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domingo, 11 de marzo de 2012

CORREDOR ESTE IZQUIERDO AL PICO TORRES

Pico Torres a la derecha y pico Valverde a la izquierda
El sábado estuve con Carol en el puerto de S. Isidro, aprovechando el que posiblemente fuera el último día de actividad 'invernal' de la temporada. Después de levantarnos a las 4'30, llegamos al puerto poco antes de las 7 de la mañana, y en 10 minutos ya estábamos saliendo del aparcamiento.
En principio, yo tenía intención de hacer el corredor sur de La Capilla (la cumbre este del Valverde), y encadenar con uno de los corredores orientales del Torres, si las condiciones lo permitían; pero al ver la pared del Valverde desde el puerto, se me quitaron las ganas, prácticamente no queda nieve. Aun así, salimos hacia el Torres, ya que parece que los corredores tienen nieve suficiente. Empezamos la aproximación, y al rato ya le está dando el sol a la cara este del Torres, teníamos que haber madrugado más aún... En poco más de una hora, estábamos en la entrada del corredor. Desde aquí ya se ve todo el corredor, y puedo comprobar lo que iba viendo durante la aproximación: hay un corto tramo sin nieve donde se estrecha el corredor izquierdo, a ver qué pasa. Tenemos una persona por delante de nosotros, entrando ya en el corredor. Poco a poco le íbamos ganando terreno, y en breve lo alcanzaríamos.
Carol a la entrada del corredor
Llevábamos las cuerdas y el material en la mochila, y le dije a Carol que parásemos a prepararnos por si hacía falta la cuerda, para no tener que hacerlo en un lugar vertical e incómodo, pero seguimos subiendo, viendo que el solitario iba sin cuerda. A unos 50 metros de la zona sin nieve, veo que el solitario se había parado justo antes del estrechamiento. Me echo a la derecha del corredor y me paro en la rimaya, a ver qué hace. Un par de minutos después, veo sorprendido cómo empieza a bajar por el mismo corredor. Al llegar a nuestra altura nos saludamos, y nos dice que no se atreve a hacer el tramo mixto sin cuerda, aunque cree que será III+ como mucho. Le ofrecemos subir con nosotros, atado a nuestra cuerda, pero lo rechaza a pesar de llevar arnés, unos clavos, unas cintas y un par de anclas de nieve (¿para qué tanto material si va solo y sin cuerda?), dice que subirá por la pala de la Normal. Bueno, nosotros seguimos subiendo por el corredor. Al llegar al tramo mixto, paramos un momento para evaluar la posibilidad de subir sin cuerda. Hay un clavo en la roca de la izquierda y otro más arriba a la derecha, y se ve algún tapín bajo la nieve, aunque apenas son unos 8 ó 10 metros. Nos miramos, comentando la jugada. Ambos pensamos que podremos subir sin sacar las cuerdas...
Carol en mitad del tramo mixto
Así que empieza a subir Carol; se quita los guantes de gore, que quedan colgando de sus muñecas, igual que los piolets, y agarrándose a la roca empieza a arañarla con los crampones. Con algo de tensión va subiendo poco a poco, hasta llegar a una pequeña repisa de tierra endurecida. Es mi turno; también me quito los guantes, que meto dentro del forro porque no son de gore, y guardo los piolets en los portamateriales del arnés. Igual que Carol, voy subiendo rascando la roca con los crampones, con la misma tensión que ella. Al llegar a la repisa terrosa, Carol ya ha salido hacia arriba, y me paro un par de minutos a descansar. Cuando sigo subiendo, ya no veo a Carolina, y saco los piolets para este tramo que está más seco. De hecho, en algún paso hice tapín-tracción, y este trecho me cuesta más que el de abajo. Al llegar de nuevo a la nieve, subo unos metros y vuelvo a ver a Carol, ya casi en la salida del corredor. Le grito que me espere, y sigo subiendo.
En la repisa
Llego donde me espera Carol, al final de las dificultades, y ya sólo nos queda hacer una corta travesía por la cara norte y superar unos metros por la arista hasta la cima. La nieve en la travesía de la norte está helada, durísima, y pasamos con cuidado, porque si caemos ahí y no nos detenemos en 5 ó 6 metros, nos precipitaremos por la cara norte, casi sin posibilidades... Pero no pasa nada, y llegamos a la cima sin problema. Allí sopla una buena ventolera, y estamos lo justo para hacer un par de fotos, reconocer las montañas de alrededor, y dejar una nota en el buzón de cumbre. Con las mismas, nos bajamos sin perder más tiempo. Vamos perdiendo altura rápidamente para llegar a cubierto del viento, y bajar por la pala de la Normal. Por cierto, yo no volví a ver al solitario. Carol me dijo que se lo encontró cuando me estaba esperando a la salida del corredor, él ya bajaba por la Normal. Así que fuimos siguiendo sus huellas por la nieve blanda. Le estaba dando el sol desde hacía 3 ó 4 horas, y ya estaba algo pastosa, y en varias ocasiones hundí la pierna hasta la rodilla. Finalmente, llegamos al puerto sobre las 12 de la mañana, cansados, bastante acalorados, pero contentos. Yo le tenía muchas ganas al Torres desde hace 7 años, y después de un año y medio viviendo en Asturias ya era hora de acercarnos por aquí...
Carolina en los últimos metros por la arista








sábado, 25 de febrero de 2012

REPETICIONES, LIBERACIONES Y SOLITARIOS EN LA PEÑA DEL CASTIELLO (SAN ANDRÉS)

El sábado 18 de febrero subí con Claudio al Castiello, con intención de liberar la Dani Crespo. Ya que Claudio no había escalado aún en el Castiello, hicimos la segunda repetición de la Sergio Breñas (La primera la hice yo mismo con Chechu, antes de las navidades).
Chechu en la 1ª repetición de la Sergio Breñas
Después de bajar y recuperar la cuerda, me coloqué todo el material que creí necesario para liberar la Dani Crespo (unos fisureros, friends del 0 al 2 y unas patas de cabra pequeñas), y me puse manos a la obra. Ya en el primer apoyo, con un pie aún en el suelo, arranqué el apoyo. Vuelvo a la carga: me agarro al borde de la fisura, coloco los pies de nuevo, y cuando saco una cinta exprés del portamaterial y voy a chapar el primer clavo me quedo con una laja en las manos, cayendo al suelo. Tercer asalto: vuelvo a encaramarme, llego hasta el clavo y lo chapo, pero empiezo a complicarme la vida por la izquierda de la fisura. Estoy en dos pequeños agarres con el clavo en las rodillas, mirando y buscando cómo seguir. Intento meter un friend pequeño, pero se me van las manos y vuelvo a caer; Claudio tuvo que recuperar un poco de cuerda para que no me dejara los tobillos en la roca del pie de vía, y me quedo colgando a 30 cm del suelo, pero el clavo ha aguantado... Me bajo al suelo, y descanso un rato; le daré un último pegue, y si no puedo subirá Claudio.
Claudio en la Sergio Breñas
Mientras descansaba, han llamado a Claudio por teléfono y he tenido tiempo para probar algunos movimientos en la entrada: ya tengo una secuencia que creo será correcta. Y ahora sí, voy subiendo, paso el primer clavo, y llego al segundo (al que le pongo una cinta disipadora, por lo que pudiera pasar) sin más problemas. Un poco más arriba la pared se tumba ligerísimamente y aparecen más agarres, pero después de arrancar tres cantos en tres intentos, voy agarrándome con más cuidado, aunque lo más duro ya está hecho. Sigo subiendo, poniendo algunos seguros antes de la placa de IV, y llego al árbol de la reunión. Recupero a Claudio, intercambiamos opiniones de la vía mientras preparo el rápel, y bajamos. Yo le daría 6a, aunque él dice que ha encontrado otra manera diferente de entrar, y cree que es V+; habrá que esperar que otros la escalen y den su opinión al respecto...
El canto que arranqué
La mañana del miércoles 22, estaba de nuevo en la base del Castiello, con casi 20 kilos de material a la espalda y la intención de escalar la Dani Crespo en artificial solitario. Será la tercera vez que paso por aquí en artificial, pero las dos anteriores Carol estaba al otro lado de la cuerda; además, esta será la primera vez que escalo en solitario. Más me vale hacer las cosas con cuidado, porque me puedo calzar un viaje curioso... Me preparo, meto la cuerda en la mochila para que vaya saliendo con fluidez según la necesite, me cuelgo todo el material en el arnés y un portamaterial en bandolera, y monto una reunión en la base de la fisura, donde anclo la cuerda. Meto un primer seguro a 30 centímetros de la reunión, y lo uso para direccionar la reunión hacia arriba. Ya está todo listo, me pongo la mochila con la cuerda, respiro profundamente y chapo los estribos al seguro. Ya lo he hecho antes, es el mismo seguro en el mismo emplazamiento que las otras veces, sé que aguantará mi peso, pero esta ocasión es diferente. Me subo, chapo la cuerda en este seguro y en el siguiente, el primer clavo fijo de la vía. Estoy usando el sistema de nudos en cada anclaje: tengo la cuerda fija a la reunión de la base, y voy haciendo gazas de ocho a cada seguro que pongo. Antes de pasar el nudo al siguiente anclaje, me doy dos o tres metros de cuerda, hago un nuevo nudo y me lo ato a un mosquetón en el anillo ventral, de este modo siempre estoy asegurado a la cuerda y a todo el sistema. En algún seguro he chapado la cuerda, sin soltar mi gaza del anillo ventral, porque me quedaba mucha comba si pasaba el nudo, y así me ahorraba complicaciones de hacer y deshacer más nudos. La verdad es que en varios pasos he tenido algún problema para hacer la nueva gaza con una mano, incluso he llegado a pensar que me caía sin remedio un par de veces. En otro paso, a unos 8 metros del suelo, me quedé con un canto en la mano, pero pude equilibrarme con la otra mano en los estribos. No me gustaría caerme en esta situación, podría hacerme mucha pupa...
Reunión al pie de la fisura
Sé que hay mejores maneras de hacerlo, o más seguras (usar un Soloist, por ejemplo), pero creo que es la forma más segura y menos complicada con los medios de que dispongo. Además, aunque en principio pensaba subir todo en artificial porque no quería escalar en libre, llevaba unos pies de gato cómodos en previsión de la salida en libre que tendría que hacer en la placa al final de la vía. Y aparte de esta placa final, hice dos pasos en libre algo más abajo, con muchísimo cuidado y los huevos debajo del casco, a pesar de ser IV y haber subido ya un par de veces antes por ahí. Finalmente, llego al árbol del rápel cansado, acalorado y sudando, pero contento; mi primera experiencia en solitario ha sido satisfactoria. Fijo la cuerda arriba, y lanzo el cabo libre, por el que rapelo. Al llegar al suelo, me quito algo de ropa y bebo agua, preparo los bloqueadores y remonto por el cabo libre, ya que no pude remontar por la cuerda que fijé a la reunión de la base. Al llegar de nuevo arriba, liberé la cuerda para poder rapelar por ella y limpiar el largo. Volví a casa cinco horas después de salir, cansado, hambriento y muy satisfecho por la actividad. Aunque, la verdad sea dicha, no sé si repetiré en solitario.
En solitario

jueves, 16 de febrero de 2012

EL ABSURDO

Qué fuerte... Si hace algunas semanas, ocurrió un accidente en Canarias donde murió un escalador, hoy aparecía una noticia relacionada en Desnivel (Aquí podéis leerla): Dos equipadores malagueños han sido multados con 625€ cada uno por tirar un bloque suelto de la pared. La zona es el Barranco de la Coladilla, un sector de iniciación perteneciente al municipio malagueño de Nerja, que precisamente hace de límite entre el Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama y unos terrenos municipales sin protección, aunque la roca está dentro del Parque. Al parecer, fueron denunciados por dos agentes medioambientales por "destruir vegetación en peligro de extinción". La escalada no está prohibida en el Parque.
Bueno, me parece rizar el rizo del absurdo, ¿qué pasa, que esas especies vegetales habitaban única y exclusivamente en el bloque que tiraron los equipadores? Como apuntaban algunos comentarios en la web de Desnivel, todo se reduce al afán recaudatorio de la Administración. Así es como se les agradece haber dejado la zona más segura, con una multa. Bien es cierto que la zona está dentro de un Parque Natural, donde por otra parte, se permite la escalada. Es como aquello de "puedes consumir, pero si lo llevas encima te multamos..." ¿Mande?
¿No es bastante estúpido multar a dos personas que sólo han dejado un sector de escalada más seguro, tanto para los escaladores como para los que pasen por ahí debajo? Si no se hubiera tirado ese bloque, al final habría terminado cayendo, y quizá provocando un desgraciado accidente como el de las Canarias. En ese caso, se habría puesto el grito en el cielo, buscando responsabilidades y criticando a los equipadores por no sanear la zona. ¿En qué quedamos?

Y con esto, ¿qué demuestra la Administración? Que es más valiosa una supuesta especie vegetal en peligro de extinción que una vida humana. Así nos va...


Barranco de la Coladilla (Foto: Manuel Ortega)

martes, 14 de febrero de 2012

GALAYOS

Bueno, por fin me decido a hablar de una zona imprescindible en la escalada de autoprotección: Los Galayos. Los que ya la conocéis, no necesitáis que os la recomiende; los que aún no la conocéis, no sabéis lo que os estáis perdiendo...
Estampa invernal de Galayos. Así es aún más impresionante
Los Galayos son un grupo de unas 50 verticales agujas graníticas, con unas alturas de hasta 300 metros, cuyas cimas van desde los 1600 hasta los 2200 metros de altitud (cimas de las Berroqueras y el Gran Galayo, respectivamente). La zona pertenece a la localidad abulense de Guisando, a unos 160 km de Madrid y 80 de Ávila. Está enclavada en el sector suroriental de la Sierra de Gredos, entre el puerto de Tornavacas al oeste y el puerto del Pico al este, y está formada por dos cordales que se desprenden desde la divisoria de aguas (más concretamente desde la cima de La Mira, de 2343m) con una orientación sur y sureste.
Primer largo de la Malagón al Gran Galayo
Frente a estos cordales, se encuentra la garganta del río Pelayos, bien encajonado entre gargantas graníticas, y con algunas pozas que son una verdadera bendición en verano. Desde Arenas de San Pedro, en la vertiente sur de la sierra de Gredos, sale una estrecha carretera de montaña que en unos 8 km, y después de pasar por Guisando, nos deja en la plataforma del Nogal del Barranco. Allí hay un refugio libre del antiguo ICONA, un bar y un área recreativa con sus mesas bajo los pinos y su fuente. Desde aquí, ya se ven las agujas del Galayar, donde llegaremos después de una caminata de un par de horas, después de salvar un desnivel de unos 900 metros.
En el segundo largo de la Rivas-Acuña a la Punta Mª Luisa
La roca es un tipo de granito (un geólogo nos diría que es granodiorita y ademallita), con grandes cristales de feldespato de hasta 6 ó 7 cm de longitud, y enclaves de gabarro (esto es, pequeños nódulos de composición diferente a la roca granítica en la que están incrustados) que proporcionan unos estupendos agarres. La fracturación de la roca ha dejado unas fisuras francas, profundas, generalmente con bordes netos y afilados, de las que se dice son muy parecidas a las del macizo del Mont Blanc, y en las que entra prácticamente todo lo que queramos, si sabemos usarlo (cuenta la leyenda que si tiras un puñado de friends al aire, ellos solos se meten en las fisuras...).
En la zona alta del Galayar, sobre una amplia plataforma, se encuentra el refugio Antonio Victory, y unos metros por debajo del refugio hay un caño que trae agua desde otra zona más alejada del trajín de escaladores. El refugio está guardado los fines de semana, puentes y Semana Santa, y todos los días en verano, aunque queda abierta la zona libre donde dormir y cocinar si el guarda no está. Durante muchos años, el guarda fue José María Alonso, el Majara, un personaje muy peculiar cuanto menos (No entraré en detalles; los que lo hayáis conocido ya sabéis cómo es, y los que no... pues otra vez será). Actualmente, David Bautista es el encargado del refugio, un grandísimo escalador y guía de montaña, conocido personal mío desde hace algunos años (www.david-bautista.blogspot.com).
¿Abriendo? una variante de la Comicci
al Pequeño Galayo
Es una zona con una dilatada historia alpina, su historia comienza en 1916 con la ascensión al Gran Galayo (o incluso algunos años antes), aunque las líneas más evidentes se abrieron entre 1952 y 1970 por los históricos del alpinismo castellano (Pérez de Tudela, Carlos Soria, Salvador Rivas o Pedro Acuña), así que es normal encontrarse algún clavo viejo y roñoso en alguna de las vías más clásicas.
Primer largo del Gran Diedro al Gran Galayo
Pero no sólo se escala en roca en Galayos. Cuando llega el invierno, los corredores y canales entre las agujas se cubren de nieve y hielo a pesar de su orientación, y se multiplican las posibilidades para escalar. Los resaltes rocosos se transforman, y con suerte encontraremos cascadas y estrechas goulottes de hielo, que podemos proteger perfectamente en la roca de los laterales. Con muy buen nivel, y mucha nieve se pueden descender algunos de los corredores más amplios (la Trocha Palomo o la canal del Gran Galayo), y subir esquiando a La Mira por su vertiente sur. No obstante, en inviernos con mucha nieve hay que tener cuidado, ya que la estructura y orientación de las canales puede provocar aludes muy peligrosos. Esto ya causó 6 muertes en 1979, en un alud en la canal de la Apretura. Aparte de este peligro objetivo, el efecto del hielo también se puede notar en los escasos clavos que hay en la zona.
Canal del Torreón en invierno
Al congelarse el agua en las fisuras, actúa como una cuña, agrandándolas y haciendo que los clavos se aflojen en sus emplazamientos. Si no andamos atentos y con cuidado, podemos arrancar esos pitones que ya están un poco sueltos. Además, como a estas alturas del partido ya nadie lleva maza a Galayos, esos clavos flojos se van soltando un poco más cada invierno porque nadie se encarga de afianzarlos, hasta que una caída corta o un tirón fuerte los arranca. Por suerte, como dije antes, la estructura de la roca nos permite la protección con fisureros y friends a voluntad.
La zona es una de las últimas reservas alpinas del país, y para muchos la 'reserva espiritual de occidente', por la particular filosofía e idiosincrasia de los aperturistas de sus vías y de los escaladores que la frecuentan. En un sitio como este, donde la estructura de la roca facilita tanto la protección natural, el uso de clavos y de seguros fijos se ve prácticamente como una herejía. Aunque también hay que decir que en algunas de las últimas vías abiertas, se dejan las fisuras limpias, y en las placas y tramos que no se pueden proteger con fisureros o friends, se ponen chapas. Ya ha habido muchas polémicas y algunos enfrentamientos por este motivo. A pesar de esto, que nadie se llame a engaño: no son vías deportivas y ni siquiera se pueden considerar equipadas. Hay que tener unos buenos conocimientos de colocación de seguros móviles y montaje de reuniones desequipadas, saber moverse con soltura en destrepes delicados (algunos destrepes galayeros ponen los pelos de punta), y llevar el grado bien asentado para las vías en las que vayamos a meternos. Y por supuesto, el casco es imprescindible en un sitio como Galayos, donde todo se mueve y las caídas de piedras son la tónica habitual.
Subiendo por la Trocha Palomo en invierno
En definitiva, una joya para practicar la escalada en terreno de aventura durante todo el año... ¿A qué esperáis para coger vuestros friends y acercaros a la zona a pasar un fin de semana alpino?

domingo, 12 de febrero de 2012

CARA NORTE DE PEÑA UBIÑA

Aproximando al Meicín
El sábado 11 de febrero, Carol y yo quedamos con Claudio para ir a la Norte de Peña Ubiña; se nos había fastidiado el plan de ir a Neila con otro amigo de Madrid, y por no dejar pasar otro fin de semana sin pisar nieve, decidimos acercarnos al macizo de Ubiña, y pinchar algo después de algunos años sin hacer alpinismo (Carol y yo desde 2009, pero Claudio desde 2006). La intención era meternos en el Corredor Central de la norte de Ubiña, así que llevamos cuerdas y una selección de material de roca, un ancla de nieve y algún tornillo de hielo, por lo que pudiera pasar. Salimos de Tuiza de Arriba a las 7 de la mañana (quizá un poco tarde para nuestro objetivo), y ya pisando nieve, generalmente blanda y pisoteada, hasta que llegamos al refugio del Meicín en 40 minutos, donde paramos a ponernos los crampones y sacar uno de los piolets. Allí, vimos que dos personas estaban empezando la subida por el valle de Covarrubia, y al parecer iban abriendo huella. Continuamos nuestra aproximación, ya por la huella que habían abierto nuestros dos 'colaboradores', agradeciéndoles mentalmente que hubieran salido 20 minutos antes que nosotros...
Panorama del macizo desde el Meicín
Yo iba super motivado, y me encontraba muy fuerte físicamente, ya que estoy saliendo a correr últimamente (aquí lo podéis ver). Así que iba subiendo y subiendo, viendo cada vez más cerca a nuestros 'colaboradores', y pensando que los alcanzaríamos antes de que llegaran a la base de la pared.
Aproximando por el valle de Covarrubia
La nieve estaba aceptablemente dura, pero ya estaba dándole el sol, así que antes de terminar la aproximación, empezamos a encontrar tramos más blandos donde nos hundíamos a pesar de la huella abierta. Además, a medida que subíamos soplaban algunas rachas de viento bastante fuertes, que levantaban polvo de nieve, y se metían por todas las rendijas entre la ropa, por debajo de las gafas... Al fin, en los Joyos de la Cabra, hicimos un pequeño descanso al abrigo de un bloque de roca donde nos daba el sol. Picamos algo, y ya con la cara norte más cerca pudimos evaluar y decicir. Los dos chavales que iban por delante se metieron en la Norte Clásica, y nosotros también decidimos meternos en la misma vía, ya que llevábamos una larga temporada sin hacer esto, y la línea no parecía tener mucha nieve (se veía algún tramo mixto bastante peliagudo), además de la hora larga que había estado dándole el sol a la pared, ablandando la poca nieve que tuviera el Corredor Central.
Descansando a cubierto del viento
Nos pusimos los arneses, por si encontrábamos alguna zona donde fuera necesario encordarse, sacamos el segundo piolet y seguimos tirando hacia arriba. Ahora Claudio se puso delante, y nos metimos en el corredor, subiendo por palas nevadas de entre 40º y 45º. La huella que habían abierto nuestros 'ayudantes' seguía abierta, aunque llegaba a desaparecer en alguna zona escasa de nieve. Así, llegamos a un tramo diagonal hacia la derecha algo más tieso, de unos 50º, donde Carol y yo nos separamos un poco más para evitar que un resbalón del primero arrastrase al segundo. Ya no veíamos a Claudio, aunque de vez en cuando le oíamos preguntarnos cómo íbamos, o avisarnos de algún tramo peligroso o con poca nieve.
Después de este tramo, salimos a un campo de nieve más amplio, de unos 45º, donde volvimos a ver a Claudio en una pequeña travesía a la izquierda bajo un resalte de roca. Cuando pasó la travesía, se volvió para avisarme de la poca nieve de ese tramo, y siguió subiendo. Ahí pasé un momento de tensión, intentando clavar los piolets, pero debido a la escasez de nieve no encontraba un sitio adecuado. Lo intenté en piolet-apoyo, en piolet-tracción en la nieve de más arriba y en piolet-puñal. Finalmente, con un piolet en apoyo y el otro en puñal, pude ir subiendo más a la derecha que Claudio hasta la travesía justo por debajo del resalte.
Claudio en la travesía bajo el resalte rocoso
A estas alturas, Carol ya estaba deseando terminar la vía y salir a cima, donde nos esperaba el sol. Unos metros más arriba, volvimos a perder de vista a Claudio, pero le oíamos jurar; debía estar en un tramo más técnico. Seguimos subiendo hasta alcanzar a Claudio en las canales de salida, efectivamente en un corto tramo mixto. Esperamos parados un poco por debajo de la canal donde Claudio estaba luchando, resguardados tras una roca. Eché un vistazo, y vi que podía subir por una canal paralela sin recibir los trozos de hielo que estaba tirando Claudio, y me lancé hacia allí, aunque tuve que esperar igualmente a que Claudio subiera ese tramo.
Carol en el tramo mixto en las canales de salida
Cuando franqueamos ese pequeño resalte mixto, apenas nos quedaban unos metros por la arista norte hasta la cima, donde nos esperaba Claudio sentado al sol. Llegamos a la cima, hicimos unas fotos y nos preguntamos por dónde habrían bajado nuestros 'ayudantes'. Nos pareció ver una persona moverse, asomándose desde la vertiente leonesa, y decidimos esperarle. Cuando llegó hasta la cima, decidió bajar con nosotros por el corredor sureste. Poco antes de llegar al collado de Cerreos, el montañero leonés se separó de nosotros, ya que bajaba hacia la vertiente leonesa, y en menos de media hora estábamos de vuelta en el refugio de Meicín, donde paramos a descansar y comer algo y a saludar a Caco, el guarda del refugio. También estaban nuestros 'héroes', los dos chavales que habían abierto la huella hasta la base de la pared, y que tanto esfuerzo nos habían ahorrado. Muchas gracias a los dos ayudantes desde aquí. Estuvimos en la terraza del refugio una hora, hasta que decidimos volver mientras hubiera luz. En una hora más estábamos en Tuiza, cargando el coche para volver a casa. Al final, hicimos una buena actividad, muy clásica, con muy buen tiempo soleado, buenas condiciones de nieve y buenos compañeros de cordada. Así da gusto.
Claudio, Carol y yo en la cima de Ubiña

viernes, 3 de febrero de 2012

LA NIEVE Y LOS ALUDES

Bueno, parece que ya llegó el invierno de verdad. Ya era hora... Estos días, con las cotas de nieve tan bajas que estamos teniendo (¿nieve en Barcelona o San Sebastián?), nos dejarán un buen paquete en las montañas. Como ya llevamos cierto 'retraso' con las nevadas, estamos todos un poco impacientes por pisar nieve, foquear y hacer actividad invernal. Pues precisamente estos días, justo después de las nevadas, es cuando hay más riesgo de aludes. De hecho, el pasado fin de semana, había riesgo 3 en el Pirineo (Y seguramente para este, el riesgo sea mayor). Es un riesgo moderado, pero quizá sea el más peligroso de los 5 niveles en que se divide la escala europea de riesgo de aludes: Con riesgo 4 ó 5, la gente no se arriesga y se queda en casa, o se van a hacer deportiva. Con riesgo 3, es más habitual que salgamos, pensando que no va a pasar nada (Qué optimismo el de los alpinistas...). En esta situación, la montaña está bastante cargada y el manto apenas estabilizado. Como no ha habido tiempo para que se estabilice (es el caso de esta semana), es aún más inestable. Hay que recordar que las posibilidades de que se desencadene un alud son mayores justo después de fuertes nevadas acompañadas de viento, en las laderas propicias en cuanto a altitud y orientación; para saber las inclinaciones y orientaciones críticas que  hay que consultar los boletines para la zona en cuestión. Para eso, podemos mirar en la web www.aemet.es, o buscar otras páginas en internet (en casi cualquier foro encontraremos algún enlace útil).
Probablemente, lo mejor para este fin de semana sea quedarse en casa, dar un paseo por el valle o ir a cualquier escuela a hacer deportiva. Pero como somos unos inconscientes impacientes (yo también), más de uno va a salir a la nieve, y muchos se arriesgarán sin necesidad. De hecho, mañana tengo planeada una salida por la recién nevada Sierra del Aramo con Carol y las perritas. Ya contaré...
Para los impacientes, será mejor esperar unos días a que se estabilice la nieve...

miércoles, 25 de enero de 2012

RAPELAR CON SEGURIDAD

Una maniobra tan simple como peligrosa, rapelar, es causa de muchos accidentes y muchas muertes fácilmente evitables. Tan sencillo como hacer un nudo prusik o machard, o usar un Shunt, y anudar los extremos de las cuerdas (entre sí o independientemente, ahora veremos pros y contras) para no salirnos de ellas si perdemos el control del rápel (si nos cae una piedra en la cabeza y quedamos inconscientes, por ejemplo).
Rapelando de cualquier manera en Pedriza
No voy a hablar aquí de la técnica del rápel, ese no es el objetivo del post; doy por hecho que sabemos rapelar. Sólo quiero comentar ciertos detalles que se pasan por alto: En primer lugar, los nudos en los extremos de las cuerdas. Al hacer rápeles desconocidos, es decir, cuando no sabemos si las cuerdas llegarán a la siguiente instalación o al suelo, no está de más anudar los cabos de las cuerdas. Así, en caso de que los cabos no tengan la misma longitud (algo más frecuente de lo que se pueda pensar), no nos saldremos de las cuerdas. Pero hay que tener la precaución de deshacerlos para poder recuperarlas. Si no se hace así, el nudo se trabará en la instalación superior, y habrá que subir (escalando o remontando la cuerda) para deshacer el nudo, volver a rapelar el largo y recuperar la cuerda. ¿Y cómo es mejor anudarlas, ambos cabos juntos o cada una independiente de la otra? Si las atamos juntas, el nudo resultante es más voluminoso, pero las cuerdas se rizarán diabólicamente. Si anudamos cada una por separado, el nudo no es tan voluminoso, pero cada cabo queda libre para girar durante el rápel, evitando los rizos. Un nudo de ocho por seno o un pescador doble son los más adecuados para estos menesteres.
Rapelando sin prusik en la Aguja del Pillo (Teverga)
Más cosas: un autobloqueante debería ser poco menos que imprescindible en casi cualquier rápel. Si necesitamos tener ambas manos libres porque la cuerda se ha enganchado en la roca o se ha formado un ovillo con el viento, si nos cae una piedra en la cabeza (o el ocho del compañero que espera más arriba) y quedamos inconscientes, o si perdemos el control del rápel por cualquier causa (nos pica una abeja, ¡o una oveja!), un nudo autobloqueante anclado al anillo ventral del arnés, que vaya hasta la cuerda (o un aparato autobloqueante como el Shunt de Petzl) evitará que sigamos descendiendo sin freno hacia la muerte. Y aquí hay otra polémica: ¿prusik por encima o por debajo del descensor? Lo que se suele aconsejar (preguntadle a Tino...) es que el autobloqueante vaya por debajo del descensor, para que no quede fuera de nuestro alcance en caso de quedar colgados de él. Bueno, yo he hecho algunos experimentos con el prusik por debajo, y el descensor acaba empujando SIEMPRE al nudo, y deslizándolo hacia abajo, por mucho que esté bloqueando la cuerda. La conclusión (para mí), es que el autobloqueante debe ir por encima del descensor, y no debe usarse un anillo de cordino excesivamente largo. ¿Cuánto es excesivamente largo? Yo uso un anillo construido a partir de un cordino de 6 mm y unos 50-60 cm de largo, con un pescador doble, hago un prusik con 2 vueltas (ya sé que es mejor el machard, pero es más engorroso de hacer con un anillo tan corto), anclo el anillo al aparato descensor con un mosquetón de seguro, y nunca se me ha quedado fuera del alcance. Debo decir que tengo los brazos largos, y también he de confesar que no siempre uso el prusik (Sí, yo también)...
Nudo autobloqueante anclado al descensor,
y por encima de éste
Otro detalle a tener en cuenta, aunque ya no influye necesariamente en la seguridad, pero sí en la maniobrabilidad: a la hora de rapelar, lo habitual es llevar ambos cabos (o ambas cuerdas) en el lado de la mano de frenado; es decir, a la derecha si somos diestros y a la izquierda si somos zurdos. Esto no es incorrecto, pero hay un pequeño truco que nos ayudará a ir separando las cuerdas a medida que rapelamos: si en lugar de llevar los dos cabos en el mismo lado, metemos una pierna entre ambos cabos, las cuerdas se irán separando sin necesidad de manipularlas. Hay que decir que esto no siempre funciona, y si el viento ha enmarañado las cuerdas, habrá que pararse a desenrollarlas...

Para saber más:
-Seguridad y riesgo, vol. 1 y 2. P. Schubert. Ed. Desnivel
-Prevención, seguridad y autorrescate. M. Murcia. Ed. Desnivel
-Montañismo. La libertad de las cimas. VV. AA. Ed. Desnivel


Rapelando sin prusik, con la pierna derecha separando las cuerdas

domingo, 22 de enero de 2012

LA TÉCNICA

La escalada se desarrolla en una situación determinada que plantea un problema al escalador (superar una fisura o un desplome, asegurar al compañero, o montar una reunión desequipada), y éste tiene que resolverlo realizando una acción adecuada a esa situación, aplicando las técnicas necesarias.
Técnica de oposición en X
a la entrada de un diedro
Mucha gente habla de la técnica para escalar. Escalada técnica, técnica de pies, técnica de fisuras, pero ¿qué es la técnica? Según la R. A. E., técnica es (entre otras definiciones) el conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una disciplina, o la habilidad para usar esos procedimientos y recursos. Vale, pero ¿qué es la técnica? Podríamos decir que es, por un lado, el conjunto de conocimientos, procedimientos y movimientos necesarios en una actividad (la escalada en este caso); y por otro, la manera más eficiente de ejecutar una tarea motriz determinada (la forma óptima de realizar esos movimientos), la mejor manera de hacer las cosas, vaya.
Técnica de progresión en artificial solitario
En el primer caso, son todos los conocimientos, habilidades y maniobras de progresión (superar fisuras, desplomes, placas de adherencia, progresión artificial...), protección (colocar fisureros y friends, clavos de roca o tornillos de hielo, guiar la cuerda, autodetenerse en nieve...) y aseguramiento (montar una reunión, asegurar al primero o al segundo, montar un rápel...) que se utilizan durante la escalada. Y en el segundo caso, es la forma más eficaz de realizar todos esos movientos y maniobras. ¿Y qué significa esto? En todos los deportes hay un modelo técnico perfecto, biomecánica y fisiológicamente eficiente que se debe imitar en lo posible. Cuanto más parecida sea nuestra técnica a ese modelo técnico, menos energía necesitaremos para realizar los movimientos. Así, esos movimientos son más eficaces, más fluidos, menos agotadores. Para que esto sea así, es necesario entrenar las diferentes técnicas que se usan en escalada tanto o más que la parte física. Por desgracia, la mayor parte de los escaladores entrenan sobre todo el físico, y dejan la técnica para otro día. Y cuando trabajan la técnica, sólo entrenan aquéllas que se les dan bien, en lugar de trabajar los puntos débiles para ser mejores escaladores, o escaladores más polivalentes.
Técnica de la 'cigüeña' para progresión artificial
La 'trampa' es pensar que lo único que se necesita es más fuerza; es cierto que a veces, para realizar ciertas técnicas o movimientos es necesario tener cierto nivel físico, pero entrenando la técnica de forma adecuada, se obtienen más y mejores beneficios sin entrenar específicamente la fuerza. Esto no implica dejar de entrenar la parte física, sino dedicar tiempo a todos los ámbitos del entrenamiento: físico, técnico, táctico y psicológico. La cantidad de tiempo que se debe dedicar a cada uno de estos ámitos dependerá de las características, objetivos y puntos débiles de cada escalador, pero se debe intentar trabajar más en las debilidades, y menos en los puntos fuertes.
En definitiva, la técnica es una parte muy importante de nuestro deporte, así que debería ocupar una buena parte del entrenamiento. En principio, el momento más adecuado para entrenar la técnica es justo después del calentamiento, porque el organismo aún está descansado. Si se trabaja la técnica al final del entrenamiento, ya estaremos cansados y los movimientos no serán tan precisos y eficaces como debieran. En determinados momentos de la temporada, se puede dejar el entrenamiento de la técnica para el final de la sesión, precisamente para trabajar la técnica en estados de agotamiento. Pero esto es otro tema, y hablaré del entrenamiento de la técnica más adelante.
Técnica de adherencia en placa 'pedricera'
Para saber más:
-Guía completa de entrenamiento en escalada. D. Hague y D. Hunter. Ed. Tutor
-Bases para el entrenamiento de la escalada. C. Albesa y P. Lloveras. Ed. Desnivel
-Entrenamiento para deportes de montaña. J. Canals, M. Hernández y J. Soulié.

miércoles, 18 de enero de 2012

APERTURA DE LA VÍA 'DANI CRESPO' EN LA PEÑA DEL CASTIELLO (SAN ANDRÉS)

Dani en Gredos
Aquí estamos de nuevo Carol y yo haciendo otro homenaje a otro amigo desaparecido en la montaña en julio de 2010. Dani Crespo, escalador y alpinista, guía de montaña y miembro del Equipo de Jóvenes Alpinistas (la "Selección Española de Alpinismo"), falleció en el Chacraraju Oeste junto a Álex Bonilla cuando intentaban la apertura de una nueva vía. Desde entonces, Carol y yo pensábamos abrir una vía para dedicársela a este pequeño pero gran escalador, primer repetidor de la Gredos Circus junto a Borja Ayed, otro gran amigo, escalador y guía de montaña. Ya cuando llegamos a Asturias, en octubre de 2010, comenzamos a echarle el ojo a distintas zonas, paredes, riscos y agujas donde abrir esta vía de homenaje a Dani, pero con la llegada del frío, las lluvias y el invierno, dejamos la idea algo aparcada. Más tarde, cuando ya podíamos plantearnos la apertura, falleció Sergio Breñas. Entonces, la primera vía que abrimos, se la dedicamos a Sergio (como se puede ver en este enlace). Por fin, un año y medio después nos pusimos manos a la obra. Dondequiera que esté Dani, estará orgulloso de esta vía, en artificial como le gustaba a él; ya se encargará alguien de liberarla...
Preparado para la acción
Comencé metiendo un empotrador y colgándome de él con más miedo que otra cosa, e inmediatamente, metí un clavo algo más arriba. Al colgarme del clavo, y notar su solidez, empecé a tranquilizarme. Seguí metiendo microfisureros, dos ó tres, hasta un punto donde la fisura no me ofrecía ningún emplazamiento fiable, así que saqué mi gancho, lo coloqué y aguantando la respiración para pesar menos, me colgué de él. Colgado del gancho, fui subiendo de peldaño en peldaño, me equilibré y puse otro seguro. Con una sensación increíble de estar haciendo algo muy guapo, seguí progresando poco a poco, metiendo un clavo aquí, un microfriend allá, un RP más adelante... Mientras Carol me aseguraba abajo, muerta de frío, me gritó que llevaba escalando una hora. Yo allí arriba, no notaba que el tiempo estuviera pasando tan deprisa, y me iba sintiendo cada vez más suelto y confiado, colgando de pequeñas piezas metálicas que seguramente no aguantarían una caída mediana, pero que de momento me aguantaban el peso (no llego a los 70 kg, e incluso con toda la cacharrería que llevaba encima, no llegaba a los 75 kg).
Aguantando la respiración para pesar menos
De modo que continué poniendo pequeños seguros y progresando sobre ellos, hasta llegar a una sabina en medio de la fisura que me cortaba el paso. Lo primero que hice fue pasar un cordino por el tronco e intentar colgarme, pero al tirar con la mano aquello empezó a crujir, y las ramas de la sabina se desprendieron casi sin esfuerzo, llevándome un pequeño susto. Terminé de quitar los restos de la sabina, y metiendo una buena pata de cabra un poco más arriba, seguí mi camino hacia arriba. Otro paso más, y llegué a un tramo que me dio bastante trabajo: metí un microfriend y me colgué de él, pero realmente no sé qué pasó porque noté un pequeño tirón en el seguro, y me cambié rápidamente al estribo de más abajo. Al mirar el microfriend, vi que se había movido ligeramente de su emplazamiento, y las dos levas más externas estaban invertidas. "¡Miércoles! Me he cargado el friend...", pensé mientras forcejeaba con él para sacarlo de la fisura. Así que metí un universal apuntando hacia abajo que no me daba nada de confianza, me colgué de él con mucho miedo, puse un gancho 30 centímetros más arriba y me pasé al gancho. Allí estuve un buen rato respirando y calmándome (el gancheo era para quedarse a vivir en él), mientras buscaba otro emplazamiento para seguir subiendo. Pero me temo que estuve demasiado tiempo buscando otros emplazamientos. Pude colocar un empotrador del 9 estirándome un poco, pero ya no me sirvió de nada:
Colgado del gancho
Llevaba una hora y tres cuartos para subir 20 metros, y Carol se estaba congelando mientras me aseguraba a la sombra; ya no sentía los dedos de los pies, así que me descolgó del último seguro que puse (el fisurero del 9, metido a cañón en la fisura), y fui limpiando la fisura hasta el suelo, dejando dos clavos en su emplazamiento para evitar deteriorar la fisura en exceso. Habría que volver otro día... Y hasta la semana siguiente no pudimos volver, porque la méteo no acompañaba. Esta vez empezó a escalar Carol; en 45 minutos estaba en el punto más alto alcanzado la otra vez, y siguió metiendo seguros hasta el árbol desde el que se bajó cuando abrimos la Sergio Breñas (aquí está la historia completa), ahí continuó 3 ó 4 metros en libre, por la placa de IV+ y el pequeño diedro final, con un último paso de A1 sobre un alien para salir a la cima de la pared. Montó la reunión en el rápel de la Sergio Breñas, y me aseguró desde arriba, mientras yo subía de segundo e iba recuperando todo el material. En un paso a mitad de la vía, y como peso 20 kilos más que Carol, arranqué una pata de cabra del 0'5 al colgarme de ella, y me fue directamente a la cara. Menos mal que esa es la más pequeña, y tiene más cantidad de cinta que de metal, porque podría haber perdido algún diente... Además, como iba de segundo, la caída fue sólo de unos 20 ó 30 centímetros. Más adelante, al salir en libre en la placa de IV+, cagué fuego para pasar esos 3 ó 4 metros porque llevaba deportivas, pero al ir de segundo no tuve mayor problema, y pude llegar a la reunión. Así, terminamos la vía sin más incidentes, montamos el rápel y nos bajamos. En 2 horas, ambos habíamos escalado la vía, y estábamos en el suelo recogiendo el material.
A mitad de la vía
La vía Dani Crespo se abrió en artificial los días 8 y 14 de enero de 2012, y discurre por una fina fisura diagonal, paralela a la Sergio Breñas, un metro a la izquierda de ésta, para juntarse con ella en el último tramo. La reunión es común con la de la Sergio Breñas, por lo tanto la bajada se hace en rápel desde el mismo cordino con maillón en el árbol. Son 30 metros que nosotros graduamos de A1, quedaron dos clavos puestos, y se puede asegurar con friends del 00 al 3, un juego de fisureros, otro de microfisureros (Microstoppers de Black Diamond, o Superlight Rocks de Wild Country), además de 3 ó 4 patas de cabra de las más pequeñas (del 0'5 al 2). No hacen falta más clavos, y los ganchos no son imprescindibles (yo usé un Talon de Black Diamond, pero Carol no lo necesitó). Aunque todavía no hemos intentado liberarla, creo que no saldrá más difícil de 6a ó 6a+, pero eso es algo que no se sabrá hasta que volvamos para intentarlo...
Carol pedaleando
Carol y yo después de abrir la Dani Crespo





sábado, 7 de enero de 2012

NO A LAS CLECAS

Las clecas son esas pequeñas (y no tan pequeñas) marcas que se hacen en la roca con tiza o magnesio, para señalar donde están los agarres o apoyos, y así 'facilitarnos' los encadenes. Por mi parte, creo que sólo nos embrutecen más, ya que así evitamos tener que pensar dónde está el siguiente agarre o cómo será el próximo movimiento. Sí pueden tener cierta utilidad en determinados casos ensayando vías con agarres fuera de la vista, pero su uso indiscriminado sólo servirá para anular los cerebros pensantes de los escaladores, además de producir un impacto visual negativo en las zonas más visitadas (ya de por sí manchadas de magnesio). Ya habréis visto la imagen de la columna de la izquierda, pero quizá no conozcáis el mensaje que la acompaña. Esto lo encontré hace tiempo en 8a.nu; ya había visto la imagen en otras webs, pero no el manifiesto, no os lo perdáis:


NO A LAS CLECAS
Manifiesto en contra de las clecas

La proliferación de las clecas en vías de escalada y bloques al aire libre está desvirtuando por completo algunos estilos de escalada. Se pierden alicientes y capacidad de aprendizaje, y se esfuman algunas motivaciones, ya que desaparece el reto de descubrir los misterios que esconde la roca. A ello se suma el impacto visual que producen, lo que ha dado lugar a que se prohíba su uso en algunos espacios naturales.

¿Qué será del reto de tener que descubrir las presas en la roca y descifrar la secuencia de movimientos cuando escalamos a vista?
Ya sólo con el magnesio que se queda en los cantos se desvirtúa la escalada a vista. Necesitamos pensar menos y actuamos como autómatas ante el estímulo de la manchas blancas. Con las clecas, esta automatización se magnifica, no hace falta saber "leer" la roca, sólo queda seguir las marcas que recorren la pared. El tener que descubrir e interpretar las formas de la roca, el saber si hemos elegido bien o mal el recorrido, ya no tendrá aliciente y la roca natural se parecerá más a un rocódromo. La escalada a vista, y el aprendizaje que ello conlleva, ya no tendrán ningún sentido y perderemos un estilo de escalada que para muchos de nosotros es una parte esencial de este deporte.

¿Qué será del reto de tener que memorizar las presas y visualizar los movimientos en una escalada ensayada?
 Las clecas nos 'ayudan' (¿idiotizan?) cuando ensayamos una vía de escalada, ya no hace falta memorizar las presas ni los apoyos de los pies, y la visualización de los movimientos no es tan importante. De nuevo progresaremos por la roca cual autómatas, siguiendo la línea discontinua de rayas y puntos blancos. Memorizar y visualizar, partes indisociables de la escalada ensayada, o eso creíamos algunos antes de que aparecieran las clecas.
Las clecas nos afectan a todos, y condicionan la manera en la que escalamos, el estilo y nuestra conducta en la escalada. Por eso hacemos una campaña en contra de las clecas.
Os pedimos que os unáis a ella y difundáis este mensaje. Participa de forma activa y borra las clecas con tu cepillo (que sea blando y que no dañe la roca). Si las utilizas, olvídate de ellas y respeta a los demás, saldrás ganando y todos podremos seguir aprendiendo. Algún día volveremos a disfrutar de la escalada a vista, de la memorización y la visualización.
Lo conseguiremos.
EJERCITA TU MEMORIA: NO A LAS CLECAS!!