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miércoles, 1 de junio de 2011

EMPOTRADORES MECÁNICOS

Friend
La aparición de los primeros dispositivos de expansión de levas a finales de los años 70 supuso una revolución en la escalada, porque así se podían proteger fisuras paralelas de forma segura y fiable. Hasta entonces, se usaban tacos de madera, clavos en v y bongs, nudos empotrados (éstos se siguen usando en algunos lugares), tuercas o diferentes piezas metálicas, si es que entraba algo. Normalmente, nos referimos a ellos como friends, ya que los primeros (diseñados por Ray Jardine y fabricados por Wild Country) se llamaban así. Es como el pan bimbo o los kleenex, que son marcas comerciales pero se usan como nombres genéricos para el pan de molde y los pañuelos de papel (o los empotradores de levas en nuestro caso). Con el tiempo, fueron apareciendo nuevos modelos de otras marcas, introduciendo ligeras modificaciones en el diseño original (vástagos flexibles, ejes dobles, tiradores ergonómicos...), lo que hizo que evolucionasen hasta los modelos actuales. El eje, que puede ser uno o dos, transmite la fuerza de la caída desde el vástago a las levas. Los friends de doble eje (Camalot de Black Diamond y Dragon de DMM) tienen un rango de expansión más amplio que los de eje simple, pero pesan algo más. El doble eje también hace que, teóricamente, se puedan utilizar como empotradores pasivos; las levas no tienen esas pestañas en la parte superior porque el eje funciona como tope. Pero aun así, esa colocación sigue sin gustarme, sea el eje simple o doble. Por otra parte, el doble eje permite que la pieza se pueda colocar en fisuras abiertas hacia adentro mejor que los de un sólo eje; una alternativa al doble eje son los friends asimétricos: las dos levas de la derecha son medio número más grandes que las de la izquierda. Así, la pieza trabaja mejor que los convencionales en este tipo de fisuras abiertas, y se pueden usar en fisuras paralelas. Estos friends son bastante específicos, y a no ser que escalemos siempre en zonas de granito con fisuras abiertas o ciegas (tipo La Pedriza), con un juego normal de friends nos las apañaremos.
El vástago puede ser rígido o de cable, y se une al centro del eje por su parte superior. Los vástagos rígidos van muy bien en fisuras anchas verticales, pero en fisuras estrechas el vástago rígido suele ser más ancho que la fisura, y no entra. Los friends de vástago rígido no se pueden (o no se deben) colocar en fisuras horizontales o diagonales donde una caída impacte perpendicularmente al vástago, porque se puede romper o doblar el vástago, o al menos la pieza se saldrá de su emplazamiento. Los friends de vástago flexible son más polivalentes, ya que los podremos colocar en fisuras horizontales o diagonales, sin los inconvenientes de los vástagos rígidos, y trabajan igual de bien en fisuras verticales, pero se manipulan peor debido a la flexibilidad del cable. Existen friends de doble vástago flexible, con cable en forma de U que se une a los extremos del eje, en vez de en el centro. Este tipo de vástago hace la pieza más estable en general, trabajan mejor que los otros en fisuras horizontales, pero no en fisuras verticales porque el doble cable lo hace demasiado rígido. 
La mejor forma de comprender lo siguiente es tener un friend en las manos y manipularlo: El diseño básico de cualquier empotrador de levas es el mismo, aunque hay ligeras diferencias entre marcas. Los friends consisten en una serie de levas (que pueden ser tres o cuatro), que se expanden mediante unos muelles, y giran sobre un eje horizontal (pueden ser dos ejes), y este eje se une en su parte central con un vástago vertical, que puede ser rígido o de cable. Las levas llevan unos finos cables de acero para unirlas al tirador que las contrae. Aunque su diseño y fabricación son bastante complejos, su uso es muy simple: se apoya el pulgar en el extremo inferior del vástago, y se tracciona del tirador con índice y corazón, como al usar una jeringuilla. Al accionar el tirador se contraen las levas, lo que permite introducir el friend en la fisura. Al soltar el tirador, los muelles expanden las levas contra las paredes de la fisura, y la pieza queda lista en su emplazamiento. O al menos debería ser así; ahora lo veremos con más detalle.
Los muelles están dentro de las levas
Las levas son las piezas que contactan con la roca, y tienen una forma ligeramente semicircular. Este diseño, que técnicamente se llama espiral logarítmica, consigue que el ángulo entre el eje y el punto de contacto con la roca de cada una de las levas sea siempre constante (unos 14°, según marcas), independientemente de su grado de expansión. Los muelles que expanden las levas están situados entre ellas, lo que hace que en tamaños pequeños la pieza sea demasiado ancha para las fisuras; los Aliens de CCH llevan los muelles en una ranura dentro de cada leva, así la cabeza es más estrecha que la del tamaño equivalente de cualquier otra marca. Actualmente, la mayoría de las levas llevan un tope en la parte superior para evitar que se volteen (sin estas pestañas, las levas podrían girar hacia arriba, como un paraguas volteado por el viento). Estos topes, en teoría también permiten usar el friend como un fisurero pasivo, con las levas totalmente expandidas. Personalmente, es una posibilidad de colocación de los friends que no me gusta nada en absoluto: la pieza no está realmente encajada en la roca, y se saldrá del emplazamiento a la mínima. Si un friend tiene que trabajar totalmente expandido, es que es demasiado pequeño para esa fisura, y lo mejor será poner uno de tamaño más grande o un empotrador, que trabajarán mejor.
Tamaños equivalentes, el gris es más estrecho porque lleva los muelles integrados en las levas. Esto permite colocarlo en fisuras ciegas y poco profundas
Normalmente, los friends llevan un anillo de cinta cosida para poder chaparlos, y cada marca suele tener un código de color que coincide con el código de color de sus fisureros. Algunos modelos, sobre todo los más pequeños, tienen la cinta en doble para chapar más corto o más largo. Si la ponemos en simple, en teoría no necesitaremos chaparle una exprés, pero una cinta larga nunca viene mal para reducir las vibraciones de la cuerda, y que el friend no ‘camine’ hacia el interior de la fisura.

Friend asimétrico
Las levas azules giran sobre el eje izquierdo, las grises sobre el derecho











Casi todos los friends de tamaños pequeños y medianos tienen pesos similares. Con las piezas más grandes será cuando empecemos a notar las diferencias de peso entre las marcas. En cualquier caso y en tamaños equivalentes, los de doble eje, los de vástago rígido y los de cable en U pesan más. De todas formas, el peso no es algo determinante a la hora de elegir los friends, y deberíamos fijarnos en aspectos como el funcionamiento del mecanismo, la dureza con que se accionan las levas, o la flexibilidad del cable.
Generalmente, se utilizan más los friends en granito, arenisca o cuarcita por sus fisuras rectilíneas, paralelas y uniformes. En caliza o conglomerado las fisuras son irregulares, y los friends se usan menos; nos protegeremos mejor con fisureros y patas de cabra. De todas formas, un juego básico de friends debería tener entre cinco y ocho piezas, e incluir los números 1, 1’5, 2, 2’5 y 3.
Para saber más:

-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel.
-Anclajes de escalada. John Long. Ed. Desnivel.
De izquierda a derecha, friend de vástago rígido, vástago flexible, cable en U y microfriend flexible

BARATAS IMITACIONES CHINAS

Ver para creer... Los chinos no saben qué hacer para ganar dinero. Por lo visto, no hace mucho que se han descubierto en el mercado falsificaciones de varios productos del fabricante francés Petzl: el mosquetón HMS Attache (Referencia M35SL), los bloqueadores Croll (Referencia B16) y Ascension azul (Derecho, referencia B17R), y la polea Rescue (P50). A pesar de que su aspecto visual es exactamente igual al de los productos originales, estas falsificaciones no cumplen las exigencias de  las normas CE y UIAA, ni las exigencias internas de Petzl en cuanto a su calidad y seguridad,  y tienen una resistencia muy inferior a la de los productos Petzl, con lo que resultan muy peligrosas, pues no se puede identificar a simple vista si se trata del producto original o de una imitación. Las imitaciones tienen grandes deficiencias en cuanto a su resistencia y calidad (por ejemplo, la resistencia mínima en el eje longitudinal del mosquetón Attache es de 20 kN, mientras que la imitación sólo llega a 13 kN), y se ha copiado hasta el más mínimo detalle de cada producto: el diseño, color y marcado del producto, el número de serie, la ficha técnica, el embalaje con caja de cartón marrón y todo el marcaje externo del embalaje.
No es la primera vez que se encuentran estas historias, a lo largo de los años se han descubierto copias de otros productos Petzl: algunos modelos de frontales Tikka y Myo, o equipo de protección para trabajos verticales; pero sí es la primera vez que las imitaciones tienen un aspecto idéntico al de los productos originales.
En caso de utilización de estas imitaciones, el peligro de rotura bajo cargas bajas es importante (¡y real!). Sólo el análisis realizado por un experto, analizando las tolerancias de las herramientas que fabrican estas imitaciones, puede diferenciarlas de los productos originales.
¿Qué podemos hacer para que los chinos no nos engañen como a un chino? Acudir a un distribuidor Petzl oficial, consultándolo en:
Petzl está haciendo esfuerzos para detener la producción e introducción en el mercado de estas imitaciones baratas (aunque seguramente, no tengan precisamente un precio barato...), y declina toda responsabilidad en caso de daños sufridos por el uso de estas falsificaciones.
Seguramente, esta situación sea extensible a otros productos de otras marcas, así que ya sabéis, mucho cuidado al comprar el material en sitios que no sean de confianza, porque podemos llevarnos un buen susto o incluso no contarlo por ahorrarnos cuatro duros...

COLOCACIÓN DE EMPOTRADORES PASIVOS

Los empotradores pasivos son (o deberían ser) la base de la protección en escalada limpia. Son piezas ligeras y sencillas, de colocación muy intuitiva y relativamente fácil, y una vez emplazados su evaluación visual es bastante evidente, incluso para escaladores poco expertos. Sin embargo, debemos seguir unas pautas generales, independientemente del tipo de protección que vayamos a instalar (fisureros, friends, patas de cabra...).
-Lo más importante: ningún seguro es totalmente fiable, por muy bueno que sea el emplazamiento, y no deberíamos confiar nuestra seguridad a un sólo anclaje, hay que colocar otras piezas durante la progresión.
-Un anclaje será tan resistente como la roca en la que se asienta. Cuando aguantan una caída, los empotradores generan una fuerza enorme hacia el exterior, así que evitaremos colocarlos detrás de lajas sueltas o bloques inestables.
-Antes de colocar una pieza de protección, hay que observar la roca y buscar emplazamientos evidentes para los seguros de que disponemos. Si nos es posible colocaremos un empotrador pasivo, el más grande que podamos, evitando maniobras complejas con varios anclajes (no se trata de ir montando reuniones por todo el largo).
Fisurero de lado
-Los empotradores tienen una posición básica, en la que trabajan de forma óptima, y otras posiciones alternativas que nos darán más posibilidades en emplazamientos raros y precarios (¡Atención!).
-Los empotradores pasivos deben terminar de asentarse con un tirón enérgico en la dirección de la posible caída. Cuidado con esto, pues si lo encajamos en exceso, el segundo se acordará de nosotros cuando tenga que retirarlos de la pared. Pero si los dejamos muy sueltos, los movimientos de la cuerda pueden hacer que se salgan de las fisuras. Para evitar esto último, pondremos una exprés larga, que transmite menos vibraciones de la cuerda, y nos ayudará a guiar la cuerda lo más recta posible.
Emplazamiento aceptable
-Fisureros. Para colocar un fisurero, buscaremos una fisura que tenga un estrechamiento hacia abajo (cuello de botella), y que sea lo más parecida en forma y tamaño a la pieza que queremos colocar. Si la fisura se estrecha hacia el exterior, el emplazamiento aguantará el tirón hacia afuera que hay cuando cae el primero de cordada. Hay que intentar que la superficie de contacto entre el fisurero y la roca sea la máxima posible; para esto, el fisurero debe ser ligeramente más grande que la fisura, y encajarse en la roca en la mitad superior de sus caras de contacto. Los fisureros tienen dos posiciones de colocación, de frente y de lado. De frente, hay más superficie de contacto entre el fisurero y la roca, y es más estable; de lado, hay menos superficie de contacto y más inestabilidad, pero suele ser la única posibilidad en fisuras ciegas o poco profundas. Los empotradores curvos son un poco más difíciles de colocar que los rectos, pero dan más estabilidad al tener tres puntos de contacto con la roca (un punto en la cara convexa y dos en la cara cóncava, uno de ellos en la parte superior  y el otro en la parte inferior); con este tipo de fisureros, tenemos que probar con la cara cóncava a derecha e izquierda, si hay contacto en esos tres puntos, y además la fisura se estrecha por debajo, el emplazamiento seguramente sea fiable. Si falla alguno de esos tres puntos de contacto, tendremos un seguro precario o inestable; si el contacto está demasiado arriba del fisurero, la pieza es pequeña y podría pasar a través del estrechamiento, y si el contacto está en la mitad inferior será muy grande para esa fisura. Como en todo, tendremos que usar el sentido común, el menos común de los sentidos...
Fisurero en cuello de botella
Hay situaciones particulares en las que tendremos que utilizar dos fisureros en oposición, donde uno sujeta al otro en su posición, y es éste último el que soportará la posible caída. Esta maniobra se utiliza cuando tenemos que hacer un cambio de dirección, y el tirón de una caída solicitaría el último seguro a una tracción hacia el exterior: un sólo fisurero no aguantaría ese tirón hacia afuera. Los empotradores en oposición se pueden colocar en fisuras verticales, horizontales o diagonales, de la siguiente forma: buscaremos un emplazamiento ‘normal’ para un empotrador, y otro emplazamiento invertido (es decir, el cable del fisurero invertido apuntará en dirección al otro empotrador), con un mosquetón a cada pieza, y un anillo de cinta con un ballestrinque a cada mosquetón. El ballestrinque permite regular la tensión de la cinta entre los empotradores para que el inferior sujete al superior en su posición. Aquí sería mucho más rápido y sencillo poner un friend, si tenemos uno de la talla adecuada, pero en fisuras muy estrechas donde no entra otra cosa, no quedará más remedio que usar esta maniobra.
Fisureros en oposición, el fisurero de abajo sujeta
al de arriba en su posición
-Excéntricos. Básicamente, la colocación de un excéntrico sigue las mismas reglas que acabamos de ver, porque el ángulo que forman sus caras opuestas es similar al de los fisureros­­­. También se puede colocar de lado, siempre buscando el máximo contacto entre la roca y el excéntrico. Si la fisura es casi paralela, funcionará por rotación de la cara convexa contra la roca (o las dos caras opuestas a la más larga, en excéntricos de caras rectas). En fisuras perfectamente paralelas no servirán, y tendremos que poner un friend o una pata de cabra.
-Patas de cabra. Los tricams o patas de cabra tienen dos posibilidades de colocación, una en la que funcionan como un fisurero en estrechamientos, y otra que aprovecha su diseño para poder proteger fisuras paralelas. Además, trabajan en agujeros y en fisuras horizontales como ningún otro seguro. En su posición de empotrador pasivo hay que tener las mismas precauciones que con los fisureros, poniendo la cinta en prolongación del empotrador, buscar un estrechamiento que se adapte a la forma y tamaño del tricam y tratar de conseguir la máxima superficie de contacto. En fisuras paralelas se apoya el pico sobre el que rotará el empotrador en una de las paredes de la fisura (a ser posible en un agujero o rugosidad), y los raíles en el lado opuesto. La cinta debe colocarse entre los raíles de la pieza, con el eje de rotación de la cinta en la parte superior del dispositivo, y le daremos un buen tirón para que pueda producirse el efecto de leva en la fisura. Esto nos  da un rango de trabajo de cada tricam individual mayor que en un fisurero de tamaño equivalente, y es más ligero que un friend de tamaño equivalente. En zonas con muchas fisuras horizontales (como la Roca dels Arcs, en Vilanova de Meià), las patas de cabra son muy útiles: será una cinta y no un cable (más rígido) lo que apoye en el borde de la fisura; el pico se debe colocar hacia abajo, para que la cinta quede por la parte superior y apoye menos en el borde de la fisura. En rocas muy blandas, como la arenisca, el pico se clavará literalmente en la fisura, aumentando la seguridad del emplazamiento.
Aunque lo mejor en todo caso es recibir un curso de escalada con un técnico o un guía competente, no nos vendrá nada mal practicar todo esto en bloques a la altura del suelo; y donde veremos realmente cómo se hace será escalando en artificial una fisura limpia de 6b ó 6c, a ser posible vertical. Así comprobaremos de primera mano cómo trabajan los empotradores bajo buestro peso sobre el terreno. Pero cuidado, el método de ensayo-error no es lo más adecuado para utilizar en montaña...
Probando el material en un bloque en el suelo
Para saber más:
-Anclajes de escalada. John Long. Ed. Desnivel
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel
-Alpinismo extremo. Mark Twight. Ed. Desnivel

lunes, 4 de abril de 2011

LA PREPOTENCIA DE ALGUNOS

Todos conocemos algún escalador prepotente (yo conozco varios, pero no daré nombres para no herir sensibilidades...); de ésos que van por la vida con aires de superioridad y autosuficiencia, criticando y censurando a los que no son como ellos. El típico escalador clásico que va mirando por encima del hombro a los "deportivillos de mierda", o el típico escalador deportivo que hace mucho grado, y que también va mirando por encima del hombro a todos los demás: a los principiantes en vías fáciles, a los no principiantes en vías no tan fáciles (pero siempre más fáciles que las que hace él), e incluso a los no escaladores (¡por no escalar!).
Estos escaladores, prepotentes y maleducados, piensan que son mejores que los demás porque hacen lo que hacen, y eso les diferencia del resto de los mortales. Bueno, ¿es una persona mejor que otra por hacer 7c u 8b? Es decir, ¿yo valgo menos como persona, porque sólo hago IV y V (ó 6b), que otro escalador que escala 7º u 8º grado? Nadie en su sano juicio pensaría esto, aunque realmente es lo que dan a entender estos escaladores prepotentes.
Como siempre, todo se reduce a lo mismo: la falta de respeto, la intolerancia y la mala educación de la gente. Somos personas, y deberíamos comportarnos como tales; la escalada es una actividad apasionante en todas sus variedades, pero no nos hace mejores personas. Y lo único que conseguimos con estos comportamientos intolerantes es ser gente rastrera y miserable, no mejores personas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

EN LA SUR DEL TORREÓN

Cara oeste del Torreón desde el refugio
Galayos, 9 de la mañana de un domingo cualquiera en verano, hace ya unos cuantos años. Despierto a Víctor y empezamos a prepararnos. Queremos hacer la Sur Clásica al Torreón de los Galayos (170 m, D Sup). Como siempre que venimos a Galayos, vamos yosemíticos, con dos juegos de fisureros, otro de friends con tallas medias repetidas, unas patas de cabra y unos excéntricos (todo entra...), muchas cintas largas, y un estribo por lo que pueda pasar... Por suerte, hace sol, y vamos bastante ligeros de ropa. Calculamos unas tres horas para la vía (muy tranquilamente...), y una hora y media más para aproximar y el rápel. A ver qué pasa.
Para empezar, bajamos desde el refugio, rodeando la Punta Mª Luisa hasta la canal de la Aguja Negra, donde empezamos a trepar con la roca mojada hasta un resalte donde nos pusimos ya los pies de gato. Trepando con mucho cuidado llegamos hasta la base del Torreón, pero tuvimos que esperar un buen rato porque había dos cordadas por delante. Habíamos decidido empalmar largos y alternar en cabeza de cuerda a mitad de la vía. Empezó Víctor con los dos primeros largos que superan el zócalo, pero tuvo que montar una reunión intermedia porque había gente por delante.
Víctor en el tercer largo
Llegando a la reunión
En la segunda reunión habíamos previsto nuestro relevo; para empezar me toca el tercer largo, con una bavaresa protegida con clavos de hace treinta años, hasta una repisa donde estaban los colegas de la otra cordada, y tampoco pude empalmar los largos; recuperé a Víctor antes de continuar la escalada.
"¡¡Haz la foto de una vez!!"
Aquí comienza el diedro característico de la Sur del Torreón, que también me tocaba a mí. Empecé a escalar, cacharreando por el fondo del diedro, superando pequeñas repisas con algunos pasos atléticos hasta llegar a otra repisita a unos 12 ó 15 metros de la cima. Ya había sacado el estribo en un paso vertical, y aquí lo volví a sacar. Miré hacia abajo, a la repisa donde me aseguraba Víctor y más abajo aún; allá se veía todo el abismo hasta el fondo de la Canal de la Aguja Negra. Con un escalofrío me protegí por la izquierda, metí un fisurero a la derecha, en el fondo del diedro, y pasé el estribo. Probé el fisurero, me colgué de él, y echándole huevos, pero no los suficientes, me subí al estribo. Pero justo en el paso para salirme del estribo, algo ocurre: la cuerda no corre. Pidiéndole cuerda a Víctor y tirando de ella, intenté salir en libre, pero no pude y acabé reventando, así que me bajé a la repisita con la moral por debajo de Víctor.
Primer intento del paso de marras en artificial
-No puedo, tío... -. Y Víctor que tampoco lo ve claro, pero me anima a intentarlo: en artificial por la izquierda, en artificial por la derecha, en bavaresa por la fisura de la derecha... Pero mi moral ha seguido rodando canal abajo, y lo único que puedo hacer es montar reunión, con la esperanza de que Víctor lo saque. Monto, sube y lo estudia. Son las 18:30, ya no da el sol en la pared y empiezan a formarse algunas nubes; yo estoy temblando, llevo un buen rato parado en la repisa y me he enfriado. Además, desde el desayuno no hemos comido y no traemos nada de comer, ni una triste barrita energética. Hay que salir por arriba, aunque sea en artificial, porque rapelar la vía puede suponernos una odisea... De hecho, al llegar a la repisita Víctor no lo ve claro, y sigue animándome, diciendo que mi cabeza está mejor que la suya (estuvo a punto de matarse en un rápel algunos años antes), y que yo ya he pedaleado sobre cacharros. Entonces, me da dos opciones: llamar al helicóptero (¡Pero Víctor...!), o bien que YO le echo huevos y saco el paso... Después de quince minutos mirando, remirando y pasando frío, le echo huevos: A1 sobre el curvo del 3 y el hombro de Víctor. Un poco más arriba, al salirme del estribo pegué un mal tirón y saqué el empotrador de su emplazamiento, con los nervios y la tensión que ello conlleva (en caso de caída, factor 2 o casi...). Otro poco más arriba y... ¡¡Sí, estoy empotrado!! ¡El paso salió y la vía está hecha! Llego a una pequeña brecha, me salgo ligeramente a la cara oeste para dar un paso por una fisurilla con los pies en placa, y llego a una reunión de espits con chapas verdes después de unos metros de trepada de III. Me anclo, y... ¡¡VÍCTOR!! ¡¡REUNIÓÓÓÓN!!
Víctor a punto de llegar a la cima
Al rato llega Víctor, radiante de felicidad, y sin más dilación sale a cima. Una zancada sobre un patio impresionante y se monta a horcajadas sobre la cima, se ancla y es mi turno. Remonto fácilmente hasta la zancada donde Víctor había dudado un poco, y miro hacia abajo. “Al loro, qué patio...”, pensé, di la zancada y me subí también a horcajadas sobre la diminuta cima del Torreón de los Galayos. Nos hicimos las fotos de cima, y preparamos las cuerdas para el descenso: un impresionante rápel de casi 60 metros por la cara norte hasta el suelo, otro de 8 ó 10 metros, y destrepe hasta el refugio a la carrera. Una vez allí, abrazo final de cumbre después de 8 horas de escalada, comimos algo y nos relajamos al fin. Tranquilamente recogimos el material, y en una hora de bajada estábamos en el coche.
¡¡Al fin en la cima!!

lunes, 24 de enero de 2011

EMPOTRADORES PASIVOS

Protofisurero
Durante toda la historia del alpinismo, la protección más habitual en roca han sido los clavos; también se utilizaban otros ‘apaños’: piedras, tacos de madera, nudos empotrados, tuercas y otro tipo de inventos con piezas metálicas. A principios de los 70 del siglo XX, se empezaron a fabricar los primeros empotradores pasivos (fisureros y excéntricos), y algunos años más tarde aparecieron los primeros friends rígidos. Desde entonces, han sustituido casi totalmente a los clavos para la protección normal en terreno de aventura por varias razones: los fisureros y friends son más fáciles y rápidos de colocar, sólo con una mano, y no deterioran la roca como los clavos (Al pitonar y despitonar, el clavo va agrandando la fisura; si la vía se repite mucho, en poco tiempo las fisuras estarán reventadas). Así, se ha desarrollado la escalada ‘limpia’ (sin usar maza, clavos ni chapas), el tipo de escalada más respetuosa con la roca.
Hay varios tipos de empotradores pasivos: fisureros, microfisureros, excéntricos y tricams o patas de cabra. Los fisureros son los más simples y los de uso más sencillo. Consisten en una pieza metálica en forma de cuña (normalmente de aluminio o acero, pero también pueden ser de bronce, cobre o latón), que se encaja o empotra (de ahí su nombre) en las fisuras de la roca (de ahí su otro nombre). Esta pieza está unida a un cable de acero o anillo de cinta o cordino que sirve para mosquetonearlo a la cuerda. El cable transmite más movimientos de la cuerda al empotrador (habrá que poner una cinta exprés larga), pero al ser rígido podemos colocarlo algo más lejos; con cordino o cinta, no hace falta poner una exprés tan larga, pero al ser flexible no alcanzaremos tanto.
Empotradores de cable, cinta y cordino
La cuña puede ser de caras rectas (tipo bicoin) o curvas (tipo stopper). Los de tipo bicoin apenas se fabrican ya, excepto para microfisureros, porque las caras curvas proporcionan más estabilidad y más superficie de contacto entre la roca y el empotrador. Además, pueden ser cóncavos o convexos, o tener tallados, agujeros o rebajes para adaptarse a fisuras irregulares. Actualmente, lo normal es que a las cabezas de aluminio se les aplique el anodizado, un tratamiento anticorrosión que también nos da el código de color para diferenciar los tamaños, aunque se va perdiendo con el uso y el roce contra la roca. Existen fisureros asimétricos (offset), que se estrechan hacia abajo (como todos los fisureros) y hacia un lateral. Esto hace que funcionen mejor que los fisureros convencionales en fisuras abiertas hacia afuera y en agujeros de clavos.
Empotradores asimétricos u offset
El uso de los empotradores es muy intuitivo, se trata de encajar la pieza por sus caras más anchas en una fisura que se estreche (no sirven en fisuras paralelas), intentando que la forma y el tamaño de la fisura y del empotrador coincidan, y que el fisurero sea ligeramente más grande que la fisura (para que realmente se empotre) y lo colocaremos de tal forma que el tirón que reciba en una caída lo asiente más en la fisura. Para esto, el cable debe apuntar en la dirección del posible tirón. Además, si la fisura se estrecha hacia abajo formando un cuello de botella (en forma de V), el emplazamiento será óptimo. Si en lugar de colocar las caras más anchas en contacto con la roca, lo ponemos de lado, la pieza perderá estabilidad (En breve hablaré de la colocación de empotradores).
Un juego de 10 piezas ofrece un rango de tamaños entre 8 y 35 mm. Para fisuras paralelas o más anchas de 3 cm, hay que usar otros tipos de anclajes. Para fisuras más estrechas, o metemos un clavo, o si no queremos romper la fisura tendremos que poner un microfisurero. Éstos dan un rango de tamaños entre 2 y 8 ó 9 mm, son piezas realmente MUY pequeñas. Los encontraremos fabricados en aluminio o acero (adecuados para rocas duras), o en bronce o latón para adaptarse a la forma de la roca, y son más adecuados para rocas blandas. Al ser piezas tan pequeñas, no tienen una resistencia muy elevada, y cuando fallan, suele romperse el cable o la roca alrededor del emplazamiento. Deben usarse sólo como último recurso cuando no podamos meter algo más fiable, o para progresar en artificial; si los usamos en escalada libre, deberíamos añadirles una cinta disipadora de impacto (tiene unas costuras que se rompen en caso de caída, disipando parte de la energía, para que los seguros precarios no sean arrancados de la pared).
Fisurero #2 y micros de latón y acero
Aunque todos los fisureros funcionan bien en cualquier tipo de roca, deberíamos tener en cuenta dónde escalamos habitualmente: las fisuras del granito o la arenisca suelen ser rectilíneas, con las caras lisas y bastante regulares. Aquí nos irá bien un juego de fisureros curvos sin tallados ni agujeros (como los Rocks de Wild Country o los Stoppers de Black Diamond). Las fisuras de la caliza suelen ser más irregulares, con bordes que se retuercen. Aquí, los fisureros que funcionan mejor son los curvos con algún tipo de tallado, acanaladura o rebaje (como los Wallnuts de DMM), para aprovechar mejor las irregularidades de la roca. Éstos son más polivalentes, ya que funcionan igual que los curvos sin rebajes en fisuras rectilíneas, pero son algo más caros.
Los excéntricos cubren un rango de fisuras más grande que los fisureros, entre 3 y 9 ó 10 cm, y por su forma tienen 3 posibilidades de colocación, además de un efecto de rotación contra la roca en caso de caída. De todas formas, tampoco sirven para proteger fisuras paralelas. Al ser más grandes que los fisureros, suelen llevar anillos de cinta o cordino en lugar de cable de acero, y como los fisureros, están fabricados en aluminio, en algunos modelos anodizado, o en acero. Actualmente se utilizan muy poco, con los dispositivos mecánicos de levas (friends) existentes, pero son más ligeros, así que pueden ser interesantes si necesitamos llevar mucho material a la pared.
Por último, los tricams o patas de cabra son piezas de aluminio con dos raíles curvos paralelos en un lado, por donde pasa una cinta cosida, y un pico en el lado opuesto que se apoya en la roca, pueden funcionar como empotradores pasivos en una posición, y utilizar el efecto de leva de los raíles paralelos en la otra posición. Para mucha gente, no son más que cacharros inútiles o artilugios arcaicos, pero tienen sus usos específicos (y sus usuarios habituales. Yo mismo empecé con ellos, y aún los utilizo). Funcionan igual de bien que un fisurero en un cuello de botella, y tan bien como un friend en una fisura paralela o incluso abierta hacia abajo, y sobre todo son insuperables en agujeros de caliza y en fisuras horizontales, donde habría que poner dos fisureros en oposición, o un friend de cable con mucha precaución. Además, no caminan hacia el interior de la fisura como los friends. Cada una de las piezas da un rango igual que el de un friend de tamaño equivalente, pero mucho más ligero, barato y sencillo. El inconveniente es que si hay que cambiar las cintas, tendremos que enviárselos al fabricante.
Tricams o patas de cabra
Imprescindible si usamos empotradores pasivos, es el sacafisureros. Hay gente que lleva varillas de alambre o destornilladores, pero con un sacafisureros no nos desesperaremos al sacar una pieza ‘recalcitrante’. Algunos llevan una llave de métrica 8 ó 10 para apretar chapas sospechosas, otros llevan un pequeño mosquetón de alambre en el cuerpo del sacafisureros, otros tienen dos pequeñas patillas paralelas para sacar friends que no alcancemos con los dedos, y hay un modelo de Trango USA que lleva una pequeña navaja incorporada en el cuerpo, para cortar cintas y cordinos viejos.

Sacafisureros
Para saber más:
-Material para roca y hielo. Clyde Soles. Ed. Desnivel
-Anclajes de escalada. John Long. Ed. Desnivel

miércoles, 19 de enero de 2011

LAS VÍAS DE PRODUCCIÓN ENERGÉTICA

El ser humano, como todos los animales, necesita energía para realizar cualquier movimiento. Esta energía se obtiene a través de los substratos en que se descomponen los alimentos que ingerimos, mediante unos mecanismos fisiológicos, que son las llamadas vías energéticas o vías de producción de energía. Existen varios tipos de vías energéticas, según la intensidad y duración del esfuerzo: anaeróbica aláctica, anaeróbica láctica y aeróbica.
El búlder solicita la vía anaeróbica aláctica
Normalmente, el máximo rendimiento energético se da en condiciones de oxidación aeróbica, con lo cual el músculo tiende a consumir tanto oxígeno como le sea posible. Esto ocurre con intensidades moderadas de esfuerzo; si la intensidad del esfuerzo aumenta, el músculo empezará a obtener la energía anaeróbicamente. La vía anaeróbica no se puede mantener durante mucho tiempo, porque produce sustancias de desecho que provocan la incapacidad de contracción, obligando a parar la actividad física. Pero no todo es tan sencillo...
-Vía anaeróbica aláctica. Con esta vía energética se utiliza la energía almacenada en el músculo en forma de compuestos de fósforo (adenosintrifosfato [ATP] y fosfocreatina [PC]), sin producir sustancias de desecho. El ATP presente en las células musculares se utiliza en los primeros segundos del esfuerzo, y permite esfuerzos muy intensos (95-100%), pero muy breves (no más de 5 ó 6 segundos). Agotado el ATP muscular, se utiliza la PC también almacenada en el músculo, que permite prolongar la duración del esfuerzo hasta unos 20’’, con una intensidad del 90-95%. Esta vía energética se utiliza en boulder, y en vías explosivas muy cortas.
Escaladas cortas y explosivas solicitarán la vía anaeróbica láctica
-Vía anaeróbica láctica. Una vez agotadas las reservas musculares de ATP y PC, la energía se obtiene a partir de la glucosa y el glucógeno almacenados en el músculo sin necesidad de oxígeno, produciendo sustancias de desecho (ácido pirúvico y ácido láctico). Por cada molécula de glucosa salen dos de ácido pirúvico; si hay suficiente oxígeno, el ácido pirúvico puede formar cantidades ingentes de ATP. Si no hay oxígeno suficiente, el ácido pirúvico se transforma en ácido láctico, que se va acumulando hasta que obliga a parar el ejercicio. Esta vía permite realizar esfuerzos intensos (del 80-90%), y mantenerlos hasta 3 ó 4 minutos. La producción de ácido láctico es el factor limitante en esta vía metabólica; si la intensidad del esfuerzo se mantiene elevada durante demasiado tiempo, la acumulación de lactato impedirá la contracción muscular, obligando a parar la actividad. Esta vía se utiliza sobre todo en vías de continuidad.
-Vía aeróbica. Cuando la glucosa y el glucógeno musculares se agotan en un esfuerzo prolongado, se recurre al glucógeno almacenado en el hígado para continuar la actividad. Este glucógeno hepático necesita oxígeno para metabolizarse y proporcionar energía. Esta vía permite realizar esfuerzos de intensidad moderada (60-80%), hasta unos 30 ó 40 minutos; a partir de entonces, agotado el glucógeno hepático, se utilizan las grasas almacenadas para prolongar la actividad. De esta manera, se pueden mantener esfuerzos de intensidad media-baja (45-60%) durante horas, dependiendo de la cantidad de depósitos grasos de cada individuo. Esta vía de producción energética se utiliza en actividades de larga duración: vías muy largas, alpinismo, carreras de montaña, esquí de travesía...

Las vías clásicas largas de dificultad moderada solicitan la resistencia aeróbica específica de los músculos de los antebrazos
-Potencia y resistencia. En cada una de las vías energéticas se diferencia entre potencia y resistencia (o capacidad). La potencia es la intensidad máxima a la que puede trabajar el músculo en una determinada vía por unidad de tiempo, o dicho de otra manera, la utilización máxima de una vía (hasta su agotamiento) en el menor tiempo posible. La resistencia es la capacidad de mantener un nivel de intensidad determinado durante el mayor tiempo posible. Así, los esfuerzos más intensos y breves en una vía energética serán de potencia (potencia anaeróbica aláctica, anaeróbica láctica y aeróbica), y los de mayor duración serán de resistencia (resistencia anaeróbica aláctica, anaeróbica láctica y aeróbica). 
Largas aproximaciones con pesadas mochilas solicitarán las vías aeróbicas
Los diferentes procesos aeróbicos y anaeróbicos se producen simultáneamente, y manteniendo una relación durante el esfuerzo, dependiendo de su intensidad y duración. En reposo, el músculo recibe a través de la sangre glucosa y ácidos grasos en cantidad suficiente para su actividad metabólica, tono muscular, mantenimiento de la postura, cambios de posición..., y deja las reservas de glucógeno muscular para el ejercicio. Durante el ejercicio, el músculo aumenta su actividad y necesita ATP. Esta necesidad depende de la intensidad y duración del ejercicio: con intensidades ligeras, la circulación y la respiración se ajustan para aportar más oxígeno y cubrir los procesos aeróbicos. A medida que aumenta la intensidad, los procesos anaeróbicos van teniendo más importancia, ya que proporcionan la energía que no se obtiene aeróbicamente. Con altas intensidades, el oxígeno no es suficiente para suministrar energía aeróbica, y ésta se obtiene por vía anaeróbica, comenzando la acumulación de lactato. Cuanto más intenso sea el ejercicio, menos tiempo se podrá mantener esa intensidad debido a la acumulación de ácido láctico.

El alpinismo solicita las vías aeróbicas y la resistencia anaeróbica
Para saber más:

-Entrenamiento para deportes de montaña. J. Canals, M. Hernández, J. Soulié. Ed. Desnivel.
-Bases para el entrenamiento de la escalada. C. Albesa, P. Lloveras. Ed. Desnivel.
-Fisiología del esfuerzo. J. R. Barbany i Cairó. INEF.







lunes, 25 de octubre de 2010

LA FLEXIBILIDAD

La flexibilidad se define como la amplitud de movimiento, o el movimiento que presenta una articulación determinada o un grupo de articulaciones en un esfuerzo momentáneo, sin ayuda o con la ayuda de un compañero u objeto. La flexibilidad en una articulación es específica de esa articulación, y no se corresponde necesariamente con el resto de articulaciones; por ejemplo, una persona puede tener una flexibilidad impresionante a nivel de los hombros, y una flexibilidad nula en las caderas. En un deporte como la escalada, es muy importante poseer una buena amplitud de movimientos en todas las articulaciones, pero sobre todo en hombros y caderas. En alpinismo nunca se le ha dado mucha importancia, pues llevaremos mochila y más material que cuando hagamos roca pura, y la ropa es más abultada; esto nos limitará el rango normal de movimiento, así que, con mayor motivo, los alpinistas deberían trabajar la flexibilidad más a menudo.
Un músculo tenso limita la amplitud de movimiento normal de las articulaciones por las que pasa, y esta limitación influye negativamente en el rendimiento, además de aumentar el riesgo de lesión. Con la edad, los músculos y articulaciones se vuelven más rígidos y tensos, y se va perdiendo flexibilidad. Si entrenamos la flexibilidad regularmente, limitaremos esta disminución (es parte del proceso de envejecimiento, algo inevitable e irreversible). Además de la edad, otros factores influyen en la flexibilidad: sexo (las mujeres son más flexibles), la temperatura ambiental (con frío, los músculos están más tensos), la temperatura corporal (un músculo caliente es más flexible), la ropa muy ajustada o muchas capas superpuestas también limitarán la flexibilidad, y la estructura de ciertas articulaciones limita ciertos movimientos (por ejemplo, la forma de los huesos del codo impide su extensión más allá de 180º).
Con un programa de entrenamiento de la flexibilidad, obtendremos una serie de beneficios: aumentaremos la longitud de los músculos, aumentando así la potencia que podremos desarrollar en un movimiento, limitaremos el riesgo de lesión durante la práctica deportiva, y aumentaremos el umbral del reflejo miotático o de estiramiento. Este reflejo es un mecanismo de defensa del músculo; ante movimientos bruscos o que superen nuestro rango normal de movimiento, el músculo se contrae para evitar la lesión por sobreestiramiento. Al estirar regularmente, también obtendremos otros beneficios: mejora postural, mejora de la coordinación, relajación y alivio del estrés.
Hay varios tipos de estiramientos: estáticos y dinámicos. Estático pasivo, estático activo, FNP (Facilitación Neuromuscular Propioceptiva, uno de los mejores métodos de trabajo de la flexibilidad), estiramiento aislado activo... Hay varias técnicas, y aunque no entraré en detalle, el método más adecuado para los principiantes en materia de estiramientos es el estiramiento estático progresivo, en el que partiendo de una posición determinada, estiraremos progresivamente el músculo que queramos trabajar, hasta alcanzar el punto máximo de tensión (NO DEBE DOLER), donde mantendremos la posición entre 30'' y 45''. Para alcanzar un poco más en nuestros estiramientos, también podemos utilizar estiramientos pasivos, en los que un compañero, siempre progresivamente y sin tirones ni movimientos bruscos, aplicará más fuerza para conseguir más amplitud articular. Modificando ligeramente los ángulos articulares, podemos estirar todas las fibras del músculo.
¿Cuándo estirar? Los estiramientos se pueden realizar antes, después de la sesión de entrenamiento, o como objetivo en sí mismo en una sesión de flexibilidad. Antes de la sesión, como parte del calentamiento, los estiramientos deben hacerse al final del calentamiento, cuando los músculos ya están algo calientes, y no deben durar más de 15''; si duran más, las fibras musculares se relajan en exceso. Después de entrenar, como parte de la vuelta a la calma, deben mantenerse durante más tiempo para relajar las fibras musculares y vaciarlas de los productos de desecho generados en el esfuerzo (ácido láctico), además de evitar el estancamiento sanguíneo y mejorar el aporte de oxígeno y nutrientes al músculo. Los estiramientos en una sesión de flexibilidad deben mantenerse en el punto de máxima tensión (de nuevo, NO DEBE DOLER) durante más tiempo (más de un minuto), y deben realizarse de 2 a 4 series de cada ejercicio.

ESTIRAMIENTOS PARA ESCALADORES


Estiramiento para isquiotibiales

Estiramiento de isquiotibiales y aductores
Este ejercicio trabaja los músculos traseros del muslo (isquiotibiales), acercando el tronco a las piernas con la espalda recta. Hay otras formas de estirar estos músculos, pero la más segura para la espalda es ésta. Podemos realizarlo abriendo las piernas, para implicar a los aductores en el estiramiento.

Estiramiento de cuádriceps
PELIGRO!!

Con el ejercicio de la izquierda, trabajamos los flexores de la cadera (psoas, ilíaco) empujando la cadera hacia adelante y los extensores de la rodilla (cuádriceps), traccionando del pie hacia el glúteo. La rodilla de la pierna adelantada no debe sobrepasar la vertical del tobillo. A evitar el de la derecha, porque fuerza las rodillas en exceso, y podemos lesionarnos.

Estiramiento de aductores




Aquí empujaremos los muslos hasta el suelo, evitando empujar directamente sobre las rodillas (riesgo de lesión en la rodilla), para estirar los aductores (mayor, menor, grácil). Las plantas de los pies deben estar juntas. Se puede realizar tendido, y con diferentes ángulos de apertura de las piernas para localizar el estiramiento en todo el grupo de los aductores.
Estiramiento de glúteos
En este ejercicio, cruzamos una pierna sobre la otra extendida, apoyando la planta del pie en el suelo, y nos ayudamos del brazo contrario para torsionar el tronco. Así estiramos el glúteo (mayor, menor) de la pierna cruzada.


Estiramiento de aductores

Este ejercicio es más específico de la escalada para trabajar los aductores. Se hace mejor en una pared con presas donde podamos mantener las caderas y el muslo paralelos a la pared mientras apoyamos el pie en una presa alta.
Estiramiento de hombros










Con este estiramiento trabajaremos la porciones frontal y lateral del deltoides. Las manos deben estar lo más juntas posible, y el tronco debe estar paralelo a la pared (o valla, o donde estemos apoyados), con la espalda lo más recta posible.

Estiramiento del hombro









 Aquí estiramos los músculos posteriores del hombro y la parte superior de la espalda (tercio superior externo del trapecio). El brazo del lado que estira debe estar extendido.









Estiramiento de tríceps y rotadores


Con este ejercicio estiramos el tríceps del brazo de arriba, y los músculos del manguito de los rotadores (supraespinoso, infraespinoso, redondos mayor y menor) del brazo de abajo.


Estiramiento de flexores
 Así estiramos los músculos flexores de la muñeca y los dedos, el grupo muscular más utilizado en la escalada. Este ejercicio debería formar parte tanto de nuestro calentamiento como de la vuelta a la calma.










Estiramiento de extensores
En este ejercicio, estiraremos los extensores de la muñeca y de los dedos. También debería formar parte del calentamiento y de la vuelta a la calma.










Hay literalmente miles de ejercicios de flexibilidad; buscando un poco, podremos diseñar un programa de estiramientos que se adapte a nuestras necesidades como escaladores o alpinistas, a nuestro nivel de flexibilidad, o simplemente para relajarnos después de un duro día de actividad.

 Para saber más:
-La guía completa de los estiramientos. Christopher M. Norris. Ed. Paidotribo.
-Anatomía y estimientos. Brad Walker. Ed. Paidotribo.
-Bases para el entrenamiento de la escalada. C. Albesa y P. Lloveras. Ed. Desnivel.
-Entrenamiento para escalada. E. Hörst. Ed. Desnivel.