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lunes, 17 de septiembre de 2012

CLÁSICAS EN EL URRIELLO. NANI, MDinf

El Urriello apareciendo entre la niebla
Este año, Carol y yo hemos tenido unas mini-vacaciones de cuatro días en Vega de Urriello. Salimos de casa el jueves por la mañana, llegamos a Pandébano a mediodía, y al refugio tres horas y media después; yo iba cargadísimo como un mulo (como siempre), y acabé reventado por el esfuerzo; cuando llegué a Vega Urriello Carol llevaba una hora esperándome, y estaba fresca como una lechuga. Buscamos un vivac donde pasar estos días, ya que no íbamos a entrar en el refugio ni habíamos traído la tienda, y dedicamos el resto de la tarde a hacerlo más acogedor, levantando un poco más el murete de piedra.
A la mañana siguente, nos dirigimos a la cara sur; queremos hacer la Sur Directa (Dinf, 110 m, IV+), porque es la primera vez que Carol viene aquí. Al llegar al pie de vía, vemos que hay dos cordadas escalando y otras dos esperando en el suelo, así que decidimos cambiar de objetivo. Ya le habíamos echado el ojo a la Nani (MDinf, 250 m, V+), y decidimos atacarla. Hay una travesía de V+ en el quinto o sexto largo, que me tenía preocupado desde el momento en que decidimos incluirla en las vías que queríamos escalar estos días...
En la esquina inferior derecha de la cara sur, hay un gran gendarme adosado por el que discurre la primera mitad de la Nani. Empezó Carol empalmando los dos primeros largos, y yo seguí empalmando los dos siguentes hasta la cima del gendarme; estos largos van buscando el terreno más fácil y evidente por la fisura entre el gendarme y la pared. Carol estaba super motivada e ilusionada, pero yo andaba escalando un poco tenso desde el principio, incluso de segundo. La travesía que nos esperaba más arriba ocupaba todos mis pensamientos...
Llegando a la cima del gendarme de la Nani
En la cima del gendarme monté una reunión algo incómoda, donde recuperé a Carol y la aseguré en el largo clave, el de la travesía. Aquí, la vía hace una zeta, primero un tramo de IV+ en diagonal a la izquierda, y después otro tramo más largo, en travesía casi horizontal a la derecha, de V+ con agarres pequeños y raros, y que no se puede proteger muy bien, aunque hay algunos cordinos en puentes de roca y un par de clavos. Mientras aseguraba a Carol, creo que estaba yo más nervioso que ella viéndola progresar por esas placas casi lisas. Al fin llegó a la siguiente reunión, y pudimos respirar algo más tranquilos. En mi turno, empecé a remontar el tramo de IV+. Iba muy nervioso, aunque estaba escalando aceptablemente, y al llegar al primer nicho (donde el croquis marca una reunión antes del tramo horizontal), me senté allí a respirar y calmarme. En unos segundos volví a salirme a la placa, buscando agarres y apoyos, y de hecho seguía avanzando poco a poco, mirando y buscando rugosidades que me pudieran servir para avanzar. En un momento, sentí cómo un miedo incapacitante iba creciendo en mí y cómo iba perdiendo el control, y empecé a hiperventilar. Estaba sobre dos pequeños apoyos, agarrado a dos mierdecillas, jurando y con la cabeza funcionando a 1000 por hora. Sólo era capaz de decirle a Carol "¡Al loro! ¡Al loro! No pilles que me tiras...", y pensaba una y otra vez "¿Qué estoy haciendo yo aquí?". Quise intentar un truquillo con un cintajo largo en un puente de roca, pero no me atrevía, estaba bloqueado. Incluso volví a pensar en dejar la escalada para siempre (hace siete años estuve a punto de dejarlo, porque pasaba un miedo tan terrible que me paralizaba durante largos enteros, me tenía que bajar de las paredes y no disfrutaba nada. Afortunadamente, aún sigo escalando, y sin intenciones de dejarlo). Yo no sé cuánto tiempo estuve ahí parado, sudando, buscando y pasándolo mal, hasta que en una pequeña ventana de lucidez entre todo aquel pánico, le dije a Carol que fijase una de las dos cuerdas para que pudiera usarla como pasamanos, y que me recuperase con la otra. Así lo hicimos, y unos minutos más tarde estaba anclado a la reunión junto a Carol.
Pasando miedo en la Nani
Llegados a este punto, al menos nos quedaban tres o cuatro largos, y yo me veía incapaz de seguir escalando de primero. A Carol no le importó mucho ese pequeño detalle, se colgó los seguros y las cintas en el arnés, y tiró para arriba. La reunión donde estábamos es una repisa bajo un gran bloque naranja característico, y hay que salir de ella en travesía a la izquierda para bordear el gran bloque por terreno difícil. Una vez superado el bloque, la dificultad afloja un tanto, y se puede empalmar con el largo siguiente por unas placas con canalizos. Para el siguiente largo Carol siguió en cabeza, aún nos quedaba un paso difícil en este largo, y mi cabeza estaba igual que antes; aunque volvía a escalar aceptablemente, mis movimientos eran bastante tensos. De nuevo, Carol fue progresando por esas placas finas que tanto le gustan, hasta que llegó a la reunión, donde me recuperó. Al llegar, vi que ya estábamos en el borde del hombro E, asomados al anfiteatro de la cara S; de ahí a la cima del hombro y el final de la Nani, sólo queda una corta y aérea trepada hasta el bloque con cordinos del que se rapela al anfiteatro. Bastante aliviado al ver que ya terminábamos, agarré los fisureros, y con el material que había recuperado en el largo anterior, salí hacia la cima del hombro por terreno fácil, pero algo aéreo y descompuesto. Allí recuperé a Carol, y rapelamos hacia el anfiteatro, dando por terminada la escalada: "Ya subiremos a la cima en otra ocasión, vamos a estar dos días más por aquí. Aún hay que rapelar y se está haciendo tarde".
El último paso difícil
Aún estuvimos dos días más por la zona, escalando un poco más, subiendo a la cima, y encontrándonos con varios amigos y conocidos. El domingo nos bajamos por la mañana y pasamos por Ribadesella, para ver la playa antes de volver a casa.
Por fin, en la cima del Urriello

2 comentarios:

  1. Gracias por tu relato. Todos los que escalamos y hacemos alpinismo hemos pasado por momentos como los que describes y, la verdad, resultan duros. Es un gustazo ver que alguien tiene el valor no sólo de enfrentarse con sus miedos en la pared sino, además, de contarlos y compartirlos con los demás. Eso es lo que nos hace mucho más grandes como gente de montaña y personas. De máquinas está el mundo lleno pero a mí, personalmente, los superhombres no me aportan nada. En ese diálogo que describes tan bien con la escalada pasan muchas cosas por la cabezota... y ¡qué coño! aprendemos de nosotros mismos. Un fuerte abrazo y gracias otra vez.

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    Respuestas
    1. Hola. Muchas gracias por tu comentario.
      Me alegra ver que os gustan mis 'historietas'... Para mí es también un placer poder compartirlas con vosotros, aunque ya ves que son actividades muy normales. Y al final, también es un placer poder pasar esos momentos duros en la montaña, porque esos momentos los recordamos como algo especial, y como dices, nos hacen aprender bastante de nosotros mismos.
      Un abrazo.

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