precauciones que con los fisureros, poniendo la cinta en prolongación del empotrador, buscar un estrechamiento que se adapte a la forma y tamaño del tricam y tratar de conseguir la máxima superficie de contacto. En fisuras paralelas se apoya el pico sobre el que rotará el empotrador en una de las paredes de la fisura (a ser posible en un agujero o rugosidad), y los raíles en el lado opuesto. La cinta debe colocarse entre los raíles de la pieza, con el eje de rotación de la cinta en la parte superior del dispositivo, y le daremos un buen tirón para que pueda producirse el efecto de leva en la fisura. Esto nos  da un rango de trabajo de cada tricam individual mayor que en un fisurero de tamaño equivalente, y es más ligero que un friend de tamaño equivalente. En zonas con muchas fisuras horizontales (como la Roca dels Arcs, en Vilanova de Meià), las patas de cabra son muy útiles: será una cinta y no un cable (más rígido) lo que apoye en el borde de la fisura; el pico se debe colocar hacia abajo, para que la cinta quede por la parte superior y apoye menos en el borde de la fisura. En rocas muy blandas, como la arenisca, el pico se clavará literalmente en la fisura, aumentando la seguridad del emplazamiento.
Aunque lo mejor en todo caso es recibir un curso de escalada con un técnico o un guía competente, no nos vendrá nada mal practicar todo esto en bloques a la altura del suelo; y donde veremos realmente cómo se hace será escalando en artificial una fisura limpia de 6b ó 6c, a ser posible vertical. Así comprobaremos de primera mano cómo trabajan los empotradores bajo buestro peso sobre el terreno. Pero cuidado, el método de ensayo-error no es lo más adecuado para utilizar en montaña...
Probando el material en un bloque en el suelo
Para saber más:
-Anclajes de escalada. John Long. Ed. Desnivel
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel
-Alpinismo extremo. Mark Twight. Ed. Desnivel