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sábado, 21 de febrero de 2015

LAS EXCUSAS

Todos conocemos a alguien experto en inventarse excusas para no escalar de primero. "Dale tú, que estás más fuerte", "hazte este largo, que a tí se te dan mejor las fisuras", "empieza tú, que llevo 3 años sin escalar en granito", "es que yo nunca he hecho artificial sobre friends", "mira a ver, que yo no puedo", "es que yo el otro día", y así hasta 1000... Pero lo mejor viene después, cuando el experto excusero llega a la reunión y te dice: "qué vía tan bonita, tengo que traer aquí a mi novia", con lo que se te queda una cara de tonto que no puedes con ella, y piensas "¿a quién pretende engañar este pobre infeliz?".
¿Qué es una excusa? Según la RAE es un motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión. Es un razonamiento más o menos elaborado que usamos para intentar justificar lo injustificable: que no somos (o no nos creemos) capaces de realizar una acción para la que objetivamente estamos capacitados, ya sea por miedo, vagancia, falta de compromiso o lo que sea, pero sin reconocer explícitamente ese sentimiento. Incluso es posible que realmente el "excusero" sea incapaz de realizar la acción, pero como no actúa, es imposible saberlo.
La otra opción es intentar justificar un comportamiento guiado por los sentimientos anteriores (miedo, vagancia, falta de compromiso, etc), sin reconocer ese sentimiento. Como ejemplos del primer caso, todos los que puse al principio del post; ejemplos del segundo caso serían intentar justificar de forma lógica por qué un escalador cree necesario meter un seguro cada 15 cm en una vía muy por debajo de su nivel físico y técnico, por qué siempre se agarra a las cintas, o por qué se ha caído (me resbalan los gatos, me sudan las manos, hay mucha gente mirándome, o los astros no están alineados para encadenar...). Como todos sabemos, estos razonamientos no son más que un montón de mierda, mentiras y autoengaño.
¿Y por qué damos tantas excusas? Principalmente porque no queremos reconocer los sentimientos de los que hablaba antes (miedo, vagancia, etc), puesto que hacerlo supone aceptar que no somos como la gente (o uno mismo) cree que somos. Pero no sólo damos excusas a terceras personas, también nos las ponemos a nosotros mismos para justificar por qué no entrenamos, por qué no llevamos una alimentación adecuada, por qué no dejamos de fumar o por qué seguimos poniendo excusas para todo.
Hay una estrategia para "desenmascarar" las autojustificaciones, y es hacernos 5 preguntas; las preguntas son una herramienta muy poderosa para el cambio, pero es imprescindible una honestidad brutal y respuestas muy concretas (y si acostumbramos usar excusas para todo, no tendremos esa honestidad...). Las preguntas son: ¿De dónde viene esta excusa?, ¿es cierta?, ¿cómo es mi vida con ella?, ¿cómo sería mi vida sin ella?, y ¿qué se esconde realmente tras ella? Respondiendo honestamente a estas 5 preguntas, descubrimos que nuestros pretextos son sólo mentiras, y cuando vemos la realidad de nuestras "creencias" también vemos que no se sostienen, y que no tiene sentido mantenerlas por más tiempo.
Pero acabar con las excusas de terceras personas es más difícil. Plantearle estas preguntas a un experto excusero nos puede enredar en una maraña de excusas, pseudorazonamientos y pretextos de la que es casi imposible salir: si el excusero no quiere abrir los ojos, no va a hacerlo por mucho que insistamos. Al final, como casi todo, el tema se reduce a una cuestión de autodisciplina (o falta de ella, en este caso).
Para terminar, os dejo una de las frases más interesantes e inspiradoras que he leído mientras preparaba esta entrada: "El que quiere hacer algo, encuentra el camino. El que no quiere hacer nada, encuentra una excusa."




martes, 14 de enero de 2014

VISITA A LA PEDRIZA

Aprovechando la visita anual a la familia por las navidades, estuve un par de días en la Pedriza con algunos amigos. Nos acercamos a la Vela para hacer la Francisco Prieto, una clásica de artificial sencillo de la Pedriza.
El grupo Pajarito-Vela-Campana
El miércoles 8 de enero por la noche, salimos de Madrid Víctor, Jimmy y yo para encontrarnos con Claudio en el parking de Canto Cochino. Vivaqueamos por la zona, y durante la noche tuvimos un incidente con un zorro que se llevó una bolsa con medio roscón de Reyes que había traído Víctor.
A la mañana siguiente
A la mañana siguiente, subimos hacia el refugio Giner por la Autopista de la Pedriza, desviándonos hacia el collado Cabrón, donde descansamos un rato; yo estaba reventado, llevaba mucho tiempo sin portear una mochila pesada y sin hacer montaña, y me estaba costando. Al final, después de casi dos horas, llegamos a la base de la Vela. Allí, preparamos todo el material, un estupendo juego de Camalots C3 y C4 de Jimmy, totalmente a estrenar, algunos fisureros, un manojo de expreses y los estribos. Esta vía ya la tengo hecha varias veces, y como ya me lo sé, me puse los gatos para la trepada inicial hasta un pequeño hombro. A pesar de haberla hecho ya, no recordaba que ese tramo fuera tan duro. En la guía lo ponen de V-, pero me pareció algo más difícil.
Preparando el material en la Vela
Una vez en el hombro, saqué los estribos y empecé a progresar por la placa con spits hasta el comienzo de la fisura. Allí, metiendo friends, fui progresando com bastante cuidado, ya que hace meses que no escalo. Los primeros 5 ó 6 pasos en la fisura fueron tensos, hasta que volví a cogerle el rollo al tema. Llegué a un clavo, un universal algo oxidado en el que el mosquetón hacía palanca contra la roca, así que pasé un cordino para chapar el clavo. Más arriba, encontré un anillo de cordino colgando de la fisura. Un análisis más detenido me hizo ver que lo que yo creí que era otro clavo, en realidad era el vástago de un friend que alguien metió demasiado y luego no pudo recuperar. Al colgarme de aquello, el friend se recolocó, y me llevé un buen susto, pero aguantó mi peso y el de mis 3 compañeros sin problema. Sin mayores contratiempos, llegué a la reunión. No sé por qué, pero a pesar de haberla hecho varias veces, no recordaba que la reunión estuviese equipada con parabolts con anilla; aún pensaba que había que rodear el bloque de la cima (la "llama" de la Vela) con un anillo largo y rapelar desde allí, así que me llevé una grata sorpresa al ver las relucientes chapas... Y eso que la última vez que la hice ya tenía la reunión equipada.
Después de escalar la vía
Al bajar, dejé todo montado para que subieran los demás; Jimmy quería probarla en libre de segundo, Claudio andaba con problemas de espalda y no quiso arriesgarse a hacerse daño yendo de primero, y Víctor no va cómodo de primero en artificial.
Jimmy empezó la vía en artificial por la placa con spits, y al llegar a la fisura tuvo que dar otro par de pasos en los estribos porque la fisura es muy fina. Cuando alcanzó una zona más ancha y salió en libre, podíamos oír sus comentarios al probar los pasos mientras resoplaba. Aún tuvo que subirse a los estribos un poco más arriba.
Añadir leyenda
"Esto es ultraduro", dijo al llegar al suelo...
Después subieron Claudio y Víctor sin mayores problemas, ambos en artificial. Víctor recuperó el material al bajar, recogimos todo y nos bajamos hacia el Cáliz, para escalar allí antes de volver a los coches, pero nos pasamos el desvío y seguimos bajando por el sendero que lleva a la charca Verde y a canto Cochino.
Cuánto tiempo llevaba yo sin pasar por todas esas zonas, a pesar de que el año pasado (en la visita navideña a Madrid) ya estuve un día haciendo artificial en el risco de la Familia, un fin de semana en el Yelmo y otro par de días en las Oseras... Pero ya no volveré a la Pedriza al menos hasta después del verano.



martes, 27 de agosto de 2013

NUEVA APERTURA EN VALLE DE LAGO (SOMIEDO - ASTURIAS) - EXTINCIÓN INMEDIATA, 6a

Preparando la cuerda a la entrada de la fisura
Somiedo es un Parque Natural asturiano, cuyo PRUG es bastante restrictivo. A pesar de no haberlo leído entero (imaginad lo entretenido que resulta un texto de este tipo), sé algunas cosas. Dentro de los límites del Parque hay algunas áreas donde el acceso a pie está prohibido; después de leer esto, podríamos deducir que la escalada también está prohibida, y de hecho, la creencia popular es que no se puede escalar en Somiedo. Pero en el PRUG se lee lo siguiente:
"[...] Dado que las actividades de escalada pueden producir problemas para la conservación de ciertas especies, estarán prohibidas en los roquedos que sirvan como lugares de cría o reposo a rapaces u otras aves (Art. 3.10, Uso público, interpretación y educación ambiental)". No especifica nada más, y en cualquier caso, como se ve en el título del post, estoy hablando de una posible apertura (únicamente se usaron seguros recuperables) en una pequeña escuela deportiva ya existente en el pueblo de Valle de Lago.
En definitiva, y para no enrollarme, hace poco estuve escalando en esta escuela con Carol. El sector donde escalamos está justo al lado de la carretera y tiene 3 vías equipadas. De una visita anterior, ya tenía vista una fisura medio en diagonal, medio en travesía de izquierda a derecha, totalmente limpia, y le había comentado a Carol que había que volver allí con una ristra de friends y probarla. Fue pasando el tiempo hasta que volvimos a Somiedo con intención de escalar, y fuimos directamente al sector en cuestión para calentar en las vías existentes y entrarle a la fisura.
Apretando el culo en los primeros metros
El caso es que la placa que hay por debajo de la fisura estaba recubierta de polvillo de roca, lo que hacía que las suelas resbalasen bastante. Metí dos friends casi desde el suelo y los triangulé, y encontré los dos emplazamientos siguientes: uno para un fisurero del 6 que tranquilamente podría aguantar nuestro Citroën Saxo colgando de él, y otro para un Camalot del 3. Hasta ahí llegué sin pena ni gloria, limpiando la arenilla de la placa con la mano, y siendo bien consciente de que aquello no era IV ni V... A partir de ahí, tenía que estirarme a un agarre pinchudo, aguantar los pinchos en la mano y meter un friend muy grande (Wild Country #5). Conseguí meterlo y pasar la cuerda, pero en el siguiente paso resbalé con la arenilla y caí 30 cm sobre el friend. Desde ahí limpié algo más de polvillo, buscando pequeños apoyos en la placa para poder subir en bavaresa, hice un par de intentos sin mucha convicción, y me bajé. Tengo la suerte de escalar al mismo nivel con una compañera totalmente complementaria a mí: cuando yo no puedo (física o psicológicamente), ella está allí, y viceversa. Y ese día, ella estaba allí.
Metiendo el siguiente friend
Hace años tuve un compañero de cordada (José Peña, quizá algunos lo conozcáis) que solía decir: "Para escalar hace falta algo que no se compra en las tiendas; pa' escalar hacen falta HUEVOS". Bueno, pues si hay algo que tenga Carol, son esos HUEVOS. Se colgó el material del arnés y entró a la fisura. Llegó hasta donde me había bajado, aparentemente sin mucho esfuerzo, y desde ahí empezó a resoplar, deseando meter otro cacharro cuanto antes. De hecho, también resbaló un par de veces con el polvillo de roca sin mayores consecuencias. Metió otro par de Camalots y varias patas de cabra de buen tamaño, mientras avanzaba poco a poco, con bastante tensión y esfuerzo, y sin parar de soltar por la boca (en esta cordada tenemos la boca muy sucia...). En un momento dado, tuvo que subir los pies hacia la fisura y empotrar la rodilla porque no encontraba apoyos en la placa. 2 ó 3 metros más adelante, cuando ya empezaba a dejar de verla detrás de la curva de la pared, la oí gritar que estaba en un tramo más fácil y que veía el descuelgue de la primera vía. Ya que hay vías equipadas en la pared, nuestra idea era aprovecharlo y llegar hasta el descuelgue de la primera vía de la izquierda, pero seguramente se podría montar una reunión con friends antes del descuelgue y hacer un segundo largo más corto y fácil que la fisura para salir por arriba (se puede bajar andando hasta el pie del risco).
Carol empotrando la rodilla
Cuando me llegó el turno de escalar, estaba un poco tenso; volví a subir hasta donde había llegado, empotrando los puños y recuperando el material, y volví a resbalarme donde lo había hecho antes. Como soy más alto que Carol, no me hizo falta subir los pies ni empotrar la rodilla, y pude usar algunos apoyos que ella no alcanzaba. El tramo más duro (los primeros 18 ó 20 metros) me resultó más difícil de lo esperado, y debo reconocer que pasé miedo en ese tramo. Pero afortunadamente, no ese miedo que te paraliza y te bloquea (como aquí), sino el que te impulsa a actuar. Apretando el culo conseguí llegar al tramo fácil (una placa de agujeros que no sería ni IV), donde pude respirar y calmarme: ya veía a Carol asegurándome en la reunión. Llegué hasta ella y rapelamos.
No encontramos nada en la fisura, ni rastros de paso ni material abandonado, y debido a la mentalidad generalizada del escalador asturiano (según la cual TODO debe estar equipado, aunque se pueda proteger con friends...), dimos por hecho que estábamos abriendo. Días después, Miguel Ángel Adrados me dijo que seguramente la fisura estaba sin escalar. En cualquier caso, si alguien tiene alguna información al respecto, repeticiones o lo que sea, agradecería que me la enviase.
El sector de la fuente con la fisura
La vía se abrió el 12 de agosto de 2013, la bautizamos como "Extinción Inmediata", y la graduamos de 6a; son unos 30 metros, y utilizamos un juego de fisureros, friends del 0 al 2 y uno del 5, Camalots del 0'75 al 3 y varias patas de cabra grandes, pero se podría hacer sólo con friends del 0 al 5, tamaños medianos repetidos.

viernes, 23 de noviembre de 2012

LA ESCALADA ARTIFICIAL

Cara oeste del Urriello, una pared larga, difícil y aislada, paraíso del artificial de dificultad



La escalada artificial es un tipo de escalada donde se utilizan los seguros como puntos de progresión y no sólo como seguro. Es decir, que el escalador se agarra a los seguros como ayuda en su avance por la pared. Originalmente, muchas vías se abrieron mediante el uso de la escalada artificial, y con el paso del tiempo, las mejoras en el material y en los métodos de entrenamiento, y, sobre todo gracias a un cambio de mentalidad, muchas de estas vías clásicas se fueron forzando en libre. Prácticamente en cualquier escuela con varias décadas de historia, podemos encontrar ejemplos de estas vías, artificiales en su apertura y liberadas con el paso de los años: muchas clásicas de los años 50, 60 y 70 en macizos como Picos de Europa, Montserrat, Pedriza, Galayos, Pedraforca, Ordesa, Riglos... A partir de los años 80 se fue desarrollando lo que más tarde fue la escalada deportiva, y en aquellos años la escalada artificial estaba mal vista; los estribos, la maza y los clavos eran evitados por casi todos: el artificial era un recurso para cuando no se podía pasar en libre. A pesar de eso, se  continuaron abriendo vías artificiales cada vez más laboriosas, técnicas y difíciles (El mirall impenetrable, 6a y A5 en la Pared de l'Aeri, Montserrat, Incontinencia d'inconsciencia, A5 en Montrebei, o Sueños de invierno, en la cara oeste del Urriello, originalmente de A5, ahora graduada como 6b y A4).
La escalada artificial nos pondrá la pila a nivel mental
La graduación de las dificultades en escalada artificial se basa en la exposición más que en la dificultad pura, de modo que se hace imprescindible tener una serenidad y un control mental muy elevados: a menudo, las protecciones son precarias o sólo aguantan un poco más que el peso del escalador (gancheos, microempotradores, puntas de clavo...), y las caídas potenciales pueden ser muy largas o peligrosas, al ir a chocar contra repisas o diedros cercanos.
Actualmente la escalada artificial es una actividad que, aunque minoritaria, tiene sus adeptos, y hay zonas españolas donde es normal escalar largos (e incluso vías enteras) artificiales: la cara oeste del Pico Urriello, muchas escuelas y paredes del Prepirineo (Vilanova de Meià, Montrebei, Roca Regina), Levante (Peñón de Ifach, Ponoig, Leiva), e incluso en pequeños riscos graníticos en la Pedriza, donde algunos fanáticos del pedal están abriendo auténticos rompecabezas de A4 y A5 (un saludo a Galo desde aquí). Así que, buscando un poco, seguramente encontraréis algunos largos artificiales en vuestras zonas habituales de escalada, donde pasar un buen rato pedaleando, o donde envejecer de miedo en algunos clavos y buriles ponzoñosos...

domingo, 18 de noviembre de 2012

EL ENTRENAMIENTO DE LA TÉCNICA

Hace tiempo, hablaba de la técnica (aquí); pero apenas decía nada de cómo entrenarla. Lo primero que debemos tener claro es la complejidad técnica de nuestra actividad: existe una gran cantidad de diferentes técnicas gestuales que debemos (o deberíamos) dominar para ser técnicamente competentes en cualquier situación de escalada.
Para muchos, el entrenamiento de la técnica se reduce a hacer durísimos movimientos al límite de sus capacidades. Evidentemente, con eso no entrenaremos la técnica.
En un primer acercamiento, podemos diferenciar técnicas de agarres de manos y apoyos de pies, en escalada libre. Esto también dependerá de la inclinación de la pared y del tipo de roca: tenemos movimientos sobre superficies que no llegan a la vertical, verticales, desplomadas e incluso techos horizontales. Cada una de estas inclinaciones exigirá una determinada técnica gestual y además, deberíamos entrenar en las inclinaciones y con el tipo de presas que vayamos a encontrarnos en nuestras escaladas. Por ejemplo, si escalo habitualmente en escuelas de caliza vertical, con presas pequeñas, agujeros y regletas, así es como debería entrenar: en muros verticales de regletas y agujeros. En cualquier caso, cuanto mayor sea nuestro repertorio de técnicas gestuales, tanto mejor será nuestro rendimiento en diferentes tipos de escaladas, superficies e inclinaciones. Así podremos escalar en otras zonas, con otros tipos de roca y otros tipos de movimientos, sin pasar excesivas penurias, y disfrutaremos más de nuestras escaladas. Esto también es aplicable a cualquier actividad de montaña (alpinismo, escalada en hielo, artificial, esquí...), y a cualquier otra disciplina deportiva.
Como ya apuntaba en otro post, el mejor momento de la sesión para entrenar la técnica es justo después del calentamiento, porque el organismo aún no está agotado, y la mente estará más despejada y preparada para soportar las exigencias del entrenamiento. Si lo dejamos para el final de la sesión, cometeremos más errores debido al cansancio acumulado: al cerebro no le resulta fácil aprender nuevas técnicas en estados de agotamiento físico, los movimientos no serán precisos, y practicando una técnica incorrecta lo único que se consigue es una técnica incorrecta, además de aumentar el riesgo de lesiones. Con todo y en determinados momentos, ya avanzada la temporada, se puede incluir trabajo de técnicas conocidas en situaciones estresantes o de agotamiento, para recrear ciertas situaciones que se puedan dar en la roca, pero nunca incluir técnicas nuevas.
Podemos entrenar la técnica a lo largo de toda la temporada, desde las técnicas ya conocidas, ampliando progresivamente nuestro repertorio gestual con nuevas destrezas de movimiento, con diferentes inclinaciones de pared y en distintos tipos de roca.
El entrenamiento de la técnica gestual está muy relacionado con el aprendizaje motor, que es el proceso mediante el que se adquieren las habilidades de movimiento en cualquier actividad física, y del que podéis leer más aquí.

Para saber más:
-Guía completa de entrenamiento en escalada. D. Hague y D. Hunter. Ed. Tutor
-Bases para el entrenamiento de la escalada. C. Albesa y P. Lloveras. Ed. Desnivel
-Entrenamiento para deportes de montaña. J. Canals, M. Hernández y J. Soulié. Ed. Desnivel

EL APRENDIZAJE MOTOR

Aunque no nos damos cuenta, el aprendizaje motor está constantemente a nuestro alrededor en escalada, en todos los niveles de rendimiento. Siempre estamos aprendiendo algo nuevo: cómo hacer ese movimiento de oposición, cómo traccionar de ese agarre, cómo empotrar las manos en fisuras, cómo colocar un fisurero, cómo progresar en estribos...
El aprendizaje motor es el proceso mediante el cual se adquieren las técnicas de movimiento en cualquier actividad física. Este proceso es inconsciente, y consta de tres fases, independientemente de la actividad de que se trate, ya estemos aprendiendo a realizar nudos, a montar en bici, aprendiendo la brazada de mariposa en natación, o cualquier otra destreza de movimiento.
Los primeros intentos en una técnica nueva son torpes y poco eficientes
Estas tres fases son las siguientes: fase cognitiva/verbal, fase motora y fase autónoma. Aunque estas fases se dan en todo aprendizaje, su duración depende de la dificultad de la tarea a aprender, y de cada persona: no todos aprendemos al mismo ritmo.
En la fase cognitiva, el escalador se hace una idea general de la nueva técnica o movimiento, cómo y cuándo utilizarlo, y cuáles son sus elementos. Al principio es imprescindible una concentración máxima en el propio movimiento. Los primeros intentos para realizar la nueva técnica son poco eficientes, torpes y con movimientos bruscos, aunque con práctica se va consiguiendo fluidez en la nueva habilidad. La duración de esta fase depende de la complejidad de la tarea, pero en esta fase el aprendizaje es rápido. La nueva técnica sólo se podrá aplicar en algunas situaciones muy concretas, y en movimientos de dificultad inferior al máximo del escalador: estamos aprendiendo una técnica nueva, y se trata de ganar fluidez y comodidad aplicándola en diferentes situaciones antes de seguir progresando.
En la fase motora, la nueva técnica se aplica con cierta fluidez, ya no es necesaria tanta concentración para realizarla, aunque aún no se puede utilizar en cualquier situación de escalada. Con práctica sistemática de la nueva técnica, la duración de esta fase puede ser de semanas o meses, dependiendo de la complejidad del movimiento. La nueva técnica se puede aplicar en situaciones más variadas, cada vez con menos atención consciente, y cada vez en dificultades más cercanas al máximo del escalador.
Por último, en la fase autónoma, la técnica se ha automatizado y puede aplicarse en cualquier situación, en el máximo de dificultad del escalador, en intentos a vista, y en momentos de estrés o agotamiento. Esta fase tiene una duración de años, ya que las destrezas que se desarrollan a este nivel se utilizarán en nuevas escaladas y en diferentes inclinaciones y tipos de roca, durante toda nuestra vida deportiva. Si aprendemos una técnica hasta este nivel, podremos volver a utilizarla incluso después de años sin escalar, aunque dependiendo de la complejidad de la tarea, se necesitará cierta práctica para volver al nivel de rendimiento que teníamos en ella: los patrones de movimiento permanecen en el cerebro durante toda la vida. Es como aquello de montar en bici, que 'nunca se olvida'.
Este proceso está muy relacionado con el entrenamiento de la técnica y la práctica del movimiento (Aquí y aquí podéis leer acerca del tema). Cuanto más se practica, más rápido se aprende, pero esta práctica debe ser de calidad: si practicamos movimientos erróneos, sólo conseguiremos errores técnicos y una técnica incorrecta. Por eso, la práctica del movimiento y el entrenamiento de la técnica deberían ser deliberadamente impecables para evitar esos errores.

Para saber más:
-Guía completa de entrenamiento en escalada. D. Hague y D. Hunter. Ed. Tutor
-Entrenamiento para escalada. E. Hörst. Ed. Desnivel

miércoles, 31 de octubre de 2012

OCTUBRE MOVIDITO EN EL CASTIELLO

En los primeros metros del Diedro de los Jardineros
Dos vías nuevas en dos viernes consecutivos. Poco a poco, esto va tomando forma... El día 28 de septiembre volví con Carol a la peña del Castiello, con la sana intención de abrir una vía nueva. Ya teníamos varias líneas ojeadas, de hecho, el Diedro de los Jardineros (30 m, IV+) fue la primera línea donde vi posibilidades hace ya más de un año, aunque había una capa de musgo muy espesa, tierra suelta, hojarasca y matorrales secos y pinchudos. Una tarde limpiando, y el descubrimiento de las otras líneas que fuimos abriendo (las vías en homenaje a Sergio Breñas y Dani Crespo), nos hicieron relegar este diedro prácticamente al olvido. Y eso que cada vez que pasábamos por allí, le decía a Carol que debíamos subir a abrirlo. Pero Carol era bastante reticente hacia esta apertura, ya que al verlo siempre lleno de musgo, hojas secas y demás, le parecía que tendríamos mucho trabajo de limpieza. Bueno, algo de razón no le faltaba, pues me pasé un buen rato quitando musgo del fondo del diedro, y llenándome la cara y los ojos de tierra suelta. De ahí el nombre de Diedro de los Jardineros... La vía es del mismo estilo que las otras que ya abrimos anteriormente en el Castiello: una dificultad bastante asequible (nosotros la graduamos de IV/IV+), alrededor de 30 metros, y quedó totalmente limpia, ya que se puede proteger a placer excepto los últimos 4 ó 5 metros (una placa un poco expuesta con roca algo delicada). El descenso se hace rapelando desde el mismo árbol de las otras vías (cordino de 9 mm + maillón), y tiene la particularidad de que la hicimos en dos largos, el primer largo es el diedro en sí, y el segundo es la placa, aunque se puede hacer en un solo largo. Para repetirla, será suficiente con un juego de fisureros y otro de friends hasta el 4 (camalot #3 o equivalente), y un manojo de cintas largas.
Carol llegando a la 1ª reunión del Diedro de los Jardineros
El viernes siguiente, 5 de octubre, volvimos al Castiello con la misma intención de abrir vías. Esta vez escalamos el Espolón (30 m, V), una escalada elegante, en el mismo estilo: ambas vías quedaron totalmente limpias. Como en las otras vías abiertas en el sector, la roca ofrece numerosos puntos donde protegerse a voluntad, y las fisuras son francas.
Colocando el tricam en la enésima repetición de la Sergio Breñas
Unos días más tarde, estuve con unos amigos enseñándoles la zona y sus posibilidades. Ese día, entre otras, hice la primera repetición del Diedro de los Jardineros en un solo largo.
Más adelante, Carol pasó una mañana de domingo abriendo una vía en solitario que dejó sin terminar; empezando por un diedro algo desplomado hasta una enorme sabina que le obligó a seguir varios metros en travesía a la derecha, donde tuvo que bajarse de un friend del 1 (al loro!), porque no encontraba donde poner otro seguro en la placa que le quedaba por arriba. El siguiente martes fuimos a terminar la vía, pero ninguno de los dos se atrevió a llegar hasta el friend, así que escalamos el Diedro de los Jardineros, Carol rapeló para recuperar el material de la vía inacabada, y yo me quedé arriba para desmontar su rápel y bajar por el descenso normal.
Ahora estoy intentando convencer a unos cuantos para ir varios días a trabajar: limpiar de hojas y matorrales secos, tierra y algunas piedras sueltas que quedan aún en las vías, equipar un par de descuelgues en puntos clave, y abrir unos senderos de aproximación hasta el pie de vía. En cualquier caso, tenemos bastante trabajo para adecentar la zona, antes de dar a conocer la escuela, publicar una información fiable y unos croquis de algo interesante, no sólo un puñado de vías en un risco cuasi-desconocido.

lunes, 17 de septiembre de 2012

CLÁSICAS EN EL URRIELLO. NANI, MDinf

El Urriello apareciendo entre la niebla
Este año, Carol y yo hemos tenido unas mini-vacaciones de cuatro días en Vega de Urriello. Salimos de casa el jueves por la mañana, llegamos a Pandébano a mediodía, y al refugio tres horas y media después; yo iba cargadísimo como un mulo (como siempre), y acabé reventado por el esfuerzo; cuando llegué a Vega Urriello Carol llevaba una hora esperándome, y estaba fresca como una lechuga. Buscamos un vivac donde pasar estos días, ya que no íbamos a entrar en el refugio ni habíamos traído la tienda, y dedicamos el resto de la tarde a hacerlo más acogedor, levantando un poco más el murete de piedra.
A la mañana siguente, nos dirigimos a la cara sur; queremos hacer la Sur Directa (Dinf, 110 m, IV+), porque es la primera vez que Carol viene aquí. Al llegar al pie de vía, vemos que hay dos cordadas escalando y otras dos esperando en el suelo, así que decidimos cambiar de objetivo. Ya le habíamos echado el ojo a la Nani (MDinf, 250 m, V+), y decidimos atacarla. Hay una travesía de V+ en el quinto o sexto largo, que me tenía preocupado desde el momento en que decidimos incluirla en las vías que queríamos escalar estos días...
En la esquina inferior derecha de la cara sur, hay un gran gendarme adosado por el que discurre la primera mitad de la Nani. Empezó Carol empalmando los dos primeros largos, y yo seguí empalmando los dos siguentes hasta la cima del gendarme; estos largos van buscando el terreno más fácil y evidente por la fisura entre el gendarme y la pared. Carol estaba super motivada e ilusionada, pero yo andaba escalando un poco tenso desde el principio, incluso de segundo. La travesía que nos esperaba más arriba ocupaba todos mis pensamientos...
Llegando a la cima del gendarme de la Nani
En la cima del gendarme monté una reunión algo incómoda, donde recuperé a Carol y la aseguré en el largo clave, el de la travesía. Aquí, la vía hace una zeta, primero un tramo de IV+ en diagonal a la izquierda, y después otro tramo más largo, en travesía casi horizontal a la derecha, de V+ con agarres pequeños y raros, y que no se puede proteger muy bien, aunque hay algunos cordinos en puentes de roca y un par de clavos. Mientras aseguraba a Carol, creo que estaba yo más nervioso que ella viéndola progresar por esas placas casi lisas. Al fin llegó a la siguiente reunión, y pudimos respirar algo más tranquilos. En mi turno, empecé a remontar el tramo de IV+. Iba muy nervioso, aunque estaba escalando aceptablemente, y al llegar al primer nicho (donde el croquis marca una reunión antes del tramo horizontal), me senté allí a respirar y calmarme. En unos segundos volví a salirme a la placa, buscando agarres y apoyos, y de hecho seguía avanzando poco a poco, mirando y buscando rugosidades que me pudieran servir para avanzar. En un momento, sentí cómo un miedo incapacitante iba creciendo en mí y cómo iba perdiendo el control, y empecé a hiperventilar. Estaba sobre dos pequeños apoyos, agarrado a dos mierdecillas, jurando y con la cabeza funcionando a 1000 por hora. Sólo era capaz de decirle a Carol "¡Al loro! ¡Al loro! No pilles que me tiras...", y pensaba una y otra vez "¿Qué estoy haciendo yo aquí?". Quise intentar un truquillo con un cintajo largo en un puente de roca, pero no me atrevía, estaba bloqueado. Incluso volví a pensar en dejar la escalada para siempre (hace siete años estuve a punto de dejarlo, porque pasaba un miedo tan terrible que me paralizaba durante largos enteros, me tenía que bajar de las paredes y no disfrutaba nada. Afortunadamente, aún sigo escalando, y sin intenciones de dejarlo). Yo no sé cuánto tiempo estuve ahí parado, sudando, buscando y pasándolo mal, hasta que en una pequeña ventana de lucidez entre todo aquel pánico, le dije a Carol que fijase una de las dos cuerdas para que pudiera usarla como pasamanos, y que me recuperase con la otra. Así lo hicimos, y unos minutos más tarde estaba anclado a la reunión junto a Carol.
Pasando miedo en la Nani
Llegados a este punto, al menos nos quedaban tres o cuatro largos, y yo me veía incapaz de seguir escalando de primero. A Carol no le importó mucho ese pequeño detalle, se colgó los seguros y las cintas en el arnés, y tiró para arriba. La reunión donde estábamos es una repisa bajo un gran bloque naranja característico, y hay que salir de ella en travesía a la izquierda para bordear el gran bloque por terreno difícil. Una vez superado el bloque, la dificultad afloja un tanto, y se puede empalmar con el largo siguiente por unas placas con canalizos. Para el siguiente largo Carol siguió en cabeza, aún nos quedaba un paso difícil en este largo, y mi cabeza estaba igual que antes; aunque volvía a escalar aceptablemente, mis movimientos eran bastante tensos. De nuevo, Carol fue progresando por esas placas finas que tanto le gustan, hasta que llegó a la reunión, donde me recuperó. Al llegar, vi que ya estábamos en el borde del hombro E, asomados al anfiteatro de la cara S; de ahí a la cima del hombro y el final de la Nani, sólo queda una corta y aérea trepada hasta el bloque con cordinos del que se rapela al anfiteatro. Bastante aliviado al ver que ya terminábamos, agarré los fisureros, y con el material que había recuperado en el largo anterior, salí hacia la cima del hombro por terreno fácil, pero algo aéreo y descompuesto. Allí recuperé a Carol, y rapelamos hacia el anfiteatro, dando por terminada la escalada: "Ya subiremos a la cima en otra ocasión, vamos a estar dos días más por aquí. Aún hay que rapelar y se está haciendo tarde".
El último paso difícil
Aún estuvimos dos días más por la zona, escalando un poco más, subiendo a la cima, y encontrándonos con varios amigos y conocidos. El domingo nos bajamos por la mañana y pasamos por Ribadesella, para ver la playa antes de volver a casa.

sábado, 8 de septiembre de 2012

EL MIEDO EN LA ESCALADA

Estamos escalando en montaña, una vía larga, dura, con pocas posibilidades de escape y en un sitio alto y alejado de la civilización, cuando de repente, negros nubarrones empiezan a arremolinarse sobre nosotros. ¿quién no tiene miedo en una situación así? Lo primero que pensaremos es que hay que bajarse cuanto antes; como las posibilidades de poder salir de ahí de forma segura son bajas, empezaremos a angustiarnos. Quizá cometamos más errores que de costumbre, la ansiedad no nos dejará pensar claramente: queremos salir de ahí y que no nos caiga un rayo... Si se desata la tormenta con nosotros aún en pared, vamos a pasar un rato muuuy entretenido, luchando contra nuestro miedo; si además, la vía está en nuestro límite, tenemos todas las papeletas para una situación de las que marcan, ya que tardaremos aún más tiempo en salir, estando expuestos durante más tiempo...
Según la RAE, el miedo es la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Esto es, cuando percibimos una situación de riesgo nuestro ánimo y nuestras acciones se ven afectados por esa emoción. Todos lo hemos sentido alguna vez escalando o en la montaña, y por supuesto en muchas otras situaciones: antes de un examen, viendo una peli de 'sustos', o en la carretera; todos sentimos miedo en determinadas situaciones, y el que diga lo contrario está mintiendo como un bellaco.
Es así, el miedo es un mecanismo de defensa del organismo que evita exponernos a situaciones que podrían matarnos, y como tal, forma parte de todos nosotros. Lo que es diferente para cada uno es el 'umbral' al que se dispara este mecanismo. Es decir, cuándo empezamos a tener miedo y qué es lo que nos lo causa. Para unos, alejarse 30 cm del seguro sin poder meter otro ya será una situación tensa; para otros, la tensión vendrá por escalar en roca descompuesta, por que caiga un alud, por que se rompa la cuerda o por caer y hacer una cremallera que arranque hasta la reunión. Incluso hay gente que tiene miedo de lo que pensarán otros de su actuación o de su forma de escalar... En todos estos casos, se trata de salir de nuestra zona de confort lo que nos causa miedo.
¿Es lo de más arriba lo que nos causa miedo?
Lo que hay que tener claro en ese momento, es si esa situación que nos asusta es factible, y qué posibilidades REALES hay de que se produzca. Si es posible que ocurra eso que tememos, hay que poner todos los medios (técnicos, tácticos, físicos, psicológicos y materiales) a nuestra disposición para evitar que ocurra, y si aun así esa situación escapa a nuestro control, asumir lo que nos puede pasar y liberar la mente de esa angustia. De esta manera, soltamos un lastre que nos puede hacer fracasar, pero hay que hacerlo antes de que el miedo nos bloquee y seamos incapaces de actuar.
La única solución eficaz para superar nuestros miedos es enfrentarnos a ellos, poco a poco y en entornos controlados. Si nos da miedo caernos, podemos practicar caídas controladas progresivamente más largas para saber a qué nos enfrentamos. Si nos da miedo arrancar todos los seguros del largo en una caída, lo mejor que podemos hacer es formarnos, aprender todo lo posible, y practicar la colocación de seguros flotantes siempre que se pueda. Buscando bien, encontraremos una solución para cada uno de los miedos que nos angustian a diario, y poder salir de nuestra zona de confort, ampliándola de esta manera.

Para saber más:
-Guerreros de la roca. Arno Illgner. Ed. Desnivel. Este manual es buenísimo para el tema que nos ocupa. No os lo perdáis.
-Entrenamiento para escalada. Eric Hörst. Ed. Desnivel.

EL PLACER DEL ESFUERZO

Para una persona que ha pasado toda su vida practicando alguna actividad física, el placer que proporciona el esfuerzo es algo que está fuera de toda duda. Aunque hay veces que ese esfuerzo no tiene nada de placentero, cuando lo terminamos sí que nos sentimos satisfechos... Largas aproximaciones cargando pesadas mochilas, largas escaladas de sol a sol, largas tardes sufriendo en el plafón, sobre la bici o en la piscina; un par de horas depués de terminado el esfuerzo, nuestro cerebro estará produciendo cantidades industriales de endorfinas, que es la hormona del placer, y nos provocará una gran sensación de placer y bienestar.
Carolina aproximando a la Canal del Pájaro Negro (Peña Santa)
Pero no me refiero a esto. Me refiero al placer que supone realizar un trabajo físico por uno mismo, en estos tiempos que corren de ascensores, vehículos a motor y comodidades. En la montaña es algo bastante evidente, sólo hay que pensar en los sitios que pisamos, y que llegamos a ellos con  nuestro propio esfuerzo. A ese tipo de esfuerzo me refiero; ¿por qué todo el mundo coge el funicular a Bulnes, cuando es mucho más gratificante y mucho más bonito (y mucho más barato) hacerlo por el camino tradicional de la canal del Tejo? ¿Por qué todo el mundo coge el teleférico de Fuente Dé, en lugar de subir los 800 metros de desnivel por la canal de la Jenduda? ¿Por qué rapelamos de muchas paredes de las que podríamos bajar destrepando, invirtiendo más o menos el mismo tiempo? ¿Por qué preferimos escalar cerca del coche, con una aproximación de cinco minutos, en vez hacer aproximaciones de dos horas para escalar? Eso es el progreso, la accesibilididad de todo para todos, la comodidad hasta límites insospechados, ir al WC en coche, y atrofiarnos hasta que no podamos levantarnos del sofá delante de la tele...
Este progresivo proceso que intenta eliminar cualquier esfuerzo o incomodidad a los seres humanos también ocurre en la montaña, como podemos ver. Lo más triste es que, poco a poco, esa mentalidad del mínimo esfuerzo se va imponiendo por todas partes. Pero, por suerte, podemos hacer algo al respecto: rechazar esas comodidades (todas o sólo algunas, cada uno sabrá...), volviendo a una forma de vida más pausada, menos estresante y más cercana a lo que debería ser la existencia humana (según mi opinión). Así, iremos redescubriendo el placer por el esfuerzo que teníamos cuando éramos más jóvenes, y nos daremos cuenta de lo que realmente importa en esta vida: correr, escalar, gritar, hacer cosas nuevas, amar, aprender... en definitiva, VIVIR.